«No deberíamos rompernos en silencio»: el emotivo mensaje de un estudiante que expone la carga invisible de la vida universitaria tras la muerte de una compañera
El reciente fallecimiento de una joven estudiante universitaria, oriunda de Concordia, conmovió profundamente a la comunidad académica y encendió una alerta sobre la salud mental de los que se van a estudiar lejos de casa. Tenía apenas 18 años, había comenzado su carrera en la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNER, en Concepción del Uruguay.
Tras conocerse la noticia, un texto escrito por el estudiante Santiago Stagno se viralizó en redes sociales, con cientos de comentarios que resonaron en una experiencia compartida por miles de jóvenes de la provincia: la presión, el miedo y la soledad que muchas veces se esconden detrás del esfuerzo académico.
“Hoy escribo como estudiante. Como uno más entre tantos que caminan por los pasillos, que sueñan, que a veces se quiebran por dentro sin decir nada”, comienza el texto que Santiago publicó y que, en pocas líneas, logró poner en palabras lo que muchos sienten pero no dicen.
“Ser universitario no es solo estudiar. A veces es sostenerse”, escribió Santiago. Lo dijo claro: “Hoy el dolor nos atravesó a todos. Perdimos a una compañera. Y aunque no la conocía, me duele. Porque compartíamos algo invisible: el mismo peso, la misma carrera, la misma presión que a veces parece imposible de sostener”.

Una mirada profesional sobre la salud emocional en los estudiantes universitarios
La salud emocional de los estudiantes universitarios no puede pensarse sin considerar el contexto en el que viven. Así lo explicó Florencia Navarro, psicóloga especializada en salud mental de jóvenes y adultos, en diálogo con Despertar Entrerriano: “El contexto cultural, político, social, económico y familiar nos atraviesa e infiere en nuestras vidas siempre. El contexto es un ordenador de los seres humanos en tanto somos seres sociales”.
Navarro subrayó que cuando no están cubiertos los recursos necesarios para tener una vida tranquila, eso puede influir de forma negativa, pero remarcó que lo determinante es lo que cada persona hace con ese contexto. “La presión económica y la expectativa familiar, por ejemplo, en algunos casos puede generar ansiedad en exceso, llevando a quienes la transitan a priorizar carreras con salida laboral rápida o prestigio, más que basadas en sus propios intereses o deseos. También puede suceder que esas expectativas amplíen la mirada de hasta dónde se puede llegar, actuando de manera positiva”.
Respecto a las exigencias académicas y familiares, Navarro advirtió que no se pueden generalizar los efectos: “Suelen vivirse de manera negativa en términos de ‘presión excesiva’, pero el qué hace cada persona que lo transita varía según la particularidad de cada caso. En algunas personas, esa presión funciona como motivador del deseo o como forma de no salirse de su objetivo, mientras que en otras esas mismas exigencias se pueden tornar insoportables”.
Acompañar más allá del boletín
En esta línea, la psicóloga insistió en la importancia del rol de las familias en la salud emocional de los estudiantes: “No alcanza con preguntar cómo salió un parcial. Los jóvenes necesitan que su entorno más cercano habilite el diálogo sobre lo que sienten, no solo sobre lo que rinden”.
Aunque muchas veces las presiones se ejercen desde el amor o la preocupación, se advirtió que la expectativa de que todo salga bien, de que sus hijos no fallen, puede convertirse en una carga emocional muy difícil de sobrellevar si no hay contención real. El mensaje implícito muchas veces es ‘si no te va bien, sos un problema’. Y eso lastima.
Mudarse lejos de casa y comenzar de nuevo
El desarraigo y la distancia también se viven de formas diferentes según cada subjetividad. “En algunas personas puede provocar sentimientos de soledad, estrés y dificultad para adaptarse, especialmente si no hay una red de apoyo en la nueva ciudad. Mientras que en otras personas se experimenta como la oportunidad de tomar distancia de su núcleo familiar, posibilitando generar nuevos vínculos”, señaló Navarro.
Cuando la carrera no es lo que esperaban
En muchos casos, descubrir que la carrera elegida no es lo que se esperaba o que fue elegida para cumplir con mandatos familiares, puede resultar frustrante. Navarro explicó que “al igual que cualquier ideal que se cae, esto puede generar frustración, desmotivación, afectando gravemente la salud mental. Mientras que en otros casos, este hecho puede vivirse como un desafío”.
Por eso, la psicóloga aconsejó que las familias no supongan que sus hijos “están bien porque no dicen lo contrario”, y remarcó la necesidad de propiciar espacios de conversación honesta, donde se validen sus sentimientos y se eviten reacciones desmedidas ante los tropiezos: Cambiarse de carrera no es fracasar. Pedir ayuda no es fallar. Dejar la universidad no es el fin del mundo. Pero para que los chicos puedan ver eso, necesitan que los adultos también lo entiendan.
Estar atentos a las señales
Navarro remarcó la importancia de no minimizar el sufrimiento emocional ni dejarlo en el terreno del tabú. Aislamiento repentino, cambios bruscos de ánimo, desinterés por lo que antes generaba placer, consumo problemático o comentarios sobre la muerte y la inutilidad de vivir, son algunas señales de alerta que no deben pasarse por alto. “Pedir ayuda no es un signo de debilidad, es un acto de valentía. Y si ves a alguien luchando, no mires para otro lado, una palabra puede salvar una vida»”, concluyó.
La carta completa del estudiante:
Hoy escribo como estudiante. Como uno más entre tantos que caminan por los pasillos, que cursan, que sueñan, que a veces se quiebran por dentro sin decir nada.
Hoy el dolor nos atravesó a todos. Perdimos a una compañera. Y aunque no la conocía, me duele. Porque compartíamos algo invisible: el mismo peso, la misma carrera, la misma presión que a veces parece imposible de sostener.
Ser universitario no es solo estudiar. A veces es sostenerse. Es hacer fuerza para levantarse. Es tapar el miedo con café y seguir como si nada. Pero a veces no se pueda Y está bien no poder.
Escribo esto con sumo respeto y del malestar que muchos debemos sentir y me preguntó también ; cuántos estamos al límite y no lo decimos?. Cuántos lloran en silencio?. Cuántos sienten que si frenan, pierden?. Y no deberla ser así.
Somos una comunidad. Y eso implica más que compartir materias y tiempo, también Implica mirarnos, cuidarnos, acompañarnos.
No miremos para otro lado. No minimicemos. No callemos.
Ningún título vale más que una vida, cuidémonos más. Escuchemos más.
Que esta tristeza no pase rápido. Que nos incomode. Que nos haga pensar. Porque cuando se va una vida, no alcanza con lamentar: hay que transformar.
Transformar el modo en que nos miramos. El modo en que habitamos la facultad. El modo en que respondemos cuando alguien nos dice: «no estoy bien».
Ser universitario no debería costar la salud mental. No debería doler así. Y sin embargo, duela Nos pesa. Nos atraviesa.
Que esta vez no se tape con el tiempo. Que este dolor se vuelva memoria Y que esa memoria nos haga comunidad. De verdad.
Y a vos, compañera… No sé qué estabas atravesando. No sé cuánto dolía.
Nos dejás una lección triste, pero poderosa: la urgencia de cuidarnos, de vernos, de no llegar tarde.
Descansá en calma. Acá, vamos a intentar que tu partida no sea en vano.
Por ella. Por todos. Por nosotros. Que nunca más falte alguien por no haber sido visto a tiempo.
Descansá en calma.
Acá, en este lugar que compartimos, duele tu ausencia más de lo que podemos decir. No sabemos todo lo que cargabas, ni todas las batallas que librabas en silencio.
Pero sí sabemos que hoy nos toca aprender, crecer y cambiar.
Fuente: Despertar Entrerriano.



















