Arandú; el espacio cultural que hace años construye comunidad desde el arte, el encuentro y la autogestión
Con una propuesta que combina cultura, economía social y participación comunitaria, el Centro Cultural Arandú se consolidó como uno de los espacios autogestionados más activos de Concordia. En diálogo con Despertar Entrerriano, su presidente Rubén Salamone repasó la historia del proyecto, explicó cómo se sostiene económicamente y detalló las múltiples actividades que hoy le dan vida a un lugar que ya se volvió punto de encuentro para cientos de concordienses.
Un espacio que nació para emprendedores y se transformó en mucho más
Lo que hoy muchos conocen como Centro Cultural Arandú comenzó hace casi 13 años con una idea mucho más vinculada a la economía social. Según explicó Rubén Salamone, presidente de la Asociación de Emprendedores Arandú, el proyecto surgió inicialmente como un espacio pensado para artesanos, productores y trabajadores de oficios que necesitaban un lugar donde exhibir y vender lo que hacían: “Nosotros nacemos con la idea de que sea un espacio para todo lo que tenía que ver con la economía social. Veníamos trabajando con artesanos, manualistas, productores de alimentos y distintos emprendedores, y entendimos que necesitábamos formalizarnos para consolidarnos como grupo y poder gestionar desde otro lugar”, relató.
Sin embargo, con el correr del tiempo, el espacio comenzó a ampliarse y a incorporar nuevas dimensiones. Fue allí cuando apareció una necesidad inesperada: preservar y transmitir saberes culturales que corrían riesgo de perderse: “Una de las integrantes del espacio, una señora que hacía cestería en isipó, me dijo que necesitaba transmitir lo que sabía porque si no ese conocimiento se iba a perder. Ahí entendimos que no podíamos pensar solo en economía social: había un valor cultural enorme en todo eso que también había que sostener”, recordó.
A partir de ese momento, Arandú dejó de ser únicamente un lugar para emprendedores productivos y comenzó a abrir sus puertas también a artistas, músicos, escritores, actores y gestores culturales.
Talleres, teatro, música y comunidad: qué actividades se desarrollan en Arandú
Actualmente, Arandú funciona como un espacio abierto a múltiples expresiones artísticas y sociales, donde conviven talleres, encuentros culturales, espectáculos y propuestas formativas de diversa índole: “Hoy acá se hace teatro, literatura, talleres de murga, candombe, música en vivo, exposiciones, poesía, fotografía. Nosotros no le decimos a nadie qué puede o no puede hacer. Cada uno viene y se expresa como quiere. Después será el público quien lo acepte o no, pero nuestra tarea es abrir la puerta para que eso suceda”, explicó Salamone.
Además del aspecto artístico, el referente destacó que el espacio fue construyendo con el tiempo una identidad propia basada en el encuentro humano, la cercanía y el sentido de pertenencia: “Se generó algo que va más allá de la actividad cultural. Mucha gente siente esto como una familia. Acá vienen con sus hijos, festejan cumpleaños, se juntan a comer, ayudan cuando alguien necesita una mano. Hay una lógica comunitaria que se fue armando sola y que hoy es parte fundamental de Arandú”, sostuvo.

Para Salamone, uno de los valores más importantes del lugar es justamente ofrecer un ámbito donde las personas puedan volver a encontrarse cara a cara en tiempos marcados por la virtualidad: “Hoy estamos todos atravesados por el celular y por la inmediatez. Acá defendemos mucho la idea de mirarnos a la cara, de conversar, de compartir una mesa, un café o una actividad sin esa barrera de por medio. Parece simple, pero hoy eso vale muchísimo”, afirmó.
Sin subsidios y con un gran sueño pendiente: ¿cómo se financia Arandú?
Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la charla fue conocer cómo logra sostenerse económicamente un espacio de estas características sin financiamiento estatal regular.
Según detalló Salamone, Arandú funciona de manera completamente autogestionada y no recibe subsidios permanentes de ningún organismo: “Existe una confusión bastante generalizada de que nosotros estamos subsidiados por algún ente, pero no es así. No recibimos aportes de provincia, municipio ni nación. Todo lo que se hace acá se sostiene con recursos generados por el propio espacio”, aclaró.

La principal fuente de ingresos proviene de la cantina, y la cocina del lugar, además de los aportes que realizan quienes utilizan el espacio para talleres o actividades: “La cantina y la cocina son lo que nos permite sostener aproximadamente el 80% de los gastos. Con eso pagamos alquiler, servicios, mantenimiento y todo lo que implica sostener el lugar funcionando. Acá no se generan ganancias: se genera lo necesario para que el espacio siga existiendo”, explicó.
En ese marco, Salamone reconoció que el gran objetivo a futuro es poder contar con una sede propia: “Arandú necesita y se merece tener un lugar propio. Después de 13 años de trabajo, creemos que el espacio ya le dio muchísimo a la comunidad. Tener una sede propia significaría dejar de estar pensando todos los meses en el alquiler y poder invertir esos recursos en mejorar actividades, equipamiento y propuestas para la gente”, expresó.
Mientras tanto, el grupo continúa proyectando mejoras, nuevas actividades y propuestas especiales de cara al aniversario número 13 del espacio, que se celebrará en octubre: “Nos sobran ideas, proyectos y ganas. Si después de casi 13 años seguimos acá es porque hay mucha gente que cree en esto y porque sentimos que todavía tenemos mucho para ofrecerle a la comunidad”, concluyó.
Fuente: Despertar Entrerriano.








