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¿Sabías que el Cementerio Nuevo de Concordia fue pensado como una verdadera ciudad en miniatura?

¿Sabías que el Cementerio Nuevo de Concordia fue pensado como una verdadera ciudad en miniatura?

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En Concordia existe un lugar que no solo guarda memoria, sino también historia, arquitectura y hasta relatos que parecen salidos de una película. El Cementerio Nuevo no es simplemente un camposanto: fue pensado como una verdadera “ciudad de los muertos”, una necrópolis cuyo trazado replica el de una ciudad del siglo XIX, con calles, avenidas, diagonales y manzanas organizadas como un pequeño barrio urbano.

Su construcción comenzó en 1850, impulsada por el entonces gobernador Justo José de Urquiza y gestionada por el párroco Ramón Navarro, con un presupuesto de 1.134 pesos, lo que representó una inversión enorme para la época, al punto de que el Estado aún mantenía deudas cuando la obra fue finalizada. Años más tarde, en 1897, fue inaugurado oficialmente por el intendente David O’Connor, cuyo panteón se encuentra en el ingreso del cementerio, siendo una de las figuras destacadas del lugar.

Pero, ¿por qué se llama “Cementerio Nuevo”? La respuesta es mucho más simple de lo que parece: el cementerio anterior quedó completamente colapsado en menos de 50 años. La ciudad creció, el espacio se volvió insuficiente y fue necesario crear un nuevo lugar que pudiera responder a esa demanda. En aquel entonces, este nuevo predio estaba alejado del casco urbano; hoy, más de un siglo después, quedó completamente integrado a la ciudad.

Con una extensión de 8 hectáreas, este cementerio es el tercer más grande de la provincia y alberga una enorme cantidad de estructuras: cuenta con 9.500 nichos distribuidos en 10 sectores, 3.500 columbarios, más de 2.200 espacios en tierra y cientos de panteones que reflejan no solo la historia de las familias, sino también distintas corrientes arquitectónicas. Y hacia el interior, el recorrido conduce a uno de los espacios más simbólicos: la Cruz Mayor, un punto de encuentro cargado de significado, especialmente para quienes no saben dónde descansan exactamente los restos de sus seres queridos.

Entre sus calles descansan numerosas figuras que marcaron la historia local. Apellidos como Arrubarrena, Zorraquín, Mendiburu, Ferrari, Masvernat, Legerén, entre muchos otros, forman parte de este espacio que funciona como archivo vivo de la ciudad. Algunas de estas personalidades no sólo fueron protagonistas del desarrollo político y social de Concordia, sino que también dejaron huella en su identidad cultural.

Entre los panteones más llamativos del Cementerio Nuevo destaca el de la familia Crosa, una construcción que no pasa desapercibida. Con esculturas y materiales traídos desde Europa, especialmente Italia, estos mausoleos no solo eran lugares de descanso: eran una forma de dejar huella. En una época donde la arquitectura hablaba por las personas, este tipo de panteones convertía al cementerio en una verdadera galería de arte a cielo abierto.

El cementerio también refleja la diversidad cultural de Concordia. A lo largo del tiempo se incorporaron sectores destinados a distintos credos religiosos, como el cementerio evangélico inaugurado en 1936 dentro del predio, y el cementerio judío lindero, perteneciente a la Unión Israelita.

Pero no todo es historia documentada. También hay relatos que sobreviven en la memoria colectiva. Uno de los más conocidos es el de “la chica del boliche”. Dicen los remiseros de Concordia que hay un viaje del que nadie quiere hablar demasiado. Una madrugada de verano, alrededor de las tres y media, un chofer levantó a una joven vestida de negro en pleno centro. Ella le pidió que la llevara al cementerio nuevo. Durante el trayecto no habló. Al llegar, el conductor se giró para cobrar, pero el asiento trasero estaba vacío. Confundido, la vio unos metros adelante, caminando hacia la entrada. Bajo la luz de los faroles, la joven atravesó las rejas sin tocarlas, como si su cuerpo fuera humo, y desapareció entre los mausoleos. Desde entonces, la historia se repite como un susurro entre colegas: no fue el único que la vio.

Hoy, este lugar sigue en constante transformación. Se han realizado obras de puesta en valor, como la restauración de la capilla, y existen proyectos en marcha como la construcción de un cinerario, además de nuevos nichos adaptados a distintas necesidades. Sin embargo, su esencia sigue intacta: ser un espacio donde conviven memoria, arquitectura, cultura y también, por qué no, algunas historias que todavía no encuentran explicación. Porque al final, el Cementerio Nuevo no es solo un lugar de despedida. Es una ciudad donde el pasado sigue hablando.

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