Mate, baile y hasta un gobernador que terminó con los anteojos rotos: las historias más curiosas de Entre Ríos en su aniversario
En el aniversario de la autonomía entrerriana, un repaso por algunas historias poco conocidas de personajes que marcaron la vida política y militar de la provincia. Desde un general que interrumpía las batallas para tomar mate hasta un caudillo que se sacaba el poncho después de combatir para bailar con las paisanas.
Hablar de la historia de Entre Ríos no necesariamente significa quedarse solamente con fechas, batallas y nombres que aparecen en los manuales. Detrás de algunos de los personajes más importantes de la provincia también quedaron historias curiosas, costumbres particulares y escenas que permiten conocerlos desde un lugar mucho más cotidiano.
En el aniversario de la autonomía de Entre Ríos, Despertar Entrerriano recupera algunas de esas anécdotas protagonizadas por figuras como Pascual Echagüe, Francisco Ramírez, Justo José de Urquiza y Tomás de Rocamora.
El general que frenaba una batalla para tomar mate
Uno de los personajes que aparece en estas historias es Pascual Echagüe, quien fue gobernador de Entre Ríos entre 1832 y 1841. Además de su actividad política y militar, Echagüe tenía una particular afición: era un gran consumidor de mate.
Según el relato recopilado por el docente jubilado y autor de Efemérides entrerrianas, Ramón R. Martínez, el general podía llegar a interrumpir una batalla para tomar mate acompañado de tortas fritas. Su costumbre era tal que sostenía que para pelear bien había que tomar mate.
Incluso durante su gobierno había establecido una curiosa disposición: en 1836 decretó que oficiales, suboficiales y soldados debían utilizar bigotes y que quienes se los afeitaran podían terminar presos.

El caudillo que después de combatir se ponía a bailar
Otro de los grandes nombres de la historia entrerriana fue Francisco “Pancho” Ramírez, conocido como el Supremo Entrerriano. El caudillo nacido en Concepción del Uruguay no solo quedó en la historia por sus campañas militares y su protagonismo en la defensa de las autonomías provinciales.
También tenía una faceta mucho más festiva. Después de las batallas, según la anécdota, Ramírez se sacaba el poncho de general y se ponía a bailar con las paisanas del lugar. Una escena bastante diferente a la imagen solemne con la que suele recordarse a los protagonistas de las guerras civiles argentinas.
Urquiza recibía a reyes… con mate
Justo José de Urquiza tampoco escapaba a las historias relacionadas con el mate. El caudillo entrerriano, gobernador de la provincia y posteriormente presidente de la Confederación Argentina, tenía la costumbre de recibir a sus visitantes con un mate, incluso cuando se trataba de reyes, príncipes, presidentes o ministros.
La tradición cuenta que, si el visitante aceptaba el mate, Urquiza lo consideraba una señal de confianza. Y no terminaba ahí. Al momento de cerrar un contrato o acuerdo, el mate también podía ocupar el lugar que normalmente tendría una copa de vino para brindar. Pero Urquiza tenía otra costumbre llamativa: le gustaba jugar al truco con los peones de su estancia. Si perdía, pagaba un asado para todos.
Un gobernador que se quedó dormido antes de fundar una ciudad
La historia de Tomás de Rocamora también tiene un episodio poco conocido. Rocamora fue gobernador de Entre Ríos, Corrientes y Misiones y tuvo un papel fundamental en la organización territorial de la región. Fue quien unificó distintos territorios bajo el nombre de Entre Ríos.
Pero una de las anécdotas que quedó sobre él está lejos de las grandes decisiones políticas. Según el relato, en una oportunidad llegó cansado a un lugar y se quedó dormido debajo de un árbol.

Tuvieron que despertarlo porque debía firmar el acta vinculada con la fundación de Gualeguaychú. Ese mismo año, 1783, también estuvo relacionado con la fundación de las actuales ciudades de Concepción del Uruguay y Gualeguay.
Cuando un panadero le rompió los anteojos a un gobernador
Las anécdotas no terminan en el siglo XIX. Uno de los episodios más insólitos corresponde a Sergio Montiel, quien fue gobernador de Entre Ríos en dos períodos.
En 2003, durante una visita a Urdinarrain, el gobierno tenía previsto realizar una entrega de viviendas. En medio de una situación de enojo por una cuestión relacionada con los pagos, un joven panadero se acercó a Montiel y le dio una trompada que terminó rompiéndole los anteojos.
La reacción del gobernador, lejos de terminar con el acto, fue continuar con la actividad prevista. Según la anécdota, después de limpiarse el traje comentó que el golpe había sido menor, aunque lamentó que le hubieran roto unos anteojos que eran caros.
Una historia que también se cuenta desde lo cotidiano
Más allá de las grandes batallas, los gobiernos y las decisiones que marcaron a la provincia, estas historias muestran otra dimensión de quienes protagonizaron la historia entrerriana.
Generales que no dejaban de lado el mate ni siquiera durante una campaña militar, caudillos que después de combatir se entregaban al baile, presidentes que recibían a sus invitados con una infusión y gobernadores que protagonizaron situaciones insólitas forman parte de ese costado menos conocido de Entre Ríos.
Porque detrás de los nombres que aparecen en los libros de historia también hubo costumbres, gustos, momentos inesperados y escenas cotidianas que, con el paso de los años, terminaron convirtiéndose en anécdotas.
Fuente: Despertar Entrerriano





