“Hoy construir de forma sustentable ya no es una opción, es una necesidad”: impulsan que Concordia reconozca oficialmente la bioconstrucción
Mientras el cambio climático y el impacto ambiental de las ciudades ocupan cada vez más espacio en el debate, también aparecen nuevas formas o, mejor dicho, antiguas técnicas recuperadas, para pensar cómo habitamos. Despertar Entrerriano dialogó con la arquitecta Evangelina Pulidori, integrante de la Red ProTierra Argentina, quien explicó qué es la bioconstrucción, desmintió algunos de los mitos más frecuentes y adelantó que volverán a presentar en Concordia una ordenanza para que construir con tierra sea una alternativa reconocida oficialmente.
Construir pensando en el futuro… y también en el planeta
Cuando se habla de casas de tierra, muchas personas imaginan construcciones precarias o propias de otra época. Sin embargo, para Evangelina Pulidori esa idea está muy lejos de la realidad.
La arquitecta explicó que la bioconstrucción forma parte de la permacultura, una disciplina nacida en la década de 1970 que propone diseñar sistemas sostenibles para vivir, donde la vivienda, el agua, los alimentos y la energía funcionen de manera integrada: “La permacultura busca diseñar un sistema para habitar. La casa no se piensa sola, sino vinculada con la huerta, los árboles, el agua y todo lo que necesita una familia para vivir de una manera más equilibrada”, explicó.
En ese esquema, la bioconstrucción se ocupa específicamente de los materiales y de la forma en que se levantan las viviendas: “Hoy atravesamos un colapso ambiental que sabemos que es irreversible. Vamos a seguir necesitando casas, pero no podemos seguir construyendo de la misma manera si eso sigue generando contaminación y residuos que nunca vuelven a la naturaleza”, sostuvo.

¿Las casas de tierra son precarias? “Ese es uno de los mayores prejuicios”
Uno de los principales objetivos de Pulidori es derribar los mitos que todavía existen alrededor de este tipo de construcciones: “El prejuicio más grande es asociar la tierra con la precariedad. Pero la precariedad no la genera el material, sino la situación económica de quien construye. Con recursos podés hacer un castillo de tierra igual que uno de piedra”, afirmó.
Según explicó, la mala fama de este sistema comenzó en la década de 1950, cuando una campaña nacional impulsó la erradicación de los ranchos y terminó prohibiendo las construcciones con tierra: “En lugar de mejorar las viviendas, se culpó al material. Se le puso una cruz a la tierra como si fuera la responsable de la pobreza, cuando en realidad el problema era otro”, señaló.
La arquitecta recordó que gran parte del patrimonio histórico argentino demuestra exactamente lo contrario: “Muchos edificios históricos, conventos e iglesias que todavía siguen en pie fueron construidos con tierra hace cientos de años. Nunca fue un material malo; simplemente fue reemplazado por otros que tuvieron mayor desarrollo comercial”.

Un material que regula la temperatura de manera natural
Más allá del impacto ambiental, Pulidori destacó que las viviendas construidas con tierra también ofrecen beneficios para quienes las habitan. La principal ventaja está en la capacidad que tiene este material para regular naturalmente la humedad y la temperatura interior: “La tierra tiene una propiedad llamada higroscopicidad. Absorbe el exceso de humedad del ambiente y eso hace que el confort térmico sea mucho mayor. Muchas veces no sentimos frío o calor solamente por la temperatura, sino por la humedad que hay en el aire”, explicó.
Por ese motivo, asegura que las viviendas mantienen condiciones más estables tanto en invierno como en verano, reduciendo incluso la necesidad de climatización artificial. Su propia casa es un ejemplo de ese modelo. Fue construida íntegramente con tierra y cuenta además con un techo verde. “Siempre digo que mi vivienda, el día que deje de existir, va a volver a formar parte de la tierra. Los materiales completan nuevamente su ciclo natural y prácticamente no generan residuos”, comentó.

Aunque muchas de estas formas de construir existen desde hace siglos, Pulidori explicó que hoy cuentan con estudios universitarios, laboratorios especializados y nuevas herramientas que permiten mejorar los procesos.
Entre las técnicas más utilizadas mencionó el adobe, la tapia pisada, los bloques de tierra comprimida y la quincha, esta última una de las más difundidas actualmente en el litoral por su compatibilidad con las estructuras de madera: “No son técnicas improvisadas. Hay universidades investigando estos sistemas, laboratorios especializados y profesionales de todo el país que trabajamos exclusivamente con construcción natural”, aseguró..

El desafío ahora está en Concordia
Mientras ciudades entrerrianas como Federación y Chajarí ya cuentan con ordenanzas que reconocen este tipo de construcciones, en Concordia todavía resta avanzar en ese aspecto.
Pulidori adelantó que en los próximos días volverán a presentar el proyecto para que la tierra sea incorporada oficialmente dentro de los materiales permitidos por el Código de Edificación: “No es que hoy esté prohibido construir con tierra porque no funcione; lo que falta es que el municipio la reconozca como un material apto dentro de la normativa”, explicó.
La arquitecta remarcó que en Concordia ya existen viviendas construidas con esta técnica, aunque muchas fueron levantadas antes de que la ciudad creciera o mediante autorizaciones especiales. Para ella, el objetivo no pasa solamente por ampliar las opciones constructivas, sino por cambiar la forma de pensar las ciudades: “Para nosotros ya no es una opción. Es una necesidad. Si queremos reducir el impacto ambiental, tenemos que empezar a construir de otra manera. Recuperar estos saberes también es pensar qué mundo queremos dejar para las próximas generaciones”, concluyó.
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Fuente: Despertar Entrerriano.






