Sebastián Fasanelli: “Una joya no es solo un objeto, es un símbolo que adquiere significado personal»
Cada 3 de noviembre se celebra el Día del Joyero y Relojero, una fecha para reconocer a quienes se dedican al arte de la joyería y la orfebrería, creando piezas que capturan momentos y emociones a través del tiempo. En esta edición N° 92 de «Entrevistados» de Despertar Entrerriano, conversamos con Sebastián Fasanelli, joyero y tercera generación de una familia dedicada a este oficio, para conocer su historia, los desafíos de la profesión y su visión sobre el futuro de la joyería.
Entrevista:
Sus inicios en la joyería y lo que lo motivó a dedicarse al oficio…
Sebastián Fasanelli cuenta que comenzó a trabajar formalmente en joyería a los 19 años, aunque siempre estuvo vinculado a este mundo por su familia. “Soy la tercera generación de joyeros en mi familia. Mi abuelo comenzó en el oficio a los 12 años, y luego mi padre y mi tía continuaron con la tradición familiar. Desde joven me inclinaba por lo artístico, iba al taller de mi abuelo en Buenos Aires y hacía pulseras y piezas artesanales. Aunque al principio intenté estudiar medicina, pronto me di cuenta de que lo mío era la joyería. Así fue como decidí dedicarme a este oficio, un arte que me atrapó por completo desde los primeros meses de aprendizaje.”
¿Qué actividades realiza un joyero y cómo ha cambiado el oficio?
“El joyero tiene una relación especial con los metales. Nos familiarizamos primero con el oro, la plata y otros materiales, y luego aprendemos a trabajar con piedras preciosas, esmaltes y técnicas de orfebrería. Creé mi propia marca y exploré con joyería en cuero, buscando innovar y crear piezas únicas. La joyería permite desarrollar habilidades de física, química e ingeniería: desde sistemas y palancas hasta galvanoplastía, aplicando técnicas como el dorado o el niquelado”, explica Sebastián.
También menciona que el avance de la tecnología ha traído cambios al oficio, como el uso de láser y diseño asistido por computadora. “Aunque las herramientas modernas nos ayudan, la esencia de la joyería sigue siendo la misma. Muchas técnicas, como la fundición a la cera perdida, se utilizan desde hace siglos. Esto da al oficio un valor especial, porque aún conservamos métodos tradicionales, aunque ahora los combinamos con tecnología para diseñar en 3D o hacer grabados personalizados.”
¿Qué es lo que hace especial a una joya?
“Una joya no es solo un objeto, es un símbolo que adquiere significado personal. Una pieza puede tener un valor emocional mucho mayor que el económico. Cuando alguien recibe un anillo, una pulsera o unos aros como regalo, ese objeto se convierte en un recuerdo que conserva el amor y el momento en que fue entregado. Con el tiempo, ese valor emocional se incrementa, y la joya pasa a ser un legado.”
Según Sebastián, en los últimos años ha habido un resurgimiento del interés por las joyas. “Hoy en día, los jóvenes valoran nuevamente la joyería. La moda del tatuaje, por ejemplo, se asemeja al uso de joyas en cuanto a su valor simbólico. En distintas culturas, las joyas siempre han sido símbolos de identidad y pertenencia, y es alentador ver cómo esta tradición sigue viva.”
¿Qué te resulta más gratificante de ser joyero?
“El proceso creativo es muy gratificante, desde la primera conversación con el cliente, donde intercambiamos ideas y visualizamos el diseño, hasta la entrega de la pieza final. Es un momento muy emotivo; he visto lágrimas de alegría al entregar una joya. Esto es lo que más me gusta de mi oficio, la parte humana, emocional y espiritual que implica. Muchas veces trabajamos con piezas religiosas o de gran valor sentimental, y eso crea una conexión muy especial.”
¿Qué consejo le darías a alguien que quiera dedicarse a la joyería?
“Lo primero que recomiendo es tener paciencia, porque este oficio requiere dedicación y atención al detalle. La joyería ayuda a desarrollar esa paciencia, y si no la tenés, la vas adquiriendo. Es un trabajo que lleva horas, días, a veces semanas, y cualquier error puede hacer que tengas que empezar de nuevo. Además, la joyería es un arte muy versátil: te permite experimentar y trabajar en cualquier lugar del mundo, sin necesidad de homologar un título.”
Sebastián destaca que, en la joyería, no hay barreras. “Si decidís dedicarte a esto, nunca vas a tener un techo. La joyería es una combinación de creatividad, habilidad técnica y visión. Cada diseño puede ser único, y eso es algo que me motiva todos los días. A quienes quieren aprender, les diría que se atrevan a explorar este mundo y que le pongan pasión, porque eso hace la diferencia.”
Si pudieras volver a elegir, ¿seguirías siendo joyero?
“La joyería es un arte que disfruto profundamente. A veces, mientras trabajo, pierdo la noción del tiempo. Esa es la magia de hacer algo que amas. Aunque también me atrae la arquitectura y es algo que me hubiera encantado terminar de estudiar, creo que siempre habría terminado en la joyería. Es un oficio que no solo me ha dado satisfacciones profesionales, sino que me permite conectarme con las personas de una manera única.”
Sebastián también reflexiona sobre el futuro de la profesión y su adaptación a los nuevos tiempos…
“Creo que la joyería seguirá evolucionando y adaptándose a las tendencias culturales y tecnológicas. La sostenibilidad es algo que ya está comenzando a influir en el diseño de joyas, con el uso de materiales reciclados y prácticas de obtención de gemas. La joyería puede reinventarse constantemente, y esto es lo que hace que el oficio sea tan emocionante: siempre hay algo nuevo que aprender, una nueva técnica que probar y una forma de expresarse. Al final, lo que importa es que cada pieza cuente una historia.”
Te invitamos a ver la entrevista completa en “Entrevistados” disponible en nuestro canal de YouTube: Despertar Entrerriano.







