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¿Sabías que el Gran Odeón estuvo a punto de ser demolido y fue salvado por vecinos que hipotecaron sus casas?

¿Sabías que el Gran Odeón estuvo a punto de ser demolido y fue salvado por vecinos que hipotecaron sus casas?

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Más de un siglo de historia entra en este edificio que todos los concordienses conocen. Pero detrás de sus puertas hay mucho más que obras de teatro: un inmigrante español que decidió construir una sala monumental, un cine que revolucionó la ciudad, remodelaciones que cambiaron por completo su aspecto, un cierre que casi termina en demolición y un grupo de vecinos que hizo lo impensado para evitar que desapareciera. Estas son algunas de las curiosidades que marcaron la historia del Gran Odeón.

El teatro que ya no existe: tenía cafetería, tres pisos de palcos y era muy distinto al de hoy

Si alguien pudiera viajar al año 1913 y entrar al Odeón por primera vez, probablemente no reconocería casi nada. El edificio que conocemos hoy poco tiene que ver con el original. Su creador fue Casiano Garate, un inmigrante español nacido en un pequeño pueblo de Navarra que llegó a Concordia como gerente de una empresa comercial. Sin embargo, su verdadera pasión no estaba en los negocios: era el teatro. Y decidió hacer realidad un sueño que parecía enorme para la ciudad de aquella época. Así nació el Teatro Odeón, inaugurado el 13 de septiembre de 1913.

La sala seguía el clásico estilo italiano: era completamente redonda, tenía tres niveles de palcos, alrededor de 300 butacas más que las actuales e incluso contaba con una cafetería y un bar dentro del hall de ingreso para que el público pudiera reunirse antes y después de cada función.

La inauguración fue todo un acontecimiento social. Y el éxito fue tan grande que apenas 22 días después comenzó a funcionar el cinematógrafo en las noches donde no había teatro. En otras palabras, el Odeón ya combinaba teatro y cine cuando el cine todavía era una verdadera novedad. Durante sus primeros años pasaron compañías muy importantes y artistas reconocidos de la época. Incluso llegaron figuras como Lola Membrives, Camila Quiroga, Paulina Singerman, Pepe Ramírez, Osvaldo Miranda y, más adelante, también Luis Sandrini.

El edificio cambió tanto que prácticamente nació dos veces… y casi desaparece para siempre

Lo curioso es que el Gran Odeón que hoy conocemos no es el mismo que abrió sus puertas en 1913. Las dificultades económicas hicieron muy costoso mantener una sala de semejante tamaño y, con el paso de las décadas, el edificio fue sufriendo modificaciones. La transformación más grande llegó en 1947.

Una importante empresa distribuidora que remodeló varios teatros del interior del país prácticamente rehízo el edificio por dentro. Desaparecieron los tradicionales palcos y nació el formato actual: una gran platea y el clásico Pullman, inspirado en salas como el Teatro Gran Rex de Buenos Aires.

Hay un detalle que pocos conocen: quienes recorrieron esos otros teatros aseguran que todavía hoy pueden encontrarse los mismos dibujos en los mármoles, boleterías y terminaciones, como si hubieran salido exactamente del mismo plano.

Pero la historia todavía guardaba un giro mucho más dramático. A fines de los años 80 el Odeón cerró sus puertas. Mantener un teatro privado ya no era rentable y el edificio quedó prácticamente condenado. La idea era demolerlo. En su lugar se proyectaba construir un supermercado con una playa de estacionamiento. El destino cambió cuando fue declarado patrimonio arquitectónico y cultural, impidiendo que pudiera demolerse para otro uso.

Los vecinos que hipotecaron sus casas para salvar el teatro

Declararlo patrimonio evitó la demolición, pero no resolvía el problema principal: alguien tenía que comprar el edificio y restaurarlo. Y ahí ocurrió una de las historias más increíbles del Gran Odeón. En 1997, un grupo de vecinos creó la Fundación Odeón y decidió hacerse cargo del desafío.

Para conseguir el dinero no alcanzaban las buenas intenciones. Varios integrantes llegaron incluso a hipotecar sus propias viviendas para obtener un crédito que permitiera comprar el edificio. Después comenzaron a conseguir subsidios nacionales, provinciales y aportes privados para devolverle la vida al teatro.

La restauración respetó gran parte del edificio, aunque también introdujo cambios importantes. El escenario fue ampliado, los camarines pasaron a ubicarse debajo del escenario —una característica poco común en otros teatros— y se modernizaron los espacios técnicos.

Finalmente, el 9 de julio de 1998, el telón volvió a abrirse durante la tradicional Gala de la Municipalidad. Dos años después regresó también el cine, que convivió con las funciones teatrales durante más de dos décadas. Desde entonces, por ese escenario pasaron Julio Bocca, Leonora Casano, Iñaki Urlezaga, Los Chalchaleros, Los Nocheros, Gabriel Rolón, Destino San Javier y decenas de producciones nacionales.

 

Hoy el Gran Odeón sigue siendo uno de los principales escenarios culturales de Concordia. Durante más de dos décadas, el teatro también compartió su programación con funciones de cine, una tradición que acompañó a generaciones de concordienses. Sin embargo, esa etapa llegó a su fin hace poco tiempo y hoy el Gran Odeón volvió a sus raíces: actualmente funciona exclusivamente como sala teatral, manteniendo vivo el espíritu con el que nació hace más de 110 años.

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