Le costó muy poco al Hotel Ayuí transformarse, enseguida, en uno de los lugares referentes para el viajero. Porque el lugar donde está enclavado, el paisaje, el Lago y el agregado de las Termas, le dieron una vida realmente increíble a un ya de por sí bello lugar. Esto, claro, cuando se creó, haya lejos y hace tiempo por la gente de Salto Grande. Y la idea fue esa, la inicial, que luego fue perdiendo terreno, al caer el hotel en manos equívocas, que poco a poco lo fueron destruyendo por dentro y por fuera.
De ser un lugar paradisíaco, hoy es un lugar que parece ser más “sobreviviente” de algún ataque bélico que otra cosa, porque su innegable estado de abandono es realmente increíble. Por supuesto que está cerrado, porque incluso antes de la pandemia le había llegado la decadencia.
Al preguntar de quién es el Hotel Ayuí, uno se encuentra con respuestas de que todavía es de CTM, pero también se dice que ahora pertenece a la provincia de Entre Ríos y a la CODESAL, pero también nos dicen que todavía eso está indefinido y que nadie puede hacer nada. ¿Entonces?…pasa el tiempo y el hotel sigue “cayendo”, aunque su enorme estructura resiste allí y su deterioro es visible.
Lo que queda entero, sin duda, es el orgullo de la gente que trabajó allí, que lo hizo con una integridad realmente estupenda y quienes dejaron una huella muy marcada en los visitantes, en los pasajeros que supieron alojarse en el hotel. Hablamos de los empleados, claro, que hace rato están en un conflicto con quienes últimamente manejaron las riendas del hotel, y han quedado más que desamparados en esta historia, porque no se ha movido mucha gente en pos de encontrar una solución, de que el hotel se sepa de quien es o quien se hace cargo para reflotarlo, como para que esos empleados tengan la esperanza de recuperar su fuente de trabajo.
Capacidad, a esos empleados, le sobra porque hemos recibido audios y videos de gente que los elogia sinceramente, y no por el simple hecho de hacer campaña para con ellos. Pero es gente que quiere una pronta solución a la situación que vive esa gente, que son familias que han quedado poco menos que en la calle y no cobraron nada tras aquel “cese de actividades” que propuso la última conducción del lugar, comandada por un tal Villanueva.
Tampoco, obvio, no hubo indemnización porque, insistimos, el panorama no es claro respecto a la situación del hotel. Pero alguien deberá poner blanco sobre negro para brindarles una respuesta a tanta gente que la espera, y antes que el hotel sea una ruina poco menos que definitiva, pasando de ser el paraíso a un campo de batalla, la que libran los trabajadores contra sus empleadores y la que deja ver ese otrora hermoso lugar hoy en plena decadencia.








