“Construir no es sólo levantar una pared, hay una base, un conocimiento”: Ernesto Fabián Antonio, trabajador de la construcción
En esta edición N° 167 de Entrevistados, Despertar Entrerriano conversó con Ernesto Fabián Antonio, trabajador de la construcción con más de dos décadas de experiencia, con el objetivo de adentrarnos de lleno en el marco del Día del Obrero de la Construcción. Desde sus inicios siendo apenas un adolescente hasta su presente como trabajador multifunción, repasó su historia, los desafíos del rubro y la realidad de un oficio tan esencial como poco valorado.
¿Hace cuánto tiempo te dedicás a la construcción y cómo fueron tus inicios?
“Profesionalmente hace alrededor de 20 años que me dedico a la construcción, pero mi primer acercamiento fue mucho antes, cuando tenía 13 años. Iba a la escuela y a la tarde un vecino me llevaba a trabajar con él. Ese fue mi primer contacto con el oficio. Después hice otros trabajos, pero por necesidad, porque tenía una hija chica y responsabilidades, terminé volviendo a la construcción y desde ahí no paré más.”
¿Te formaste o aprendiste todo en la práctica?
“Estudié durante tres años en un centro de formación profesional, donde aprendimos toda la parte teórica: leer planos, entender la construcción desde lo técnico. Pero práctica tuvimos poco y nada. Y la realidad es que en este rubro se aprende trabajando, equivocándose y mejorando con el tiempo. Mi primer trabajo seguramente no fue perfecto, pero hoy, con la experiencia, hago las cosas de otra manera.”

¿Qué te motivó a elegir este camino?
“No fue algo vocacional al principio, fue necesidad. En mi casa éramos varios hermanos, mi mamá trabajaba todo el día y no alcanzaba la plata. Yo quería tener lo mío, no depender de pedirle. Era curioso, me llamaba la atención el trabajo, y cuando mi vecino me ofreció ayudarlo, empecé. Con el tiempo le fui tomando gusto, aunque si me preguntás hoy, capaz hubiese elegido estudiar otra cosa. Es un trabajo muy sacrificado y con los años el cuerpo lo siente.”
¿Cómo es tu rutina laboral hoy?
“Tenemos horario de entrada, pero muchas veces no de salida. Generalmente trabajamos ocho horas, de corrido, con un parate corto al mediodía para comer algo rápido, un sándwich o mate. Hoy, por ejemplo, estamos trabajando de 7 a 15. Y las tareas cambian todo el tiempo: puedo estar soldando, haciendo conexiones sanitarias, trabajando con agua, cloaca o armando estructuras. No es solo albañilería, es un poco de todo.”
¿Te definirías como albañil o algo más amplio?
“Hoy me considero más bien multi rubro. Aprendí a hacer de todo: electricidad, agua, conexiones, albañilería, herrería. En mi casa hago todo yo. Y dentro del trabajo hay cosas que me gustan más que otras. Por ejemplo, disfruto mucho las terminaciones: colocar pisos, aberturas, detalles finales. En cambio, armar estructuras de hierro me parece más monótono, pero hay que hacerlo igual.”
¿Qué cambios viste en el rubro con el paso del tiempo?
“Principalmente en la tecnología. Antes era todo manual: martillo, cortafierro, esfuerzo puro. Hoy hay máquinas que facilitan muchísimo el trabajo, herramientas para cortar, picar, andamios modernos. Eso ayudó mucho, pero igual sigue siendo un trabajo duro: en invierno pasás frío, en verano calor, no cambia eso.”
¿Sentís que el oficio está valorado?
“No, para nada. El albañil está muy mal visto. Hay un prejuicio grande, como que somos ignorantes o borrachos, y no es así con todos. Además, mucha gente no quiere pagar lo que realmente vale el trabajo, entonces contratan mano de obra barata y después vienen los problemas. Construir no es sólo levantar una pared, hay una base, un conocimiento. Y si nosotros no existiéramos, no funcionarían otros rubros como arquitectos, electricistas o plomeros. Somos una parte clave, pero no se valora.”
¿Qué desafíos tiene hoy la construcción?
“Uno de los mayores problemas es la falta de compromiso. Antes había más amor por el oficio. Hoy mucha gente trabaja por necesidad y no le pone ganas de aprender o mejorar. Y también está el tema de los tiempos: quieren hacer una casa en un mes, cuando todo lleva su proceso. No respetar los tiempos de secado o ejecución genera errores, y después las consecuencias aparecen.”

¿Qué es lo más gratificante que te dio esta profesión?
“Muchas cosas. Conocer gente, aprender constantemente, no hacer siempre lo mismo. Pero lo más importante fue poder construir la casa de mi mamá y la mía. Ese era un sueño. Veníamos de una casa muy humilde y poder darle eso fue una satisfacción enorme. También me permitió criar a mis hijos, que no les falte nada. Eso no tiene precio.”
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere empezar en este rubro?
“Que se comprometa y tenga ganas de aprender. No hay magia, es trabajo constante. Y también que los que ya saben enseñen más, porque eso se está perdiendo. Si todos ayudáramos un poco al que empieza, el oficio sería mejor y habría más calidad en los trabajos.”

Si pudieras volver el tiempo atrás, ¿elegirías lo mismo?
“Es una pregunta difícil. Por un lado, no me arrepiento porque gracias a esto logré muchas cosas. Pero si hubiese tenido la oportunidad, capaz elegía estudiar y dedicarme a otra cosa, porque el cuerpo se desgasta mucho. Hoy lo siento. Igual, le sigo poniendo ganas y trato de hacer siempre lo mejor posible.”
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