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¿Sabías que todas las calles del Parque San Carlos llevan nombres de deportistas que marcaron la historia de Concordia?

¿Sabías que todas las calles del Parque San Carlos llevan nombres de deportistas que marcaron la historia de Concordia?

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Lo que hoy muchos recorren para caminar, andar en bici o simplemente mirar el río, guarda mucho más que paisajes y ruinas históricas. Desde la década del ‘90, el entonces Parque Rivadavia, hoy Parque San Carlos, se convirtió en un enorme homenaje al deporte concordiense. Cada avenida, sendero o peatonal fue pensado para recordar a figuras que dejaron huella en distintas disciplinas y que, de una forma u otra, pasaron a formar parte de la identidad de la ciudad.

La iniciativa plasmada en un proyecto de ordenanza en 1990, establecía que las arterias del parque llevaran nombres de deportistas “nativos o por opción”, acompañados por carteles con fechas y una breve reseña de sus disciplinas. Años después, en 1999, otra ordenanza recuperó oficialmente el nombre histórico de “Parque San Carlos”, dejando atrás la denominación de Parque Rivadavia y devolviéndole al predio una identidad directamente vinculada al castillo y a las tierras que rodeaban el antiguo Palacio San Carlos.

Un parque donde cada calle cuenta una historia

La idea fue tan simbólica como original: convertir el parque en una especie de mapa deportivo de Concordia. Así aparecieron avenidas y senderos dedicados al automovilismo, fútbol, turf, atletismo, natación, remo, motociclismo, boxeo, tenis, golf, bochas, ajedrez, karate, ciclismo y muchas otras disciplinas.

La avenida principal fue nombrada como “Avenida del Deporte”, mientras que otras comenzaron a rendir homenaje a figuras históricas como Luis César Castelli en el automovilismo, Luis Arrieta en el fútbol, Agustín Franzoy en el ciclismo, Bernardo Rovira en la natación, Ramón Hagen en el tiro o Juan Alabedra en el remo. 

Cuando San Carlos también fue un autódromo

El Parque San Carlos tuvo uno de los usos más inesperados de su historia: fue escenario de carreras automovilísticas. Las competencias se corrían sobre caminos de ripio, con pendientes pronunciadas y curvas peligrosas. El circuito “San Carlos”, emplazado sobre el anillado del entonces Parque Rivadavia, llegó a recibir al Turismo Carretera, la categoría más emblemática del automovilismo argentino.

El 19 de agosto de 1962 se disputó allí la carrera Nº278 del historial del TC. El circuito tenía 2.420 metros y la jornada estaba organizada por el Auto Club Concordia. Pero lo que comenzó como una fiesta deportiva terminó convirtiéndose en tragedia. En la vuelta 24 de la final, el piloto mendocino Pablo Gullé perdió el control de su Chevrolet mientras intentaba superar a un rezagado. El auto salió despedido hacia el público y atropelló a varios espectadores ubicados sobre una lomada. José Frattichelli, vecino del barrio Lesca, murió producto del impacto y otras personas resultaron heridas.

Ese accidente marcó un antes y un después. Dos años más tarde, en 1964, la Municipalidad impulsó una de las primeras medidas proteccionistas sobre el parque, prohibiendo obras que modificaran el estado del antiguo Palacio San Carlos sin autorización especial.

Luis César Castelli, el hombre que le dio nombre al automovilismo local

Entre todos los nombres elegidos, uno de los más recordados es el de Luis César Castelli. Su avenida representa al automovilismo y no es casualidad: fue uno de los pilotos y preparadores más importantes de Concordia. Después del paréntesis que provocó la Segunda Guerra Mundial, el automovilismo zonal comenzó a crecer nuevamente y Castelli apareció como una de las grandes figuras de esa etapa. Compitió en categorías reconocidas a nivel nacional y terminó convirtiéndose en un referente local del deporte motor.

Su nombre quedó inmortalizado definitivamente el 6 de junio de 1982, cuando se corrió la “Primera Vuelta de Concordia” del Turismo Carretera en un circuito semipermanente de 6.900 metros que justamente llevó su nombre, conformado por dos tramos de la ruta nacional 14 y un paso por la ruta provincial 22.

 

Luis Arrieta, el concordiense que hizo historia en Lanús

Otra de las avenidas más simbólicas es la de Luis Arrieta, dedicada al fútbol. Y detrás de ese nombre hay una historia enorme. Arrieta llegó a Lanús en 1939 desde Libertad de Concordia y rápidamente se convirtió en figura. En su primera temporada marcó 31 goles en 32 partidos y terminó ganándose el cariño de toda la hinchada granate.

Durante seis años convirtió 120 goles en 161 encuentros, transformándose en el máximo goleador histórico del club durante más de siete décadas. Su promedio goleador fue tan alto que todavía hoy es recordado como una leyenda del club. Su nivel lo llevó además a vestir la camiseta de la Selección Argentina, con la que disputó nueve partidos, convirtió seis goles y formó parte del plantel campeón de la Copa América de 1941.

“El Vasco” Aguerreberry y una historia que terminó en tragedia

La calle dedicada al turf lleva el nombre de Luis Julio Aguerreberry, conocido popularmente como “El Vasco”. Su vida estuvo completamente ligada al Hipódromo de Camba Paso. Había comenzado como aprendiz con apenas 14 años y rápidamente se ganó el respeto de jockeys, cuidadores y aficionados. Primero fue largador y después jockey profesional, llegando a conquistar más de diez estadísticas locales, siete de ellas de forma consecutiva.

Pero su historia tuvo un final trágico. El 5 de junio de 1977, después de haber ganado una de las carreras del día y cuando todavía le quedaba otra monta programada, sufrió una rodada mientras conducía a “Esperona”. El accidente terminó provocándole la muerte y su figura quedó grabada para siempre en la memoria del turf local.

Juan Pierrestegui, el aviador concordiense que dejó huella

Entre las calles menos conocidas aparece la dedicada a Juan José Pierrestegui, representante de la aviación deportiva. Aunque nació en San Jaime de la Frontera, su familia se radicó en Concordia y aquí realizó sus estudios. Su carrera en la Fuerza Aérea fue creciendo rápidamente hasta alcanzar el grado de Comodoro en 1962. Participó incluso de una misión humanitaria en Turquía en 1953, llevando médicos, medicamentos y ayuda para las víctimas de un terremoto.

Su muerte ocurrió durante una exhibición acrobática en Olavarría, en 1965, cuando el avión que piloteaba rozó árboles y un mástil antes de precipitarse a tierra. Con el tiempo, su nombre terminó siendo utilizado para homenajear distintos espacios, entre ellos el Aeropuerto “Comodoro Pierrestegui” de Concordia.

Detrás de cada calle hay una historia. Algunas hablan de campeones, otras de tragedias, otras de hazañas deportivas que el tiempo fue dejando en segundo plano. Y aunque hoy el Parque San Carlos funciona como uno de los principales puntos turísticos y recreativos de Concordia, durante años también fue un espacio profundamente ligado al deporte local: llegó a funcionar como autódromo y sus calles fueron pensadas como un enorme homenaje a deportistas concordienses y a distintas disciplinas. 

Así, todavía hoy pueden recorrerse avenidas y senderos que recuerdan a Luis César Castelli en el automovilismo, Luis Arrieta en el fútbol, Alcides Gómez Díaz en el boxeo, Miguel Feliciano Juliá en el atletismo, Agustín Franzoy en el ciclismo, Rubén Alberto Acosta en el motociclismo, Elbio Armanazqui en el básquet, Bernardo Rovira en la natación, Juan Alabedra en el remo, Ramón Eduardo Hagen en el tiro, Luis Ciphas Davies en el tenis, Luis Julio Aguerreberry en el turf o Juan José Pierrestegui en la aviación deportiva. Un detalle que para muchos pasa desapercibido, pero que transforma cada recorrido por el parque en una especie de mapa vivo de la historia deportiva de Concordia.

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