Fasanelli Joyas: “fabricamos todo acá; oro, plata, alpaca. Incluso podemos hacer réplicas exactas de piezas antiguas, porque contamos con matricería propia”
En el corazón de Concordia, existe un espacio donde la tradición y la vanguardia conviven en cada pieza: Fasanelli Joyas. Allí, entre herramientas milenarias y tecnología de última generación, se tallan historias, memorias familiares y diseños únicos. Al frente está Sebastián Fasanelli, quien representa la tercera generación de una familia de joyeros que lleva este arte en la sangre.
En esta edición N° 83 de “Conociendo a”, Sebastián nos abrió las puertas del taller, del negocio, pero sobre todo de su mundo interior: ese que combina arte, historia, innovación y amor por lo que hace. Una charla extensa, rica en detalles y emociones, en la que nos cuenta desde los inicios con su abuelo —que trabajó nada menos que en Tiffany & Co. en Nueva York— hasta su propia decisión de dejar la medicina para entregarse de lleno a la joyería.

¿Cómo fueron los comienzos de Fasanelli Joyería y cómo se fue desarrollando hasta hoy?
“Mi abuelo fue quien empezó todo: era engarzador, el que coloca las piedras en las piezas de joyería, algo que se estudia profesionalmente. En plena crisis argentina, él se fue a Nueva York con su oficio y terminó trabajando en Tiffany, donde aprendió técnicas que luego trajo al país. Fue el primero en traer una fundición de platino a Argentina, algo revolucionario. Podía hacer 50 anillos por día con tres joyeros, cuando otros necesitaban 50 joyeros para lograr lo mismo”.
¿Qué te llevó a seguir el oficio familiar?
“Fue vocacional. Empecé estudiando medicina, pero siempre me atrajo el arte. Me gusta el dibujo, la música. Aunque mi familia vivía en Buenos Aires, yo me crié en Concordia. Y cuando fui padre, quise que mis hijos crecieran en el mismo entorno que me marcó a mí. Así fue como decidí mudarme y montar acá mi taller y negocio, desde 2005”.
¿Qué distingue a Fasanelli del resto?
“Nos enfocamos en el asesoramiento personalizado. Podés venir o no a comprar, pero te vas con información. Diseñamos piezas basándonos en la personalidad del cliente. No hacemos joyería genérica. Y fabricamos todo acá: oro, plata, alpaca. Incluso podemos hacer réplicas exactas de piezas antiguas, porque contamos con matricería propia”.
¿Cómo cambió el consumo de joyería en los últimos años?
“Muchísimo. Hoy los hombres consumen casi al mismo nivel que las mujeres. Usan pulseras, anillos, cadenas. Y cambió el estilo: se buscan piezas más delicadas, minimalistas. Estamos preparando una nueva colección para presentar en Buenos Aires. También revivimos nuestra marca Chento, que fue la primera en tener packaging, etiquetas de cuero, y diseños con cuero trenzado artesanal. Hasta la bombilla la hacemos personalizada con cuero y plata”.
¿Cuál es el vínculo emocional que se construye con una joya?
“Una joya es memoria. Yo siempre le digo a las chicas que reciben un anillo de sus madrinas: hoy capaz quieren un celular, pero esa joya va a durar toda la vida. Es herencia, es símbolo. Me tocó restaurar una pieza del 1800. No es lo mismo reparar que restaurar. En una restauración respetás la historia, la técnica original, el alma del objeto”.
¿Cómo se transmite el valor de una joya a las nuevas generaciones?
“Con educación, con sensibilidad. Hoy todo es rápido, tecnológico, inmediato. Pero las joyas requieren tiempo, y eso también se transmite. Una joya se diseña, se moldea, se pule, se sueña. Las redes nos ayudan a contar eso. Yo hasta invito a clientes a venir a fabricar sus propias piezas conmigo. Quiero que lo vivan”.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere iniciarse en el oficio?
“Primero: estudiar. La joyería es arte, pero también ciencia: hay química, física, diseño. Hay que tener paciencia, perseverancia. Muchos piensan que no tienen creatividad, pero eso se entrena. Este oficio te conecta con lo manual, con lo real. Y también te da herramientas para hacer otras cosas: cuchillos, bombillas, organizadores. La joyería abre un mundo”.
¿Creés que la joyería artesanal tiene futuro en la era de la inteligencia artificial?
“Más que nunca. Porque lo artesanal es lo único que no puede replicar una máquina con alma. Podés imprimir una joya en 3D perfecta, pero no tiene historia, no tiene imperfecciones humanas que la hagan única. Hay un valor en lo hecho a mano que la gente vuelve a buscar. Y ahí estamos nosotros, para ofrecerlo”.
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