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“No es cuestión de que te lleven un zapato sólo para pegarlo, todo es un proceso, es un arte”: Víctor Capillera, zapatero

“No es cuestión de que te lleven un zapato sólo para pegarlo, todo es un proceso, es un arte”: Víctor Capillera, zapatero

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En esta edición N° 187 de Entrevistados, desde Despertar Entrerriano dialogamos con Víctor Capillera, zapatero concordiense, bajo el marco del Día del Zapatero en Argentina. Con más de 50 años en el oficio, Víctor repasó sus comienzos en 1976 en plena dictadura cívico-militar, los cambios que atravesó la profesión, el vínculo con sus clientes y cómo la tradición familiar hizo que sus hijos y nietos también aprendieran el oficio. Desde aquel primer taller en el barrio Nebel hasta la actualidad, su historia está marcada por el aprendizaje, el trabajo diario y una profesión que, según él mismo define, “es un arte”.

¿Cómo fueron sus comienzos en el oficio de zapatero?

“Yo nací en Concordia, en el barrio Nebel, mi querido barrio Nebel. Por cosas de la vida, en un momento me invitaron a que pusiera un taller de zapatería. Fue en plena dictadura militar, en 1976, y ahí arranqué con mi taller, sin saber mucho de este hermoso oficio que es un arte. Es un arte porque todos los días te encontrás con un problema distinto, en el cual hay que darle una solución a la gente que va a buscar una solución.” 

Agregó además: “Con el paso de los años, el oficio también se transformó en una tradición familiar. Víctor contó que dos de sus tres hijos aprendieron a trabajar como zapateros y que actualmente también trabaja junto a un nieto.”

¿Cómo se organiza el trabajo cotidiano en el taller?

“En el taller, o en cualquier taller, hay que ser organizado. Porque lo fundamental es cumplir con la gente. Fijate vos que yo a las siete y media de la mañana ya estoy abierto y cierro a las 20 horas. Recibo clientes de distintas localidades y que muchas veces adapto mis tiempos a quienes llegan hasta el taller para retirar o dejar trabajos. Yo estoy a la orden del cliente. Cuido mucho a mi cliente”

¿Qué cambios vio en el oficio durante todos estos años?

“Hubo muchos cambios. Cuando yo empecé, empecé con lo que tenía. Un amigo me regaló un mostrador y una máquina, pero me faltaba la máquina de pulir y cosas fundamentales que son para el zapatero. Entre sus primeros trabajos, recordó especialmente una anécdota que marcó sus comienzos. Un hombre llamado Marcheta le llevó dos pares de zapatos, que fueron de los primeros trabajos que realizó. Como todavía no tenía una máquina para pulir, Víctor tuvo que terminar los zapatos de manera completamente manual, utilizando una lija y hasta un vidrio para trabajar los bordes.”

Agregó además: “Al otro día vino Marcheta a buscar los dos trabajos y se los llevó. Y vos sabés que pasó un día y vino al otro día de vuelta. No podía caminar, le había llenado de clavos adentro y no lo podía usar. “Me largué macheta disculpa”, le dije, pero él me contestó que no me preocupara “Vos vas a hacer un gran zapatero”.

¿Cual es el mayor desafío que ha atravesado?

“Además del económico de cuando arranqué y como está la cosa hoy en día, el desafío diario son los clientes que a veces no te cuidan. Porque hay gente que te lleva un trabajo y no viene más, o hay gente que por ahí al año aparece. Casa reparación lleva un proceso, materiales, herramientas y trabajo. No es cuestión de que te llevan un zapato y que te lo van a pegar. Para pegar tenés que tener una máquina buena para pulir, tenés que tener lija buena para pulir, cemento, mano de obra. Todo es un proceso, es un proceso el zapato”.

¿Qué importancia tiene hoy el oficio de zapatero en la sociedad?

“Es importante, porque el zapato está siempre. La gente necesita el calzado y siempre hay algo para arreglar, para solucionar. Yo tengo clientes de afuera también, de distintas localidades, que siguen viniendo al taller. Uno trata de ayudar a la gente y darle una solución, y eso para mí es muy lindo. Este oficio es un arte, porque todos los días te encontrás con un problema distinto y tenés que buscar la manera de solucionarlo”.

¿Si pudiera volver el tiempo atrás, elegiría nuevamente ser zapatero?

“Sí, sin ninguna duda. Volvería a elegir este hermoso oficio. Me dio de comer, me permitió ayudar a la gente y también enseñarles a mis hijos y a mis nietos. Es un arte, porque todos los días tenés un problema distinto y tenés que buscarle una solución. Después de tantos años, sigo acá y sigo haciendo lo que me gusta”.

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