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De Concordia a Miami: tres jóvenes bailarinas que llevaron su talento y sus sueños más allá de la ciudad

De Concordia a Miami: tres jóvenes bailarinas que llevaron su talento y sus sueños más allá de la ciudad

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Charo, Ernestina y Manuela tenían entre tres y siete años cuando comenzaron a bailar y hoy, después de años de formación, disciplina y muchas horas de entrenamiento, tuvieron la oportunidad de viajar a Miami para capacitarse con maestros internacionales. En diálogo con Despertar Entrerriano y acompañadas de la directora y profesora de la academia Pavlovha Andreina Cartajena, contaron cómo fue su experiencia con lujo de detalle.

Para algunas personas, bailar puede ser simplemente una actividad extracurricular. Para Charo Inés González Fontaine, Ernestina Losco y Manuela González Cartajena, en cambio, la danza forma parte de su vida desde que eran muy pequeñas. Las tres forman parte de Academia de Danzas Pavlovha, dirigida por Andreina Cartajena, y recientemente vivieron una experiencia que difícilmente olvidarán: participaron de capacitaciones internacionales en Miami luego de haber obtenido becas a partir de su participación en un summer realizado en Río de Janeiro. Con apenas algunos años de diferencia entre ellas, comparten algo que aparece una y otra vez cuando cuentan su historia: las ganas de seguir bailando.

Una pasión que empezó desde chicas

Charo comenzó a bailar a los cuatro años. “Desde ahí me encantó y no quise parar más”, contó. Ernestina, por su parte, arrancó en Pablova alrededor de los siete años, aunque ya hacía danza desde pequeña. Para ella, la academia terminó convirtiéndose en un lugar de encuentro y bienestar: “Es como que ir todos los días te pone de buen humor. Capaz tuve el peor día, pero voy y estoy yo solamente por eso”.

Manuela comenzó todavía antes, a los tres años. Su vínculo con el baile también se trasladó a su casa, donde junto a su hermano solía bailar cada vez que su mamá ponía música: “Me encantó la experiencia, fue muy lindo y espero nunca dejar de bailar”, aseguró. Y detrás de ellas también está Andreina Cartajena, quien dirige la academia y baila desde los cuatro años. Su historia tiene un punto en común con la de sus alumnas: nunca dejó de hacerlo.

Según explicó Andreina, después de la pandemia la academia comenzó a aprovechar distintas oportunidades de capacitación internacional. El acceso a maestros y experiencias que antes parecían lejanas se volvió más posible y, desde entonces, uno de los objetivos fue funcionar como un puente para que las bailarinas pudieran seguir creciendo. En ese camino apareció Alice, una maestra radicada en Estados Unidos que trabaja para visibilizar el talento de bailarines latinoamericanos y conectar a jóvenes con oportunidades de formación internacional.

Las tres alumnas participaron en enero de este año de un summer en Río de Janeiro, experiencia que les permitió acceder posteriormente a becas de estudio en Miami. Charo y Ernestina realizaron una capacitación de una semana en Sanctuary of the Arts, mientras que Manuela tuvo una experiencia de dos semanas que también incluyó formación en el Miami City Ballet, una de las compañías más reconocidas de Estados Unidos. Para ellas, el viaje significó mucho más que tomar clases.

Nuevas técnicas, nuevos maestros y hasta flamenco

La rutina que encontraron en Miami tenía algunas diferencias con la que conocen en Concordia. Las jornadas comenzaban temprano con clases de ballet y continuaban con distintos entrenamientos y coreografías: “Enseñaban otras técnicas. No hacemos las mismas técnicas acá que allá”, explicó Ernestina, quien destacó especialmente el contacto con la técnica cubana y con maestros estadounidenses. También tuvieron la posibilidad de acercarse a disciplinas que no forman parte de su entrenamiento habitual, como el flamenco: “Aprendimos a manejar los tacos y el abanico con el flamenco. Fue una experiencia muy linda”, contó Charo.

El intercambio cultural también fue parte fundamental de la experiencia. Compartieron clases con bailarines de Brasil, México, Uruguay y Paraguay, además de encontrarse con maestros provenientes de distintos países de Latinoamérica. Incluso el idioma terminó siendo parte del aprendizaje. Aunque algunas clases eran completamente en inglés, otras estaban a cargo de maestros cubanos, mexicanos, venezolanos, argentinos o brasileños. Andreina explicó que, más allá de las diferencias idiomáticas, existe un lenguaje común dentro de la danza: “La danza tiene un solo lenguaje. Todos los nombres de los pasos son en francés y en danza ya son todos en inglés”.

Para las tres jóvenes, uno de los aprendizajes más importantes tuvo que ver con la confianza y la perseverancia. Manuela comentó: “Nunca tenés que rendirte porque en algún momento vas a llegar y lo vas a lograr”. Para Andreina, ese proceso cotidiano es precisamente uno de los grandes valores de la danza. Sus alumnas entrenan más de tres horas por día, además de ensayar y continuar trabajando en sus casas: “La danza es una disciplina que busca la excelencia y que hacemos a través de la misma acción repetida muchas veces. No habla solamente de una acción, sino de un hábito”, sostuvo. Y ese hábito, explicó, también puede ser una herramienta para los niños y adolescentes: tener algo que los movilice, los motive, los enamore y les enseñe a atravesar la frustración y respetar los procesos.

Concordia también viaja con ellas

La experiencia tuvo además un componente que excede lo artístico. En cada lugar al que llegaron, las jóvenes tuvieron que explicar de dónde venían: “Muchos se interesan por saber desde dónde venimos, quiénes somos y qué hacemos”, contó Andreina, quien destacó que este tipo de experiencias también permite que Concordia empiece a ser conocida en otros espacios internacionales vinculados a la danza. Pero además se construyeron vínculos. Las bailarinas conocieron compañeros con quienes ya mantienen contacto y con quienes volverán a encontrarse en futuras capacitaciones.

Por eso, la directora también invita a que otras academias y bailarines de Concordia se animen a buscar este tipo de oportunidades: “Quién te dice que podemos organizar y decir: vamos a un summer y vamos varios de acá como delegación de Concordia, sin la camiseta de la institución de cada uno”, propuso.

Cuando llega la pregunta inevitable sobre el futuro, ninguna de las tres duda demasiado: quieren seguir vinculadas al arte. Charo se imagina haciendo algo relacionado con la danza. Ernestina tampoco sabe todavía si quiere formar parte de una compañía, pero sí tiene claro que quiere continuar dentro del mundo artístico, entre la danza, la actuación y otras disciplinas. Manuela sueña con volver a vivir experiencias como la de Miami y seguir creciendo. Una frase que escuchó de una maestra cubana durante una clase quedó especialmente marcada en ella: “No hay nada más lindo que te paguen por hacer lo que te gusta”.

Andreina también se permite imaginar el futuro, aunque desde otro lugar: “Me imagino en cinco años en una platea aplaudiendo a algunas de mis bailarinas estando en una compañía. Poder estar en una platea y decir: ‘ella estuvo en casa’”, finalizó..

Fuente: Despertar Entrerriano

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