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Chiqui, la cotorra que se volvió viral: la historia del pichón que luchó para sobrevivir

Chiqui, la cotorra que se volvió viral: la historia del pichón que luchó para sobrevivir

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Una joven la cuidó después de que su perro la atacara durante un paseo. El registro cotidiano de su recuperación se convirtió en la motivación de una comunidad de seguidores que celebran cada logro, cada ocurrencia y cada nuevo paso.

Cuando Valentina Acevedo recibió el mensaje de su hermana, pensó que se trataba de una foto más de Bingo, el perro de la familia. Pero lo que apareció en la pantalla era algo completamente distinto. Entre los dientes del animal había un pichón diminuto, lastimado y casi sin fuerzas para moverse. Lo encontró durante uno de sus paseos habituales y nadie entendía muy bien cómo seguía con vida.

En ese momento, la sensación general era que no iba a sobrevivir. Sin embargo, mientras algunos pensaban qué hacer con con el pichón, Valentina sintió algo completamente diferente. “Lo primero que pensé fue: ‘Necesito que sobreviva’”, recuerda. No sabía cómo cuidar un pájaro, nunca había atravesado una situación parecida y tampoco tenía certezas sobre su estado. Pero algo la llevó a involucrarse de inmediato.

De un rescate improvisado a una rehabilitación inesperada
Lo que siguió fue una carrera, un aprendizaje acelerado. Durante las primeras horas comenzó a buscar información, consultar veterinarias y comunicarse con especialistas para entender cómo alimentarlo y mantenerlo con vida. Conseguir comida adecuada se convirtió en una de sus principales preocupaciones, aunque finalmente logró acceder a una pasta de embuche para psitácidos, el grupo al que pertenecen las cotorras y los loros, y empezó a aprender sobre la marcha.

“Tenía miedo de hacer algo mal, de que se atragantara o de no estar alimentándolo correctamente”, menciona. Sin embargo, mientras ella intentaba descubrir cuál era el siguiente paso, había algo que la sorprendía: pese a su fragilidad, Chiqui parecía aferrarse a la vida. “Nunca sentí que se estuviera rindiendo. Siempre tuvo unas ganas enormes de vivir”, asegura.

A medida que Chiqui crecía, empezaron a aparecer señales de que los desafíos no terminaban en la alimentación. Aunque el pichón mostraba energía y ganas de vivir, algo estaba funcionando mal: sus patitas. Lo descubrieron en la veterinaria especializada en animales exóticos, donde observaron una dificultad en la forma en que se apoyaba y se movía.

Esto encendió las alarmas en el momento en que Valentina intentaba conseguir ayuda profesional porque se acercaban sus vacaciones. “Estaba desesperada por conseguir un turno”, dice. Finalmente logró que un veterinario evaluara el cuadro y comenzara un tratamiento. También descubrieron que las patas se habían soldado torcidas, una situación que complicaba todavía más su movilidad.

Pero el diagnóstico no fue lo único que la golpeó. Durante una de las consultas recibió una respuesta quela entristeció. El veterinario le explicó que, si se hubiera tratado de una especie más valorada, tal vez valía la pena intentar más alternativas pero, al tratarse de una cotorra (considerada plaga en algunos lugares) no veía demasiado sentido en destinar tantos esfuerzos a su recuperación. “Esa respuesta me golpeó muchísimo”, admite.

Lejos de resignarse, decidió seguir buscando ayuda, y fue entonces cuando apareció una veterinaria que se enfocó en las posibilidades de recuperación de Chiqui.

«Lo trató como a un bebé“, detalla feliz Valentina. “Me explicaba cómo alimentarla, cómo estimularla y cómo trabajar la movilidad de sus patas. Me transmitía esperanza”.

A partir de ese momento comenzó una rehabilitación tan intensa como poco habitual para Chiqui. Entonces, el objetivo ya no era solamente que sobreviviera, sino intentar que pudiera desarrollar la mayor autonomía posible. Cada pequeño avance se celebraba como un logro y cada dificultad implicaba buscar nuevas alternativas.

Entre las herramientas que formaron parte del tratamiento estuvieron unos pequeños zapatitos de cartón diseñados para ayudarlo a abrir los dedos y mejorar la posición de las patas. La idea surgió por recomendación veterinaria, ya que Chiqui tendía a mantener los dedos contraídos, lo que dificultaba aún más sus movimientos.

La caminadora, en cambio, nació de la observación y la creatividad de Valentina. Mientras convivía con Chiqui, notó que tenía mucha fuerza en el pico y que una de las patas respondía mejor que la otra. Entonces decidió improvisar una pequeña estructura para estimularlo a ejercitarse. “Pensé que podía aprovechar esa fortaleza para ayudarla a moverse y ganar autonomía”, explica.

Lo que siguió fueron semanas de ejercicios, estimulación y trabajo constante. Un proceso lento, lleno de incertidumbres, pero que poco a poco empezó a mostrar resultados que parecían impensados cuando aquel pequeño pichón llegó a su vida sobre una servilleta.

Con personalidad
Con el paso de los meses, la recuperación de Chiqui no solo permitió descubrir avances físicos, sino que empezó a aparecer algo que terminó conquistando a quienes seguían su historia: su personalidad.

Chiqui se convirtió en un integrante más de la familia, con hábitos, caprichos y costumbres propias. Según cuenta Valentina, pasa gran parte del día acompañándola y no lleva nada bien las separaciones. “Cuando desaparezco cinco minutos, aunque sea para bañarme, ya empieza a llamarme. Hace sus ruiditos hasta que vuelvo», relata.

Además, la convivencia diaria también le permitió descubrir algo que jamás había imaginado. “Estamos acostumbrados a escuchar historias de perros o gatos, pero convivir con Chiqui me hizo entender que las aves también tienen humor, preferencias y formas muy particulares de vincularse con las personas”, sostiene.

El vuelo que parecía imposible
Pero hubo un momento que resumió todo el esfuerzo de meses de rehabilitación. Después de los diagnósticos, las sesiones de fisioterapia y los ejercicios caseros ocurrió algo que durante mucho tiempo parecía fuera de alcance, y es que finalmente Chiqui voló.

Valentina recuerda ese día con absoluta claridad. Durante meses había escuchado pronósticos poco alentadores sobre sus posibilidades de desarrollo, por eso cuando finalmente lo vio despegar, la emoción fue imposible de contener.

“La verdad es que no lo podía creer. Sentí una mezcla de sorpresa, felicidad y emoción enorme”, cuenta. Para cualquiera podía parecer un vuelo breve, apenas unos metros en el aire, pero para quienes habían acompañado todo el proceso significaba mucho más. Era la confirmación de que aquel pichón seguía rompiendo límites.

El mensaje detrás de Chiqui
Con su historia, también vino la popularidad. Lo que comenzó como un registro cotidiano de su recuperación terminó convirtiéndose en una comunidad de seguidores que celebran cada logro, cada ocurrencia y cada nuevo paso.

La conexión iba mucho más allá de la ternura: muchas personas le escriben a Valentina para contarle historias de mascotas rescatadas, pero también experiencias personales. Relatos de quienes atraviesan dificultades, cambios de vida o momentos de incertidumbre y encuentran en Chiqui una especie de espejo. “La gente ve a alguien que tiene dificultades y que, aun así, sigue adelante”, reflexiona.

Después de meses acompañando su recuperación, hay una enseñanza que resume todo lo vivido. No tiene que ver con los vuelos, las redes sociales ni la repercusión alcanzada. Tiene que ver con el presente. “No sabíamos si iba a sobrevivir, si iba a caminar o si iba a volar. Lo único que podíamos hacer era ocuparnos del siguiente paso”, dice. Por eso, si tuviera que resumir todo lo que aprendió junto a él en una sola frase, elegiría una muy simple: “Aquí y ahora”.

Fuente: TN

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