La Asociación Civil Del Prado continúa luchando contra las adicciones y trata de llegar a las escuelas
Los comunicamos vía telefónica con Orlando Ríos, operador socioterapéutico en drogadicción del SEDRONAR, que actualmente se encuentra desempeñándose en la Asociación Civil Del Prado, quienes están realizando un ciclo de charlas sobre prevención en las distintas escuelas secundarias de la ciudad.
«Con la gente de Del Prado que pronto será un lugar de rehabilitación en la ciudad estamos realizando unas campañas en las escuelas para hablar sobre la prevención de adicciones, yo en el equipo las estoy realizando hace 5 años. Es fundamental poder llegar a chicos de 13 años en adelante por que es la edad en la que ya están queriendo volar de alguna manera. En todos los casos les explicamos que las personas para poder solucionar las cosas deben tener mucho dialogo con sus vínculos», detalló Orlando sobre el ciclo de charlas.
«En este mundo estamos rodeados de muchas trabas e intolerancia por que a pesar de todo somos seres distintos y tenemos capacidades diferentes, incluso la recepción de una parte social. Por esto mismo eso que vayan absorbiendo en esta etapa de la vida esperamos que lo vayan afinando y que puedan ver lo que a un ser humano le conviene».
«Uno con la edad se va encontrando con límites que necesitan que se les preste atención. Hoy en día es lo que los jóvenes buscan, que les den más atención. Y les decimos que ser libres no es hacer lo que queres sino lo que debes».
¿Cómo los reciben en las escuelas?
«Los chicos se empiezan a mirar entre ellos y nos comentan que sienten culpabilidad de las separaciones de sus padres y problemas familiares similares, que los lleva a querer llevar sus problemáticas en el freezer. En Del Prado tratamos de llegar a los problemas ocultos que tiene la gente, los que buscan solucionar por medio de una droga. Lo que les decimos a los chicos es que pueden tener el cielo en 3 minutos y el infierno permanente».
«Queremos que los educadores en las escuelas tomen consciencia, algunos van únicamente a cumplir horario por que esto de la prevención es una actividad que se debe tener de por vida. Solicitamos a las escuelas de la comunidad que se contacten conmigo para organizar. Nos gustaría que los maestros y profesores nos cedan un tiempito para poder hacernos presentes en todas las escuelas para poder realizar una prevención directa con los gurises».
«Deben saber también que nuestro teléfono no deja de sonar. Hacemos una terapia familiar donde salen a relucir todos los problemas».
«Hay chicos que se sienten separados de la sociedad, que han sufrido mucha discriminación. Por otro lado hay personas que se encuentran con todas las comodidades y en una zona de confort y se sienten solos. Esta prevención en las escuelas es para que los chicos y chicas se sientan contenidos, que vean que no están en una isla y que están con otros seres igual que ellos».
¿Qué les dicen?
«Le explicamos que la droga es una sustancia que hace un tremendo destrozo en el cuerpo, que empieza a quitarte su libertad y sus familias comienzan a ser sus rehenes. Como operador veo como ellos ven la droga como un punto de salida. Nosotros los insertamos en la posibilidad de ver las cosas de otra manera con nuestra terapia y es un gran desafió el que tenemos los operadores socio terapéuticos».
Contacto con Del Prado: 3454 162594
También nos comunicamos vía telefónica con algunos de los chicos a los que se les ha dado el alta del tratamiento de rehabilitación esta semana. Contaron su testimonio de vida y comentaron como es la vida dentro del espacio de rehabilitación.
«Yo arranque consumiendo a los 13 años, tuve más de 10 años de consumo, me costo un montón aceptar que tengo una enfermedad que es de por vida, estoy a días de que termine la internación y no es fácil. Sí, deje la droga pero uno no cambia las actitudes».
«Es la primer vez que me interno, me ha cambiado la vida, pude recuperar los valores como el ser humilde algo que se pierde con el consumo por que uno se la re cree y no es así. También tenia problemas y los tapaba con el consumo y hay que enfrentar la vida, hoy la puedo enfrentar de otra manera permitiéndome el dolor, sintiéndolo desde otro lugar».
«De a poquito voy recuperando la confianza de mi familia. Yo llegue a tener pensamientos de quitarme la vida, cosas horribles que venían de muchos años de dolor y tristeza. De llegar a trabajar todos los días y que no me alcance el dinero, de trabajar solo para el consumo, de siempre estar peleando con mi pareja, hacerle pasar mal a mis padres. Era la oveja negra de mi casa».
«Hay que tener voluntad para cambiar, acá dentro se pasa la abstinencia, también esta el convivir con un montón de personas que no conoces, me costo pero hoy con todo el acompañamiento, tengo un montón de proyectos para el afuera, tengo ganas de volver a mi casa y conseguir un trabajo. Hoy se que problemas siempre va a haber y que no debo acudir a la droga por que no me lleva a nada, al contrario llegas a tener más problemas».
«La idea es poner un almacén en mi casa, es algo que me costó un montón y estoy cumpliendo ese objetivo con mi pareja. Estoy muy agradecido con la vida que me tocó, tengo dos padres laburadores que nunca me hicieron faltar nada pero lo que pasó con ellos es que me dieron mucha libertad, hoy tenemos otra relación. Gracias a ellos llegue a Del Prado, no quería vivir más y no me quedó otra que pedir ayuda. Y hoy puedo decir que existe un Dios y que me tocó un corazón».
Juan Carlos, 25 años.
«Lo que yo creo que me llevó al consumo es que nunca me pusieron límites y más que nada mis padres querían arreglar todo con lo material. Empecé a consumir a los 17, luego de dos años toque fondo y hable con mi mamá para hacer algo e hice un tratamiento ambulatorio en Concordia pero seguía consumiendo, abandoné el tratamiento y me sentí bien y capaz. Luego de dos años limpio volví a recaer».
«Salía de trabajar y se me volvió un hábito robar en el trayecto a mi casa, por que una vez lo vi y me pareció fácil, hacer esa plata fácil».
«Un día estaba solo en la costanera de Concordia, tomando una gaseosa y me puse a pensar que no quería más eso para mi. Que tenia dinero pero estaba solo, mis amigos estaban cuando yo tenía algo a favor de ellos, no quería ir a la casa de mis viejos por que vivía haciendo cagadas. Ese día volví de la costanera y hable con mi mamá. Ella me dijo que no siga así o iba a terminar mal. Me propuso volver a vivir con ellos mientras buscábamos una solución y una amiga de ella que se recuperó acá le facilitó el contacto. Hoy quiero volver a trabajar y tener mi casa propia».
Adrián, 22.
«A los 14 años comencé con el consumo de marihuana, a los 16 ya consumí cocaína. Desde mi adolescencia fueron casi 19 años que estuve en consumo. En mi niñez no me faltó nada en lo económico, si en lo afectivo mis padres no estuvieron presentes. Hoy ya casi con 11 meses internado volví a recuperar el vínculo con mis padres, con mi hija y con su mamá».
«Acá en Del Prado nos vemos como hermanos de tratamiento, como una familia. Cuando yo llegué recibí mucha contención y me ha pasado de recibir a los chicos que ingresan y transmitirles la hermandad y confianza, para los más chicos que vienen muy golpeados de la calle».
«Quién me ayudo a llegar acá fue mi hermana mayor, tuve un momento de lucidez y pedí ayuda. En este lugar tenemos una contención enorme de parte de los psicólogos y operadores. Me siento muy feliz de haber podido recuperar mi vida, muy agradecido de poder volver a empezar».
Juan, 34.
«Empecé mi consumo en las drogas a los 12 con mis compañeros de la escuela, yo no tenía dificultadas en mi casa, mis papas me escuchaban pero me llamó la atención y probé. Por mí mismo creé un personaje villero, fume pasta base y empecé a robar, me compre un fierro. Creí que esa imagen imponía respeto, tenía mi bandita y pisaba fuerte en el barrio. Pero por un robo que salió mal estuve en un instituto de menores y a mis papás les quitaron la tenencia».
«Consumí hasta los 18 cuando falleció mi papa y después mi abuela. Me puse peor, quedaba días despierto. Estuve preso poco tiempo y pedí internarme. Así llegué a la Fundación Del Prado, donde me dieron una mano enorme».
«Ya llevo 3 años limpio y trabajando, este lugar es asombroso. No puedo creer todo el tiempo que llevo sin consumir, ya no tengo deseos de hacerlo. La droga ya no existe para mí. Ahora mi vida me gusta como es, y no la cambiaría por nada».
Mateo, 27.






