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Propuesta de Casamiento

Propuesta de Casamiento

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Voló como un águila —la carta—, el rey de los pájaros; voló y descendió sobre mí y llegó a ser toda palabra.

A su voz y alboroto me desperté

y salí de mi sueño.

La tomé y la besé, quité el sello y la leí; y las palabras escritas en la carta

se acordaban con lo

escrito en mi corazón:

Altar del Cielo,

nuestro amor es una casa que reconstruimos

a fuerza de manos cansadas,

donde cada ladrillo tiene un nombre:

perdón, paciencia, fe.

 

Tu pasado entra a veces por las ventanas,

como un viento frío que hace temblar las cortinas.

Yo lo dejo pasar,

porque entiendo que hay tormentas

que no podemos echar tan fácil.

Pero también sé

que nuestra cama es un refugio,

y que tus ojos,

aunque a veces carguen sombras,

siguen siendo el lugar al que siempre quiero volver.

No soy un héroe.

Solo un hombre que eligió quedarse.

Que aprendió a recoger los pedazos

sin preguntar por qué se rompieron.

Luché, sí,

pero no por orgullo,

sino porque en tu risa vi la promesa

de algo que nadie más podía darme:

el consuelo de saber

que el amor, aunque imperfecto,

puede salvarnos.

 

Eras un filo en la bruma,

un nombre imposible que mordí como pan duro.

La estación vacía todavía habla,

y en sus esquinas pronuncia

lo que nunca pude ser.

 

El tiempo fue un animal mudo

que pasó entre nosotros.

Yo, con mis manos llenas de nada,

tú, escondida detrás del humo

de una herida que no cesa.

 

Escribir es una forma de arrodillarse,

y todo lo que escribí para ti

se hundió en la boca del invierno.

Pero aún quema.

Cada línea que no te di

me persigue como un tren sin horario.

 

Hoy somos lo que quedó después del diluvio.

Un amor que tambalea,

como el aliento de una vela

que no quiere apagarse.

 

Yo nunca aprendí a huir,

y tú nunca dejaste de quemar.

Pero aquí estamos:

una casa de cenizas,

una lluvia que se resiste al suelo,

y un futuro que tiembla,

como si supiera que, al final,

siempre vuelvo a ti.

 

Ahora estamos aquí,

con las cicatrices que no mostramos a nadie,

pero con las manos entrelazadas,

fuerte, como si el mundo no pudiera quitárnoslo otra vez.

Quiero caminar contigo hasta el final,

ver cómo la vida se arruga en nuestros rostros,

y amarte incluso cuando las palabras no alcancen.

 

Si el amor es una guerra,

entonces hemos ganado.

Sé, que cuando niño, el diario fue para vos no solo un espacio de aprendizaje y descubrimiento, sino un sustento diario. Tambien sé que guardas los recortes de cada vez que fue publicada una obra artística tuya, desde esa primera vez cuando ganaste un concurso literario escribiendo sobre tu perro. Por eso elegí esta manera para hacer esta pregunta tan importante.

 Despues de tus palabras sinceras en ese poema, que describe en pocas líneas una relación que a veces es refugio de tormentas y otras veces la misma tormenta; llena de emoción, le pregunto al hombre que fue un niño que creó desde el arte y la imaginación su lugar seguro…

¿me dejás ser la protagonista de la historia que escribís todos los dias con brillantez, maestría, amor y paciencia si es posible por siempre? Con claridad en las palabras:

José…

Mäuss…

 ¿Te querés casar conmigo?   (Q.H.G.M)

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