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Consultamos al Secretario de Desarrollo Urbano por el esquema de organización de mantenimiento de calles en los barrios de Concordia

Consultamos al Secretario de Desarrollo Urbano por el esquema de organización de mantenimiento de calles en los barrios de Concordia

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La red vial de Concordia enfrenta un mantenimiento constante y múltiples desafíos propios de las condiciones del terreno, el clima y la circulación diaria. Según explicó Alejandro López, secretario de Desarrollo Urbano del municipio en diálogo con Despertar Entrerriano, el trabajo de reparación y conservación incluye bacheo, perfilado, aporte de ripio y paso de máquinas, siempre priorizando las zonas más afectadas.

“No podemos pasar por todas las cuadras. Se trabaja en los accesos, arterias y sectores con mayor circulación o que presentan más deterioro. Eso se define desde la Secretaría en base a relevamientos permanentes y también teniendo en cuenta los reclamos que nos llegan”, explicó López.

Planificación y dinámica de trabajo

En el caso de las calles pavimentadas, el municipio dispone de cinco cuadrillas especializadas. Estas cuadrillas trabajan en distintos momentos de cada obra: desde la demolición del pavimento roto hasta la preparación de la base, la colocación del nuevo hormigón o asfalto y, finalmente, la compactación y terminación. El objetivo es que ningún bache quede abierto más tiempo del necesario y que, sobre todo, no queden intervenciones inconclusas durante los fines de semana, cuando la circulación es mayor.

Normalmente, todas trabajan de manera secuencial en una misma obra o sector, para no dejar baches abiertos. Sin embargo, si los recursos lo permiten, pueden trabajar en paralelo en dos o hasta tres frentes distintos (por ejemplo, dos barrios con bacheo programado más una urgencia).

El equipamiento disponible para estas reparaciones incluye retropalas, que se encargan de remover los restos del pavimento dañado, y canguritos, que son compactadores de mano muy útiles para espacios reducidos donde las máquinas más grandes no pueden trabajar. También cuentan con un compactador combinado de asfalto, que se encarga de dejar la superficie lisa y resistente, además de una planta asfáltica que produce el material en caliente y una planta de hormigón para reparaciones profundas, cordones y badenes. López explicó que “la elección entre asfalto u hormigón depende del tipo de calle y del tiempo que puede permanecer cerrada al tránsito: mientras que el hormigón requiere al menos dos semanas para fraguar, el asfalto permite habilitar la circulación casi de inmediato”.

En las calles sin pavimentar, el esquema de trabajo es distinto. No existen cuadrillas fijas, sino equipos que se arman cada día en función de las necesidades detectadas y la disponibilidad de recursos. La tarea principal es el perfilado del suelo, el reparto de ripio y la compactación, para que la calle quede transitable aunque no esté pavimentada. Las motoniveladoras cumplen un rol central porque emparejan la superficie y dan pendiente para que el agua de lluvia escurra, mientras que los camiones trasladan el ripio necesario para reforzar los sectores más dañados. Las excavadoras orugas intervienen cuando hace falta abrir zanjas para drenaje o colocar caños; las palas cargadoras y retropalas ayudan a mover el material acumulado o quitar obstáculos; y los camiones cisterna mojan la tierra antes del paso de las máquinas, evitando el polvo y facilitando la compactación. El compactador pata de cabra deja el terreno firme, reduciendo la formación de pozos, y el carretón permite trasladar las máquinas más grandes entre barrios.

Toda esta planificación depende de un seguimiento diario. La Secretaría de Desarrollo Urbano define qué zonas priorizar “combinando la información de relevamientos propios, las condiciones del clima y los reclamos de los vecinos” declaró López. Después de cada obra, personal del municipio recorre los sectores intervenidos para verificar que el trabajo se haya completado correctamente y que la calle quede en condiciones.

El secretario aclaró que se trata de un trabajo que “no se termina nunca” porque el desgaste es permanente. “Reparás un sector y después aparece otro problema en otro lado. Las calles se rompen por el uso, por el tránsito pesado, por la lluvia y otros factores que las van deteriorando”, indicó.

Los reclamos de los vecinos llegan todos los días, sobre todo después de episodios de lluvia intensa. Según la secretaría, la demanda siempre pasa los 5 reclamos por día, superando a la capacidad operativa del municipio. Frente a esto, se priorizan accesos, avenidas y arterias más transitadas, y después se avanza sobre calles internas o zonas menos críticas.

Ripio y tierra colorada: por qué se utiliza y cuáles son sus limitaciones

En calles sin pavimentar, el municipio utiliza ripio para mejorar la transitabilidad. Sin embargo, el material disponible tiene ciertas características propias de la región. “El ripio que conseguimos tiene un componente arcilloso que le da cohesión: si solo usáramos piedra o arena, quedaría suelto y no serviría. La parte colorada es la que tiene más arcilla y es necesaria para que el suelo se compacte”, explicó López.

Este mismo componente genera problemas cuando cambia la humedad: si hay mucha lluvia, el camino se vuelve barroso; si falta humedad, se levanta polvo fino.

“No contamos con el mejor ripio, pero es el que tenemos disponible. Lo ideal sería pavimentar, pero eso implica un costo muy alto que hoy el municipio y los vecinos no pueden asumir”, detalló.

El funcionario mencionó que existe un plan para sumar asfalto y cordón cuneta, aunque siempre “muy por detrás de las necesidades”.

El paso de máquinas y la necesidad de colaboración vecinal

El mantenimiento también incluye el trabajo de máquinas que emparejan calles de tierra y distribuyen ripio. Pero en muchos casos, su paso se complica por la presencia de autos estacionados. “Necesitamos que los vecinos colaboren liberando la calle cuando pasan las máquinas. Si los autos no se mueven, las máquinas no pueden hacer su trabajo, y después llegan reclamos porque no pasaron”, señaló López. Sin embargo, el contacto con los vecinos no siempre es claro: no hay un ordenamiento formal o un sistema que avise de manera anticipada cuándo van a pasar las máquinas.

Siguiendo en línea con el tema del compromiso vecinal, la misma lógica aplica a la disposición de residuos voluminosos, como ramas y escombros. “Los vecinos deben coordinar cuándo sacan ramas. A veces se poda un árbol entero y se dejan las ramas en la calle sin avisar, como si el municipio tuviera que adivinar. Eso no funciona así: debe organizarse para que podamos retirarlas o contratar un privado en casos grandes”, explicó.

Un trabajo compartido

Finalmente, el secretario subrayó que el mantenimiento de la ciudad requiere la acción del municipio pero también el compromiso ciudadano. “Podemos tener el mejor esquema de trabajo, pero sin la colaboración de los vecinos no alcanza. Necesitamos que cada uno aporte desde su lugar para que Concordia sea una ciudad más limpia, ordenada y segura para todos”, concluyó.

Fuente: Despertar Entrerriano

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