¿Sabías que la Cooperativa Eléctrica de Concordia fue la primera entidad argentina en exportar energía eléctrica a otro país?
Lo que hoy es una institución cotidiana para miles de concordienses estuvo a punto de desaparecer antes de nacer. Su historia incluye enfrentamientos con poderosas empresas extranjeras, campañas de desprestigio, directivos que pusieron dinero de su bolsillo para mantener el servicio y un hito que la convirtió en la primera entidad argentina en exportar energía eléctrica.
De una empresa al borde de la quiebra a una cooperativa impulsada por vecinos
Mucho antes de que existiera la Cooperativa Eléctrica, un grupo de vecinos ya soñaba con producir energía propia para la ciudad. Corría 1915 y nombres como Legerén, Arruabarrena, Caminal u Ortelli encabezaban un proyecto que prometía algo revolucionario para la época: que Concordia tuviera su propia usina.
La iniciativa avanzó tanto que llegó a comprarse un terreno en la esquina de San Juan y Alberdi. Allí comenzó a levantarse el edificio donde funcionaría la central eléctrica. Pero la historia dio un giro inesperado: el dinero no alcanzó y la obra quedó a mitad de camino.

Primer edifico que funcionó como la cooperativa eléctrica
Como si eso fuera poco, en aquellos años, el servicio eléctrico estaba dominado por grandes compañías extranjeras y la idea de una empresa concordiense generaba resistencia. Hubo campañas en contra, críticas públicas e incluso intentos de desacreditar a quienes impulsaban el proyecto. Cuando parecía que todo estaba perdido, apareció una propuesta que cambió el rumbo de la historia.
En 1931, el concejal socialista Julio Serebrinsky y Egidio «Turco» Morandi plantearon una alternativa audaz: que la empresa dejara de ser una sociedad anónima y pasara a manos de los propios vecinos. La discusión fue intensa y duró meses, pero finalmente la idea ganó terreno. El 16 de julio de 1933 nació oficialmente la Cooperativa Eléctrica de Concordia.
La pelea contra el «Trust de la Electricidad» y las curiosidades de los primeros años
La cooperativa nació con un objetivo claro: construir una «Usina Popular» para dejar de depender del llamado «Trust de la Electricidad», como se conocía a las grandes empresas que dominaban el servicio en distintas ciudades del país. Para ganar apoyo, sus impulsores lanzaron una enorme campaña de difusión: imprimieron y repartieron cinco mil boletines gratuitos por toda Concordia. El esfuerzo dio resultado y el 10 de enero de 1939 comenzó a funcionar el servicio eléctrico cooperativo en un radio de 64 manzanas.
Los primeros años no fueron fáciles. La falta de recursos obligó incluso a integrantes del Directorio a poner dinero de sus propios bolsillos para sostener el funcionamiento de la usina. Sin embargo, cada avance se celebraba a lo grande: cuando llegó un nuevo grupo electrógeno para ampliar la capacidad de generación, la noticia se festejó con 36 bombas de estruendo, carteles especiales y miles de volantes distribuidos por la ciudad.
Como si eso fuera poco, la Segunda Guerra Mundial también impactó en Concordia. Las restricciones en el suministro de combustible llevaron a la cooperativa a analizar alternativas de emergencia para mantener la generación eléctrica. Entre ellas apareció una opción que hoy parece impensada: utilizar aceite de lino para evitar que la ciudad quedara a oscuras.
El día que Concordia le vendió electricidad a Uruguay
En 1968 ocurrió uno de los capítulos más llamativos de la historia de la Cooperativa Eléctrica y, probablemente, de toda la ciudad. Mientras Salto atravesaba problemas para cubrir su demanda energética, desde Concordia surgió una solución tan inédita como ambiciosa: tender una línea de transmisión que cruzara el río Uruguay para abastecer a la vecina ciudad.

Primeras máquinas generadoras
Tras meses de trabajo, la energía comenzó a enviarse de manera experimental el 21 de julio de ese año. La importancia del proyecto fue tal que su inauguración oficial contó con la presencia de los presidentes de Argentina y Uruguay. Aquel logro convirtió a la Cooperativa Eléctrica de Concordia en el primer ente argentino en exportar energía eléctrica al exterior, un hecho que le valió reconocimiento a nivel nacional y que todavía hoy ocupa un lugar destacado en la historia de la institución.
Con el paso de los años, continuó creciendo junto a la ciudad. Sumó nuevos usuarios, acompañó el desarrollo industrial y se integró al sistema eléctrico nacional. Ese crecimiento también se reflejó en su presencia física: en 1995 adquirió el histórico edificio de la esquina de Urquiza y 1° de Mayo, que hasta entonces había pertenecido al ex Banco Mesopotámico y que hoy funciona como su sede central. Décadas más tarde, volvió a ser pionera al convertirse en la primera empresa en brindar internet en Concordia. Actualmente también ofrece conectividad mediante fibra óptica y otros servicios para la comunidad.
Detrás de una institución que forma parte de la vida cotidiana de miles de concordienses se esconde una historia marcada por proyectos que parecían imposibles, enfrentamientos con grandes empresas, vecinos que apostaron su propio dinero para sostener el servicio y hasta una conexión internacional que convirtió a Concordia en protagonista de un hecho único en la Argentina. Una prueba de que algunas de las historias más sorprendentes de la ciudad están mucho más cerca de lo que imaginamos.
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