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Historia de Vida: Lidia Ester Chiappa, celebrando el Día Nacional del Ama de Casa

Historia de Vida: Lidia Ester Chiappa, celebrando el Día Nacional del Ama de Casa

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En esta edición de Entrevistados de Despertar Entrerriano, nos encontramos con Lidia Ester Chiappa, una ama de casa cuya vida ha estado dedicada al bienestar de su familia. En conmemoración al 1º de diciembre, Día Nacional del Ama de Casa, Lidia comparte sus experiencias, desafíos y alegrías como la piedra angular de su hogar.

Desde que amanece hasta que anochece, Lidia se entrega por completo a las tareas diarias que considera fundamentales en su rol de ama de casa. Entre risas y anécdotas, nos cuenta sobre el arte de complacer a todos en la mesa, equilibrando los gustos variados de sus cuatro hijos y esposo. Para Lidia, la comida es más que una rutina; es una expresión de amor y cuidado.

“Las tareas de una ama de casa son muchas, desde que se levanta hasta que se acuesta. Punto primero, tener la casa limpia, tener a tiempo la comida, tratar de complacer a los comensales, tratar de hacer lo mejor posible de darle el gusto a todos. Por ejemplo, a todos no les gusta la sopa. ¿Y qué se hace cuando a todos no les gusta la sopa? Se trata de hacer la sopa y algo más y se sirve lo que hay. Por lo general, les gusta la milanesa con puré. Y a mí, como vieja que soy, un huevo frito rico arriba del puré”, destacó entre risas. “Esas son las cosas primordiales, la milanesa, ¿a quién no le gusta una milanesa? A todos, hasta a los chicos también”.

-¿Cuánto tiempo ha dedicado a ser ama de casa?

Con una sonrisa nostálgica, Lidia recuerda el inicio de su travesía como ama de casa. Se casó a los 20 años y a los 21 ya tenía a su primera hija. La vida de Lidia ha estado tejida con el hilo de la dedicación a su familia, sin descanso desde que tiene memoria.

“Desde que me conozco soy ama de casa, sí, porque teniendo cuatro chicos, hay que dedicarse. Y tratar de tener siempre las cosas bien, preocuparse por la comida, por el colegio, por el trabajo cuando fueron creciendo. Yo me casé en enero, y en marzo cumplí años, veinte años tenía. Y a los 21 ya tenía a mi primera hija. En total tengo dos mujeres y dos varones. La primera y la última son mujeres y los de en medio son varones”.

-¿El ama de casa trabaja o no trabaja?¿Se podría considerar a su labor como un trabajo?

En este sentido Lidia nos respondió con contundencia que “sí, desde que se levanta hasta que se acuesta». Su vida ha sido una danza constante entre las responsabilidades del hogar, el cuidado de los hijos y el equilibrio de su vida personal, debido a esto Lidia nos confesó que muchas veces se olvidaba de sí misma, priorizando el bienestar de su familia sobre el suyo propio.

“Por lo general yo me olvidaba de mí. Siempre traté de que todos estuvieran felices, tanto mi esposo como los chicos. Y siendo cuatro, uno tenía un gusto y el otro tenía otro. Entonces un día complacía a uno y el otro día complacía al otro. Y así equilibraba de esa manera. Y tratando de tener siempre la casa limpia. A veces cuando iba a tener compromisos al otro día, antes de acostarme, pasaba hasta el trapo en el piso”.

Sobre actividades que le gustaban realizar nos dijo que “a mí me gusta mucho tejer. Sé también bordar y me gustaba mucho bordar a máquina. Pero me gusta más tejer a mano. Tengo una revista donde trataba de sacar los puntos que no sabía. Pero siempre tejí para los demás, para mí muy poco”.

Al no tener mucho tiempo libre y ocuparse del hogar desde que se levanta hasta que se acuesta, le consultamos sobre alguna actividad que le gustara hacer para sí en esos pocos momentos y explicó que por ejemplo “cuando estoy comiendo y me quedo sobre la mesa, hasta a veces sola, y miro la tele”.

A lo largo de los años, Lidia ha notado cambios significativos en la percepción de la sociedad hacia el trabajo de las amas de casa. Destaca que en la actualidad, los hombres colaboran más en las tareas del hogar, algo que ella ha experimentado de primera mano gracias al apoyo constante de su esposo.

“Yo creo que hoy en día el hombre colabora. Por lo menos en mi caso, en todo, porque él me ayuda en todo. Ahora cuando veníamos a la entrevista por ejemplo me dice “¿y a la vuelta qué hacemos? Y no sé, lo que vamos a hacer al mediodía”, le digo. Y como estoy esperando visita, tengo que pensar con qué la voy a recibir. Así que bueno, vamos a ver. A la vuelta, pasar por la carnicería o por la casa de pastas, esas cosas. Y él está pensando ya de antemano, siempre y me ayuda”.

“Él trabajó toda su vida en el ferrocarril. Desde jovencito hasta que se jubiló. Así que él trabajaba y había días que me decía, “bueno, mira, vengo a tal hora a casa a comer y vuelvo enseguida a trabajar”, a esa hora tenía que tener la mesa lista, todo preparado para que él pueda comer y regresar de vuelta rápido a trabajar. Porque siempre cuando él pudo hacer dos turnos, hacía dos turnos y hasta tres también. Porque trabajaba en la noche, de día y de noche”.

La vida de Lidia no ha sido un camino sin obstáculos. Los traslados frecuentes debido al trabajo de su esposo en el ferrocarril presentaron desafíos, especialmente cuando la salud de uno de sus hijos se vio comprometida en una localidad sin acceso inmediato a atención médica.

“Una de las veces que nos cambiamos, que nos fuimos a Ibicuy, allá cuando termina Entre Ríos, se me enfermó Daniel, uno de mis hijos y no había médicos ahí. Había que esperar que pase el tren, se le decía el “Colincho”, que era un tren cortito, para poder ir hasta la ciudad. Y ahí esperar hasta que el doctor te atienda y ahí esperar para volver. Era muy lejos. Y así. Donde mejor estuve fue en Monte Caseros, que tenía todo cerquita, el colegio, el secundario en la esquina. Y era muy lindo ahí en Monte Caseros, muy lindo, a mí me gustó mucho. Pero yo soy de aquí, nací aquí en Concordia, y bueno, por el trabajo de mi esposo tuve que andar en diferentes lugares. Y adaptarme. Y lo que más me costó fue cuando fuimos a La Carencia, que era en el campo, que me traían la leche del campo. Venía a caballo, el lechero, a traerme la leche. Y si me quedaba sin pan, no había dónde comprar, porque no había nada. Entonces había que pedirle, por favor, al que estaba de guardia en el ferrocarril, cuando viniera el tren en la noche, que venía de Paraná, que me trajera el pan. Pero un día se olvidó el muchacho, y Esteban (uno de sus hijos) era el que estaba esperando el pan; y el chico le dijo “Me olvidé, pero no te aflijas vení conmigo”. Y lo llevó, y le convidó con unos bizcochitos, y vino contento. Y se había peleado con Ana, mi hija mayor, y entonces no se hablaban, porque se encerraban en la pieza y no se hablaban, pero contento que consiguió pan, vino y le dijo “Anita, Anita, mira acá tengo pan, aquí tengo pan”. Y hicieron las pases por el pan.

 -¿Cómo cree que su labor contribuyó al bienestar y desarrollo de su familia?

Ante esta pregunta Lidia respondió con humildad, mencionando su constante esfuerzo por complacer a todos, adaptándose a las necesidades cambiantes de sus cuatro hijos.

“Tratando de cumplir con todo, tratando de hacerle el gusto a todos, porque eran cuatro, y los cuatro diferentes, hasta hoy en día. Siempre tratando de cuidar a la más chica, que fue a la que menos tiempo le dediqué, porque como siempre estuve ocupada, pobre Teresita”, expresó de la menor, “quedaba siempre ahí. Para la cola. A la colita, colita de chancho”, dijo entre risas.

-¿Qué consejo daría a las nuevas generaciones sobre la importancia del trabajo en el hogar?

 En este sentido Lidia comparte como un consejo invaluable para las nuevas generaciones: «Traten de complacer a todos, dando prioridad a la menor». Su sabiduría se basa en décadas de experiencia, donde priorizar a la familia ha sido su brújula.

“Yo le aconsejaría que, según la familia que tengan, traten de complacer a todos, dándole prioridad, por lo general siempre a la menor, que es la que más lo necesita por lo general, porque es así, uno quiere a todos los hijos, pero uno como mamá se guarda a quién quiere más, a quién prefiere más, pero  traten de complacer a todos, de demostrarles amor a todos y de disimular la preferencia, así que ese sería el consejo, tratar de hacer feliz al esposo dentro de lo posible, sin olvidarse de uno, y dándole prioridad para mí, siempre fueron mis hijos, siempre, primero mis hijos, después mi esposo”.

La historia de Lidia Ester Chiappa es un testimonio del amor incondicional y el trabajo incansable que define el papel de las amas de casa. En este Día Nacional del Ama de Casa, celebramos a mujeres como Lidia, cuyo legado trasciende las paredes del hogar y deja una marca indeleble en el corazón de sus seres queridos.

Te invitamos a que conozcas más detalles sobre Lidia Ester Chiapa y la ardua labor del ama de casa viendo la entrevista completa de Entrevistados disponible en nuestro canal de Youtube: Diario Despertar Entrerriano.

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