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¿Sabías que la Bodega Robinson se convirtió en un referente de vitivinicultura desde sus inicios en 1890?

¿Sabías que la Bodega Robinson se convirtió en un referente de vitivinicultura desde sus inicios en 1890?

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La historia de la familia Robinson, cuyo patriarca, el inglés Herbert Robinson, se transformó en Alberto para enraizarse en las costumbres sudamericanas, es un relato que abarca visiones, desafíos y una evolución que marcó el progreso de Concordia y las provincias aledañas.

1866 – La llegada y primeros pasos en Argentina

Alberto Robinson desembarcó en el puerto de Buenos Aires el 17 de febrero de 1866, buscando nuevas oportunidades en Sudamérica. Sus primeros empleos fueron modestos, pero las experiencias forjaron su carácter y visión de futuro.

Trabajó en diferentes casas comerciales, y hasta consiguió un empleo de pastor, durante dos meses cuidó de un rebaño de carneros durante el día, y en la noche dormía en una choza solitaria, situada en un campo alejado de la ciudad. Esta convivencia en un medio inhóspito, lleno de dificultades, le sirvieron para su vida futura.

Luego de dos meses pasó a trabajar en una casa comercial cerca del Uruguay, con un sueldo mensual de 15 pesos. Trabajó allí durante seis meses.

Tiempo después llegó a Concordia y dio comienzo a su tarea de levantar un imperio de trabajo, de voluntad inquebrantable. Un imperio donde se proyectó a Concordia hacia el progreso.

De la casa comercial cerca de Uruguay pasó a desempeñarse en una casa de Concordia, recomendado por un amigo. Al cabo de 15 meses, de empleado pasó a ser socio de la firma y continuó como tal desde 1868 a 1875.

Cosecha de la vid

Fundación de Robinson Hermanos en Concordia

Tras un periodo de aprendizaje y colaboración con Mr. Randle, Alberto estableció la firma Robinson Hermanos en Concordia, junto a su hermano Horacio. La empresa prosperó, convirtiéndose en un referente comercial que abarcaba desde la producción agrícola hasta la exportación de lana y cueros.

Comercializaban todo tipo de artículos agrícolas. Las oficinas estaban en la esquina de la plaza (donde luego fue la Cooperativa de Empleados del Ferrocarril Gral. Urquiza y también donde estuvo el Banco de Londres y América del Sud, calle Urquiza y 1º de Mayo). A pocas cuadras tenía almacenes para depositar las inmensas cantidades de maderas y cueros que comercializaban, y en épocas de mucho trabajo tenían que recurrir a otros depósitos en la ciudad.

En las diferentes épocas del año, trabajaban entre 250 a 300 personas. Los dos tercios de producción de lana de la provincia de Corrientes y la mitad de la de Entre Ríos pasaban por sus manos; llegando a vender 16.000 fardos de lana de 450 kilos cada una. Además comercializaba anualmente de 200.000 a 250.000 cueros de vaca. La lana se exportaba a Francia y Alemania, y los cueros a Norte América y España.

Piletones de cemento de la Bodega Robinson

La bodega Robinson

En pleno furor vitivinícola, más exactamente en 1890, los hermanos Alberto y Horacio Robinson fundaron la bodega en Villa Zorraquín: un establecimiento que supo tener más de 500 hectáreas y pronto se convirtió en líder de la región.

Para entonces Entre Ríos cultivaba más cepas que Mendoza y San Juan, y Concordia era considerada el centro comercial más adelantado de toda la provincia de Entre Ríos, y ocupaba el tercer puerto de mayor movimiento en el país.

Por ende la firma Robinson Hermanos era uno de los comercios más prestigiosos de la ciudad, con visión de progreso, tanto para la provincia de Entre Ríos, como así también para la provincia de Corrientes. Ya para ese entonces los Robinson eran almaceneros, banqueros, corredores de comercio, vitivinicultores, importadores, exportadores y estancieros a gran escala.

Las bodegas de la ciudad –115 en total, entre grandes, medianas y chicas– elaboraban hasta mil cascos de vino común de doscientos litros cada uno. La Robinson era la más poderosa: Desde lo alto del chalet estilo suizo se dominaba toda la extensión de las tierras que poseían destinadas al cultivo de vides, “La Granja”, donde se producían vinos en cascos, blancos embotellados, tipos franceses, con especialidad, Pinot, Semillón y Barsac, productos que gozaron de merecido crédito por sus cualidades superiores.

Antiguo frente de Bodega Robinson

Contaban con 29 cubas hechas de algarrobo, de cinco mil litros cada una, y ocho ánforas de material revestidas interiormente con cerámica vitrificada para estacionar los vinos. Además del vino de mesa, producía blancos, rosados y grappa. Tal fue su éxito que los porteños hacían cola para comprar su exclusivo vino “de postre” en las tiendas Harrod’s y Gath & Chaves.

Posteriormente la firma incorporó a los hijos mayores de Alberto, Jorge y Facundo. Y así los viñedos se convirtieron en una parte clave del imperio, quedando Jorge S. Robinson al frente de los grandes viñedos. Esto dio lugar a un nuevo capítulo del imperio, llegando a producir vinos reconocidos y ampliando la influencia de la familia en el ámbito vitivinícola.

El fundador, Alberto Robinson, falleció en Londres a los 67 años, pero su legado continuó con sus hijos al frente de la firma.

Los antiguos viñedos

Ya para el año 1921 “La Granja” tenía más de 1.000 hectáreas con cuatro secciones: la bodega, la viña, el naranjal y los potreros de forraje. El viñedo ocupaba 200 hectáreas y los montes de frutales eran de 300 hectáreas. Estos últimos eran quintas de mandarinas nuevas en casi su totalidad,  que darían 500 frutas por árbol sobre un total de 60.000 plantas.

Las bodegas Robinson contaban con ochenta piletas de su sala de fermentación, capacitadas para fermentar 400.000 kilos de uva, con sus cuatro grandes aljibes que podían recibir un litraje equivalente de mosto (zumo de uva), con la cantidad de sus ánforas vitriadas (recipientes) y el número de toneles y pipones (tinas de madera).

Bodega Robinson en la actualidad

La Crisis de 1929 y la Reunión de Acreedores

Diez años después ocurriría algo trascendental; la crisis que recorrió el mundo haría estragos en los esfuerzos de millones de personas en todo el planeta. El pánico ante la caída de las bolsas en los respectivos países, arrastraría sueños, esperanzas, trabajo e ilusiones. Y así fue como la crisis económica mundial impactó a Robinson Hermanos, llevándolos a solicitar Reunión de Acreedores en 1931, tras 55 años de actividad. A pesar de ofrecer bienes inmuebles y acciones, la demanda de dinero efectivo resultó insostenible, obligando a la familia a recurrir a este recurso extremo.

El abogado de la familia, el Dr. David Luján, explicó las causas de la situación, destacando factores económicos y naturales, como el azote de la langosta y la sequía que soportaron las plantaciones.

Por último a pesar de la presentación ante la justicia de Reunión de Acreedores, esta actitud no afectó a la «Sociedad Anónima Comercial Robinson» ni a la «Sociedad Anónima Viñas, Bodegas y Naranjales Robinson», asegurando la continuidad de sus negocios por un tiempo, hasta que llegaron las diferentes prohibiciones.

Pese a la prohibición de la viticultura, la Robinson siguió funcionando hasta 1950 con los hermanos a la cabeza, de modo clandestino. Tenían un herrero que sacaba los precintos y la gente trabajaba toda la noche. El herrero dormía en la bodega y a la mañana temprano volvía a precintar y esparcía cenizas sobre las máquinas para que pareciera que tenían polvo y telarañas por la falta de uso. En esa época era imprescindible tomar recaudos, porque los inspectores municipales, en sus recorridas, destruían alambiques y toneles para impedir la producción y derramaban todo el vino que encontraban a su paso.

La historia de Robinson Hermanos es un testimonio de éxito, desafíos y adaptación a los vaivenes económicos, dejando una huella imborrable en la historia de Concordia y la región; pero finalmente la bodega terminó abandonada.

Hace poco más de 30 años, Emilio Negri compró la abandonada y saqueada Bodega Robinson y la fue restaurando poco a poco, con ayuda de su hijo Agustín, respetando lo que había quedado: la inconmovible estructura original, las ánforas y las cubas.

La restauración de la Bodega Robinson se realizó con materiales de la época o similares, y uno de los grandes orgullos de los Negri es la imponente puerta de timbó, madera originaria del litoral, enmarcada con hierro y remaches y coronada por un timbre de más de cien años similar al que se utilizaba para alertar a los incautos en el cruce de vías del ferrocarril.

Hoy en día la vieja Bodega Robinson renació gracias a la familia Negri, que se ocupó de devolverle su antiguo aspecto; convirtiéndola en un majestuoso salón para eventos enmarcada en ocho hectáreas de selva en galería, donde pueden verse aves e inofensivos animales de la zona. Recordando siempre sus inicios en el que fue una bodega de vinos muy importante de la zona.

Te invitamos a mirar el video completo de ¿Sabías que…? en nuestro canal de YouTube: Diario Despertar Entrerriano, y conocer más acerca de la historia del Imperio de los Robinson, su bodega y lo grande que fueron en toda la provincia.

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