Ni más ni menos: El deporte bien entendido
El deporte siempre entrega cosas para comentar, analizar, pero para la gente, y nos incluimos nosotros, los periodistas, muchas veces o en su mayoría no deja ver entretelones o hechos que no trascienden, precisamente por ser “reservados”. Por citar un caso más conocido: uno en una cancha del deporte que sea ve el “producto terminado”, es decir el partido, pero antes hubo entrenamientos, esfuerzo, y distintas circunstancias que rodearon al partido. También contratiempos que pueden aparecer en la vida del deportista, porque hay que recordar que también tiene una vida y la vive normalmente como todos nosotros, con los mismos problemas y soluciones. La disfruta también, en su momento, claro.
Por ahí hay mucha gente que tiene “tocados” los chips de interpretación del deporte, y cree que el rival es enemigo, que “no hay que darle bola” y que el partido es “a matar o morir”. Y aún en esa práctica detestable del torero con el toro, no estamos para nada de acuerdo con que algo sea “a matar o morir”. Nada debe poner en riesgo a nada ni nadie. Es una competencia deportiva que obra como un divertimento, porque desde chicos en cualquier deporte a esos futuros deportistas les enseñan a divertirse. Que hay rivalidad, estoy de acuerdo, porque es la “pimienta” del espectáculo. Que se disfrutan las victorias, y más cuando es ante un clásico rival, también estoy de acuerdo. Pero hay que vivir lo propio, y no acordarse ni mucho menos festejar el mal ajeno, o la circunstancia ajena. Cada “justa deportiva”, como se le llamaba en aquellos tiempos, debe terminar con un apretón de manos, un abrazo si se quiere y allí terminó todo, punto y aparte.
Siempre se habla de la caballerosidad deportiva, aunque es obvio que al deporte también lo han practicado desde siempre las mujeres, y debería agregarse la “feminidad deportiva”, o volcándolo al tema de las Damas y para inventar una palabra, la “damosidad deportiva”. Por supuesto que no tome esto último porque es un invento, y está mal inventar palabras o idiomas porque todo está inventado. Pero esa caballerosidad o feminidad deportiva no siempre está presente, no siempre se la cumple, se la esgrime, se la pone en práctica. Muchas veces se termina el partido y hay caras que no se condicen con un espectáculo deportivo, sino con una batalla, cuando no debería ser así, de ninguna manera. Sí, coincido en que duele cuando el rival te gana, y más cuando es un clásico, todo lo que se quiera. Pero rápidamente hay que tratar de dar vuelta la hoja, porque fue solo una competencia deportiva. Nada más, aunque muchos lo magnifiquen como nada menos.
Pero toda esta “vuelta” es para hablar de un hecho que precisamente nunca trasciende, y esta vez trascendió. Y no vamos a violar ninguna intimidad (creo), sino que vamos a mostrar ese lado “B” que no se ve, no se siente, no se escucha, no se percibe habitualmente. Y no lo nota nadie, si no fuera por la aparición de algo que lo ponga “en el aire”, para bien o para mal, porque también se han conocido escándalos de esa manera, aunque ya en este sentido hay otra actitud, la de dejar mal parado a los protagonistas. En este caso no, porque los pinta de cuerpo entero, para bien, casi diría para muy bien.
A pocas horas de consumarse el “peleón” entre Leandro “Musculito” Blanc y Junior “El Demonio” Zárate, que fue favorable en las tarjetas al púgil olímpico de nuestra ciudad, se conoció que el mismísimo campeón, luego de la terrible “batalla”, le mandó un mensaje a Zárate preguntándole “como estaba”. Y esa simple pregunta habla del campeón, pero más habla de su persona, de su humanidad, de su amistad, de precisamente su caballerosidad deportiva. Si, fueron compañeros de selección, pero también ya se enfrentaron tres veces y quedó visto sobre el ring que se quieren ganar, porque para eso se preparan. Boxearon con el manual de este deporte en sus cabezas, porque exhibieron estilo, entrenamiento y fiereza sobre el ring, un combo completo que explica por qué fue un “peleón”.
Y Zárate, otro gran tipo, le respondió a “Musculito” diciéndole “Muchas gracias por tus palabras, y ser caballero de mandar un mensaje preguntándome como ando. Eso habla bien de vos, de excelente deportista y persona. Hay que seguir para adelante. Te tomo tu palabra y hay que seguir trabajando. Esto es así, el boxeo es duro, te da satisfacción y alegría cuando uno logra el objetivo. Y cuando no, también, porque brindamos un buen espectáculo y eso es lo que le faltaba al boxeo nacional. Lo pudimos lograr y fue lindo. Así que a seguir adelante. Un abrazo grande a vos y a todo tu equipo también”, cerró Zárate, mostrando un lado que sin duda nadie conocía tras una pelea de boxeo, y más como la que protagonizaron el domingo de madrugada. Y cuando el deportista viene educado desde abajo, formado como deportista y persona, ocurren este tipo de diálogos, se interpreta el deporte en su máxima expresión y como lo que es, un deporte donde nada tiene que ver la vida o la muerte, sino que es un momento donde ambos buscan un momento de felicidad, de gloria, porque para eso se preparan, y lo hacen con un esfuerzo extremo.
Y si tengo que pedir perdón por hacer “trascender” este audio, este diálogo, lo haré, pero me parece que las cosas buenas se tienen que saber y que a pesar de lo encarnizada y sangrienta que fue la pelea del domingo a la madrugada había dos grandes tipos sobre el ring, y también merecía saberse. Esto es para cerrar diciendo “¡¡¡SALUD DEPORTE!!!…
Edgardo Perafán

















