Despejando dudas con el Licenciado en Psicología Emanuel Conti: ¿por qué razón los niños, adolescentes y jóvenes van a terapia?
La salud mental ocupa hoy un lugar mucho más visible que años atrás. Lo que antes era un tema del que se hablaba poco o incluso se ocultaba dentro de muchas familias, hoy forma parte de conversaciones cotidianas. Cada vez más adolescentes y jóvenes consultan a profesionales de la salud mental, ya sea por dificultades emocionales, conflictos vinculares, situaciones de ansiedad o simplemente para encontrar herramientas que les permitan atravesar distintas etapas de la vida. Para conocer qué está ocurriendo y cuáles son los principales motivos de consulta, conversamos con el licenciado en Psicología Emanuel Conti.
¿Qué cambios sociales o culturales explican que hoy se hable más de salud mental y que más jóvenes asistan a terapia?
Esta pregunta puede responderse desde dos aristas distintas, pero interrelacionadas. Por un lado, se ha modificado fuertemente el tabú de ir al psicólogo. Hace algunos años, asistir a terapia era algo que generalmente se asociaba a personas que atravesaban un padecimiento mental importante. Hoy la consulta es mucho más frecuente y la figura del psicólogo tiene otro recorrido dentro de la sociedad.
Por otro lado, también cambió la manera en que las personas entienden sus propios conflictos. Actualmente, cuando aparecen dificultades emocionales, afectivas o vinculadas al desarrollo de niños y adolescentes, las familias suelen consultar con mayor naturalidad. Es decir, cambió tanto la mirada sobre el profesional como la mirada sobre quien consulta. Hoy un conflicto psíquico es mucho más aceptable, más interpretable y más abordable que años atrás. Antes existía una cultura donde parecía que uno no podía tener problemas. Actualmente los problemas emocionales son más digeribles y más trabajables.

¿Cuáles son los motivos de consulta más frecuentes que observás en niños, adolescentes y jóvenes?
En la clínica con niños existe una particularidad: generalmente quien consulta primero son los padres. Lo mismo sucede con los adolescentes, donde es necesario el consentimiento de los adultos responsables para iniciar un tratamiento. Los motivos de consulta han ido cambiando con el tiempo. Hace algunos años predominaban los problemas de conducta, especialmente vinculados al ámbito escolar. Actualmente aparecen con mucha frecuencia consultas relacionadas con dificultades en el desarrollo, espectros autistas o diagnósticos vinculados al déficit de atención.
Sin embargo, considero que hoy existe una tendencia a la sobrediagnosticación. Muchas veces las instituciones o incluso el acceso inmediato a información generan sospechas diagnósticas muy rápidas. El acceso a la información hace que muchas personas lleguen a consulta con diagnósticos presuntos que después requieren una evaluación profesional mucho más profunda. En el caso de los adolescentes, siguen apareciendo problemáticas históricas vinculadas a la falta de espacios de contención, dificultades para construir proyectos personales y conflictos propios de una etapa tan compleja como la adolescencia.
¿Cómo influyen las redes sociales y la tecnología en el bienestar emocional de niños y adolescentes?
La tecnología tiene una influencia muy importante. Por un lado, facilita el acceso a la información y la comunicación. Pero, por otro, también genera dificultades en los vínculos y en la manera en que los chicos se relacionan. Hoy es frecuente observar grupos de adolescentes compartiendo un mismo espacio físico pero comunicándose a través del celular. Eso produce consecuencias en la construcción de los vínculos y en las habilidades sociales. Veo muchos chicos que están sentados juntos, pero conversando a través del teléfono. Están presentes físicamente, pero la comunicación se da de manera virtual.
De todas formas, no considero que la solución sea prohibir la tecnología. No estoy a favor de prohibir la tecnología. Sí estoy a favor de trabajar una administración saludable de su uso. Hoy la tecnología forma parte del discurso social y quien queda completamente afuera también corre el riesgo de quedar excluido de determinados espacios.
¿Qué mitos siguen existiendo sobre la terapia y sobre quienes asisten a un psicólogo?
El principal mito sigue siendo el mismo desde hace muchos años: creer que el psicólogo es solamente para personas con problemas graves o para personas consideradas “locas”. El gran mito que existe a nivel social tiene que ver con la locura. Todavía hay quienes piensan que el psicólogo es para los locos.
También existen otros prejuicios. Algunos padres creen que el psicólogo va a transformar a sus hijos en lo que ellos desean que sean o que va a resolver automáticamente determinadas conductas. Otro mito es pensar que el psicólogo funciona como una especie de mecánico de la salud mental que arregla rápidamente aquello que no funciona. La realidad es mucho más compleja
¿Qué problemáticas aparecen hoy que quizás no eran tan frecuentes años atrás?
Más allá de que muchas dificultades continúan siendo similares, actualmente aparecen con más fuerza problemáticas vinculadas a los vínculos sociales, a la incertidumbre sobre el futuro y a situaciones emocionalmente muy complejas. Siguen apareciendo problemáticas vinculadas a cortes, intentos o ideas de suicidio. Son situaciones que se presentan de manera más cruda y que requieren un abordaje muy cuidadoso”.

También observa una creciente preocupación por el futuro y por la construcción de proyectos personales. Muchos adolescentes llegan con preguntas relacionadas con su futuro, con lo que quieren hacer, con la dificultad para proyectarse o para encontrar un lugar dentro de la sociedad.
¿Qué mensaje le darías a las familias o a los jóvenes que todavía tienen dudas sobre consultar a un psicólogo?
Lo primero es entender que pedir ayuda no significa estar enfermo ni tener un problema grave. La consulta psicológica puede ser un espacio para pensar, para comprender lo que nos sucede y para encontrar herramientas que permitan atravesar momentos difíciles.
La salud mental forma parte de la salud integral de las personas. Así como alguien consulta a un médico cuando tiene una dolencia física, también puede consultar a un profesional de la salud mental cuando atraviesa situaciones que le generan malestar, dudas o sufrimiento. Hablar de lo que nos pasa y pedir ayuda cuando la necesitamos no es una señal de debilidad. Es una forma saludable de afrontar aquello que nos preocupa.
Emanuel Conti | Licenciado en Psicología
MP 1795
Especialización en psicoanálisis con niños y adolescentes






