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Entre Ríos exporta el 98% de su miel y se posiciona entre las principales productoras del país: hablamos con una apícola de Concordia

Entre Ríos exporta el 98% de su miel y se posiciona entre las principales productoras del país: hablamos con una apícola de Concordia

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Cuando se habla de producción agropecuaria, muchas veces se piensa en cultivos o ganadería. Sin embargo, hay otra actividad clave que ocurre en silencio y que tiene un rol fundamental tanto en la economía como en el equilibrio ambiental: la apicultura. Entre Ríos es una de las provincias más importantes del país en producción de miel, con miles de productores, cerca de un millón de colmenas y entre 14 y 15 mil toneladas producidas cada año. Para conocer cómo funciona este mundo, cómo se produce la miel y por qué las abejas son esenciales para la vida, Despertar Entrerriano dialogó con el apicultor Mario Sergio Smietuch, de Apícola El Indio, quien lleva casi cuatro décadas dedicado a esta actividad.

Cómo trabaja un apicultor y cómo nace una colmena

La apicultura es una actividad que requiere conocimiento, paciencia y una relación muy directa con la naturaleza. El trabajo del apicultor comienza mucho antes de que la miel llegue al frasco que se consume en los hogares. Mario Sergio Smietuch explica que el proceso arranca en primavera con la formación de nuevas colmenas. “Un apicultor empieza armando colmenas nuevas, lo que nosotros llamamos núcleos. Eso se hace generalmente en primavera. Después esas colmenas se trasladan a distintas praderas o zonas de floración, que pueden estar dentro de la provincia o incluso en otras provincias como Córdoba, Santa Fe, La Pampa o Buenos Aires”, contó.

Una vez instalada la colmena en el campo, comienza el trabajo de producción de miel. “Cuando la colmena está armada se le coloca arriba el material que llamamos alza melaria. Ahí es donde las abejas van acumulando la miel. Cuando esos panales ya están llenos se hace la cosecha en el campo, se levantan las alzas con miel y se las trae a la sala de extracción”, explicó.

Smietuch lleva 39 años dedicado a esta actividad y asegura que el trabajo diario combina observación constante y mantenimiento de las colmenas. “Por la mañana salimos al campo, recorremos los apiarios y revisamos qué necesita cada colmena. Vamos agregando material, controlando las reinas, viendo si la reina es nueva o si ya tiene cierta edad y conviene cambiarla para que la colmena siga siendo productiva”, relató.

Por qué Entre Ríos es una de las provincias líderes

Entre Ríos ocupa un lugar destacado en el mapa apícola del país. Según explicó Smietuch, una de las razones principales tiene que ver con la variedad de floraciones que ofrece la provincia. “Entre Ríos es de las primeras provincias en arrancar con la campaña apícola porque tenemos floración temprana de colza y citrus. Después viene la pradera y más tarde el eucaliptus. Eso hace que nuestra temporada sea más larga que en otras provincias”, explicó.

El ciclo productivo puede extenderse durante varios meses. “El citrus dura aproximadamente entre 25 y 30 días. Después la pradera puede durar alrededor de 45 días y el eucaliptus unos 60 días. Esa última parte suele darse entre marzo y abril, que ya es el final de la campaña”, detalló.

Según el apicultor, esa combinación de floraciones permite que la producción se extienda entre dos años calendario. “Nosotros hablamos de campañas, por ejemplo la campaña 25–26 o 26–27, porque empieza en un año y termina en el siguiente. Eso es algo que no pasa en muchas provincias”, explicó.

Además, la provincia cuenta con recursos naturales que ayudan a sostener la actividad. “Hoy las praderas son cada vez menos porque la agricultura avanzó mucho. Pero en Entre Ríos y parte de Corrientes tenemos muchas forestaciones de eucaliptus que ayudan muchísimo a la apicultura”, señaló.

El proceso para obtener la miel y la importancia de las abejas

El momento de la cosecha llega cuando los panales están completamente sellados por las abejas, lo que indica que la miel ya alcanzó el punto adecuado de maduración. “Se retiran de la colmena los panales que están operculados, es decir, sellados con una tapita de cera. Eso nos indica que la miel ya está lista y que no tiene humedad”, explicó Smietuch.

Luego comienza el proceso de extracción en la sala especialmente preparada para esa tarea. “Primero pasa por una máquina desoperculadora, donde se le saca esa tapita de cera al panal. Después se coloca en un extractor, que funciona parecido a un secarropas. Por fuerza centrífuga la miel sale del panal”, detalló.

Una vez extraída, la miel pasa por un proceso natural de limpieza. “Después la miel se bombea a un tanque de decantación y se la deja reposar de un día para otro. La miel tiene una virtud: sola va sacando las impurezas hacia arriba. Eso se retira y luego se envasa en tambores de aproximadamente 350 kilos”, explicó.

Gran parte de la miel argentina se exporta, lo que demuestra su reconocimiento a nivel internacional. “En el país se producen alrededor de 100 mil toneladas de miel por año. Lo curioso es que se exporta casi todo: queda apenas un 2% para consumo interno. La mayor parte se va a Europa y a Estados Unidos porque la miel argentina es muy valorada”, señaló.

Más allá de la producción de miel, el rol de las abejas es fundamental para el equilibrio ambiental y para la producción de alimentos. Smietuch lo explica con una frase contundente. “Las abejas cumplen un papel fundamental en la polinización. Nosotros, además de producir miel, ayudamos a cuidar parte del planeta. Sin abejas la humanidad no duraría más de cuatro o cinco años”, afirmó.

El motivo es que gran parte de los cultivos depende de ese proceso natural. “Todo cultivo que florece necesita ser polinizado. Gracias a las abejas se generan semillas y frutos. Si no fuera por ellas, gran parte de la agricultura no existiría”, explicó. Por ese motivo, el cuidado de las colmenas es una tarea constante durante todo el año. “En invierno la abeja no produce miel, pero el apicultor sigue trabajando. Tenemos que controlar enfermedades y alimentarlas, porque hoy ya no encuentran tantos recursos naturales como antes”, señaló.

Para sostener las colmenas se utilizan suplementos que reemplazan lo que antes la naturaleza ofrecía de manera abundante. “Muchas veces tenemos que darles sustitutos como glucosa de arroz, azúcar o tortas proteicas que reemplazan el polen. Si no las alimentamos correctamente, las colmenas no sobreviven”, explicó.

Amenazas para las abejas y desafíos de la actividad

Uno de los principales problemas que enfrentan hoy las abejas está relacionado con el uso de agroquímicos en la agricultura. “Las fumigaciones con productos muy agresivos son una de las amenazas más grandes. La abeja es un insecto muy sensible y puede morir fácilmente por contacto con insecticidas”, advirtió Smietuch.

Según contó, este problema se ha visto recientemente en la región. “Hace poco hubo fumigaciones en la zona de Yuquerí y murieron muchas colmenas cerca de una forestación. Eso fue denunciado porque realmente genera un daño muy grande”, relató.

A esto se suman los cambios climáticos, que también afectan el comportamiento de las abejas. “Los inviernos ya no son como antes. Antes uno cerraba la colmena en mayo y la volvía a abrir en septiembre. Hoy tenemos que recorrerlas cada quince días porque el clima es muy irregular”, explicó.

Las variaciones de temperatura generan confusión en las abejas. “Hay días cálidos en pleno invierno y la abeja sale a volar pensando que ya llegó la primavera. Consume miel para salir, pero no encuentra flores afuera y vuelve sin alimento. Por eso tenemos que intervenir nosotros”, detalló.

A pesar de estos desafíos, Smietuch insiste en el valor de la actividad y en la importancia de consumir miel. “La miel es un alimento natural, muy sano y muy valorado en el mundo. Por algo la mayor parte de la producción argentina se exporta. Es un producto noble que vale la pena incorporar más en la alimentación cotidiana”, concluyó.

Fuente: despertar Entrerriano

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