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Despejando dudas sobre la importancia de la educación física en todas las edades con el Personal Trainer e Instructor Físico, Juan Ignacio Giovenal

Despejando dudas sobre la importancia de la educación física en todas las edades con el Personal Trainer e Instructor Físico, Juan Ignacio Giovenal

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Muchos niños hoy pasan gran parte del día frente a pantallas, los adolescentes enfrentan estrés académico y los adultos jóvenes lidian con ritmos de vida agitados, por lo que la idea de entrenar no siempre se traduce en acción.

Desde Despertar Entrerriano hablamos con el personal trainer e Instructor Físico Juan Ignacio Giovenal, quien nos explicó con detalle por qué es fundamental acompañar la actividad física desde la niñez hasta la adultez, adaptando los ejercicios a la edad, la capacidad y las necesidades de cada persona.

Remarca que el entrenamiento progresivo y supervisado, la práctica de deportes, la inclusión de fuerza y la actividad cardiovascular constante son claves para prevenir enfermedades, reducir el estrés y favorecer un desarrollo integral en todas las etapas de la vida.

Podemos decir que la actividad física es fundamental en nuestras vidas…

La actividad física es esencial en todas las etapas de la vida porque los beneficios que genera a nivel cardiovascular y funcional son determinantes para el desarrollo y la salud general. En los niños, por ejemplo, la tecnología y el uso constante de pantallas redujeron notablemente el movimiento espontáneo. Antes, el juego implicaba correr, saltar o moverse al aire libre; hoy, en cambio, la mayoría pasa largas horas frente al celular o la computadora. Por eso, resulta fundamental incentivar la actividad física desde edades tempranas, enseñarles a moverse, a desarrollar fuerza y a incorporar el hábito del ejercicio como parte natural de la vida.

En los adultos, el entrenamiento no solo fortalece el cuerpo y previene enfermedades vinculadas a la pérdida de masa muscular o al sedentarismo, sino que también tiene un fuerte impacto en la salud mental, ayudando a reducir el estrés, regular el cortisol y mantener un equilibrio emocional. Moverse, entrenar y mantenerse activo es la base de una vida saludable, independientemente de la edad.

¿Qué tipo de actividades recomendás para niños y adolescentes?

Más allá de elegir un deporte específico, lo importante es que los chicos hagan actividad. Los deportes grupales son una gran opción porque fomentan la socialización, el trabajo en equipo y la superación personal. Además, fortalecen la confianza y el sentido de pertenencia. Junto a eso, es recomendable incorporar entrenamiento de fuerza adaptado a la edad, con progresiones claras y controladas que les enseñen a moverse con seguridad.

Cada chico es distinto, y la elección de la actividad dependerá de sus gustos y su personalidad. Sin embargo, cualquiera sea el deporte elegido, el entrenamiento de fuerza cumple un papel esencial para mejorar el rendimiento, la postura y la prevención de lesiones.

Cuando existen casos de obesidad infantil, el entrenamiento debe enfocarse en acompañar la pérdida de peso de manera saludable, mejorar la fuerza, la coordinación y, sobre todo, fomentar hábitos que puedan sostener a lo largo de su vida. Ese proceso debe acompañarse con educación y con una mirada que priorice la salud, no la estética.

¿Y para los jóvenes adultos de entre 18 y 30 años?

En esta etapa, el control del estrés es uno de los aspectos más importantes. Vivimos en una sociedad que arrastra altos niveles de ansiedad y presión constante, y el entrenamiento físico es una de las herramientas más efectivas para equilibrar cuerpo y mente. El gimnasio se convierte en un espacio de descarga, un cable a tierra donde liberar tensiones y conectar con uno mismo.

El entrenamiento de fuerza debe ser el pilar, combinado con ejercicios cardiovasculares o recreativos, como caminar, correr o andar en bicicleta. Lo fundamental es moverse, sostener la constancia y mantener una rutina que combine fuerza, movilidad y disfrute. De esa forma, el cuerpo se fortalece y la mente encuentra un espacio de alivio en medio del ritmo acelerado del día a día.

A partir de los 30 años, ¿qué modificaciones se vuelven más notorias con el paso del tiempo?

A partir de los 30 comienzan a darse cambios sutiles en el organismo que se vuelven más visibles con los años. El metabolismo se desacelera, lo que puede provocar aumento de peso si no se ajustan los hábitos alimenticios y de movimiento. También se pierde masa muscular de manera natural, un proceso conocido como sarcopenia, y disminuye la producción de colágeno, que repercute en la piel, las articulaciones y la densidad ósea.

Si a eso se suma una vida sedentaria, el deterioro se acelera. Mantener una rutina de entrenamiento, una buena alimentación y un descanso adecuado es fundamental para prevenir estos efectos. A partir de los 30, la pérdida de calcio también se incrementa, lo que aumenta el riesgo de osteopenia u osteoporosis. Por eso, el movimiento y el fortalecimiento muscular son pilares irrenunciables.

En personas con movilidad reducida o adultos mayores, ¿es posible comenzar a ejercitarse y ver resultados positivos?

Es totalmente posible. La idea de que el ejercicio es riesgoso a determinada edad es uno de los mitos más dañinos que existen. Cuanto más grande nos hacemos, más importante es mantener la actividad física, porque moverse ayuda a preservar la masa muscular, mejorar la densidad ósea y mantener la independencia funcional. La falta de movimiento, en cambio, aumenta el riesgo de lesiones, pérdida de equilibrio y enfermedades metabólicas.

Hay ejemplos claros en disciplinas como el powerlifting, donde los mejores registros en levantamiento de peso se dan en personas mayores de 40 años. Eso demuestra que el entrenamiento de fuerza bien planificado puede generar mejoras reales, incluso después de los 60 o 70 años.

¿Qué consejos puede brindar para aquellas personas que no suelen hacer ejercicios?

Antes de dar consejos o planificar rutinas, hay que entender qué frena a esa persona, qué experiencias previas tuvo y qué miedos arrastra. Muchos llegan al gimnasio con temor a lesionarse, con vergüenza o con la idea de que no van a poder. Otros vienen con la carga de viejas lesiones o con lo que escucharon toda su vida: que el entrenamiento puede hacerles mal.

La actividad física no se trata solo de entrenar el cuerpo: es una forma de reconciliarse con uno mismo y de entender que nunca es tarde para empezar. En esos casos, el acompañamiento y la escucha son fundamentales. Mostrarles que pueden, que hay un camino posible y que los resultados llegan cuando se trabaja con paciencia y constancia. Con el tiempo, esas mismas personas que entraron con miedo logran hacer movimientos que creían imposibles, levantan peso, recuperan movilidad y, sobre todo, disfrutan del proceso.

Juan Ignacio Giovenal – Personal Trainer e Instructor físico

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