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La científica argentina que descendió casi 5000 metros frente a Alaska y lideró el equipo que descubrió una medusa gigante

La científica argentina que descendió casi 5000 metros frente a Alaska y lideró el equipo que descubrió una medusa gigante

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María Emilia Bravo explora áreas poco conocidas de los océanos. En diálogo con National Geographic, cuenta cómo fue sumergirse cientos de metros, qué descubrió junto a su equipo en el mar Argentino y sus fuentes de inspiración.

El océano cubre el 70% del planeta, su superficie es de aproximadamente 360 ​​millones de kilómetros cuadrados y alberga más vida que cualquier otro lugar de la Tierra. A pesar de ello, solo se conoce una pequeña porción del mar, por lo que el trabajo de investigadores como la argentina María Emilia Bravo resulta fundamental.

Bravo es bióloga marina, investigadora científica en el IGeBA (CONICET) y en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEN-UBA), una pionera en los primeros descubrimientos de ecosistemas quimiosintéticos del mar argentino (ambientes en los cuales las formas de vida obtienen energía de una manera alternativa a la energía solar) y una incansable exploradora del fondo marino. Sus trabajos son fundamentales para comprender mejor los misterios del océano profundo.

En 2024, y en el marco del proyecto científico Methanosphere, se sumergió 4907 metros en el océano durante 12 horas en Alaska (en comparación y para dimensionar la hazaña: el cachalote, considerado uno de los mejores buceadores del reino animal, puede alcanzar profundidades de unos 2000 metros). Junto con otro investigador y un piloto, ella abordó en Alvin (un sumergible tripulado que exploró los restos del Titanic) para estudiar ecosistemas quimiosintéticos.

Posteriormente, entre diciembre de 2025 y enero de 2026, lideró la investigación «Vida en Extremos», una expedición que recorrió el mar Argentino a bordo del buque Falkor (too) y que permitió ver, en vivo y por streaming, ecosistemas quimiosintéticos del talud continental argentino.

La campaña se realizó mediante una colaboración entre el Schmidt Ocean Institute y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales – UBA y documentó una rara medusa fantasma de aguas profundas del tamaño de un autobús escolar, el arrecife de coral de Bathelia candida más grande conocido en el océano mundial (con un tamaño cercano al de la Ciudad del Vaticano) y 28 presuntas nuevas especies, según informó el equipo científico a través del Schmidt Ocean Institute.

Cuánto conocemos del océano
Hasta junio de 2025 solo se había cartografiado el 27.3 % del fondo marino global con tecnología moderna de alta resolución que permite visualizar con mayor detalle, detalla la Oficina de Exploración e Investigación Oceánica de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. De hecho, la NASA asegura que “existen mejores mapas de la superficie lunar que del fondo oceánico terrestre”.

“Dado que más del 90 % del océano es profundo (es decir, tiene más de 200 metros de profundidad), una gran parte de él aún queda por explorar”, reconoce la NOAA. Hasta el momento, los exploradores han visto menos del 0.001 % del fondo marino profundo, continúa la fuente.

Si se considera que una parte enorme del océano continúa inexplorada y que el porcentaje de mujeres científicas es bajo en todo el mundo, el trabajo de Bravo resulta aún más relevante. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las mujeres están infrarrepresentadas en la investigación científica a nivel global. En 2022, solo el 31.1 % de los investigadores eran mujeres y, según la Unesco, solo 1 de cada 10 líderes en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) es mujer.

National Geographic habló con María Emilia Bravo para conocer más sobre ella y su experiencia estudiando el océano y para comprender cómo su investigación contribuye al conocimiento de las profundidades del océano.

National Geographic: ¿Qué son exactamente los ecosistemas quimiosintéticos?
María Emilia Bravo: Los ecosistemas quimiosintéticos son ambientes en los cuales las formas de vida obtienen energía de una manera alternativa a la energía solar. Se nutren principalmente de compuestos químicos que salen del fondo marino y son metabolizados por microorganismos que pueden tener vida libre o ser simbiontes (organismos que mantienen interacciones estrechas y, a menudo, prolongadas con otras especies).

Esa es una fuente de alimento muy importante en ambientes como el mar profundo, en el cual la fuente de energía primaria que viene desde la superficie a través de la fotosíntesis puede llegar a ser escasa.

Este tipo de alimentación también se encuentra en ambientes costeros. No reciben tanta atención como los ambientes de mar profundo porque a veces en la zona costera la cantidad de alimento que hay disponible por parte de la fotosíntesis es lo suficientemente alta como para que los animales dominantes en la comunidad dependan energéticamente de ese tipo de alimentación.

NG: ¿Por qué elegiste enfocar tu carrera en la investigación de estos espacios naturales?
MEB: Me parecen interesantes porque son ambientes muy complejos en los cuales las formas de vida están relacionadas con un montón de factores y me interesa saber por qué ciertas especies están ahí y otras no, cómo viven, cómo toleran esas condiciones y cómo están interactuando con la creciente presión ambiental que estamos ejerciendo nosotros como humanos.

Me preocupa especialmente saber identificar dónde están, cómo los cambios ambientales los pueden llegar a afectar y tratar de comunicar ese tipo de información a quienes toman decisiones para poder ayudar a conservarlos.

NG: Para terminar, ¿podrías mencionar a algunas referentes que te hayan inspirado en tu carrera?
MEB: Lisa Levin es una de mis mayores inspiraciones. Es una mujer que creció en Los Ángeles (Estados Unidos), es bióloga y profesora emérita del Instituto Scripps de Oceanografía, UC San Diego. Creo que es un ejemplo de dedicación y determinación en la construcción de una carrera científica y el enorme aporte que hizo para la comprensión de los ecosistemas marinos. Pero además, admiro su esfuerzo para generar comunidad, ayudar a otras mujeres tener voz no solo en foros científicos, sino también en foros de discusión de políticas ambientales.

Lisa Levin luchó incansablemente para incluir el mar profundo en las tomas de decisiones y en las agendas internacionales de conservación y de cambio climático.

También admiro a todas las mujeres que trabajan en la ciencia del mar Argentino. Sin ellas, muchas de las oportunidades que hoy tenemos las generaciones más jóvenes no existirían. Ellas enfrentaron realidades mucho más difíciles en las cuales, por ejemplo, subir a buques oceanográficos no era habitual para las mujeres. Nos allanaron el camino significativamente.

Otra gran inspiración argentina para mí es la doctora Frida Armas Pfirter, abogada especialista en derecho internacional y derecho del mar que fue clave para liderar la iniciativa COPLA (la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental). Ella es actualmente jueza en el Tribunal Internacional del Derecho del Mar. Su trabajo fue fundamental para coordinar esfuerzos entre científicos y tomadores de decisiones en Argentina, contribuyendo de manera decisiva a la construcción de nuestra soberanía marítima.

Fuente: National Geographic

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