American Park llegó a Concordia: así es la vida detrás del parque que nunca deja de viajar
Detrás de las luces, la música y la adrenalina de American Park hay mucho más que juegos: hay una historia familiar que transmite su legado de generación en generación, sostenida por una forma de vida marcada por el movimiento constante entre ciudades. Para adentrarnos en ese mundo, Despertar Entrerriano conversó con Siro Pereira, uno de los referentes del parque de diversiones, quien contó cómo es vivir en permanente viaje, qué implica trasladar estructuras de estas dimensiones a lo largo del país y cómo una tradición familiar logra mantenerse vigente desde hace más de 70 años.
De generación en generación, una historia que no se detiene
El parque que hoy funciona en Concordia no es solo un espacio de entretenimiento: es el resultado de una tradición familiar que se sostiene desde mediados del siglo pasado y que, con el paso del tiempo, logró adaptarse sin perder su esencia. Según relató Siro, el origen se remonta a los años 50, cuando los bisabuelos del actual dueño dieron los primeros pasos en esta actividad, que luego continuaron sus hijos y que hoy permanece en manos de una tercera generación: “Esta empresa ya es tercera generación. Empezaron los abuelos en los años 50, después siguieron los padres y ahora está Martín el hijo. Y seguramente después seguirán sus hijos”, explicó.
Esa historia no solo se refleja en la estructura del parque, sino también en quienes forman parte de él. Muchos trabajadores llevan años —incluso décadas— dentro de este mundo, creciendo junto al propio desarrollo del espacio. “Yo arranqué desde abajo, como maquinista, y fui aprendiendo con los años. Hoy soy representante, encargado, administrador… un poco de todo”, contó.

Pero detrás de cada función, de cada juego en marcha, hay una forma de vida particular que no todos conocen. El parque está integrado por unas 30 personas que conviven, trabajan y se acompañan día a día, formando una dinámica que va mucho más allá de lo laboral. “Somos una familia en gira. Estamos todo el día juntos, si uno se enferma lo ayudamos, si alguien tiene un problema lo resolvemos entre todos. Para vivir de esto te tiene que gustar, sino es imposible”, sostuvo.
Esa lógica se sostiene en el movimiento permanente. Cada ciudad representa una etapa que, tarde o temprano, llega a su fin. “Llegás a un lugar y sos furor, pero eso dura dos o tres meses. Después hay que levantar todo y seguir”, explicó. En ese sentido, Concordia forma parte de ese recorrido: el parque permanecerá durante algunas semanas antes de continuar su ruta hacia nuevos destinos.
El traslado, sin embargo, no es una tarea menor. Con el paso de los años, la logística fue evolucionando, permitiendo optimizar tiempos y garantizar mayor seguridad. “Antes se desarmaba todo pieza por pieza, era un trabajo enorme. Hoy cada máquina es un semi: la bajás, la armás y listo. Eso nos da rapidez y seguridad”, detalló, dando cuenta del nivel de organización que requiere sostener esta actividad.
En su paso por nuestra ciudad, el parque presenta una parte de su estructura total, ya que cuenta con más juegos que se van rotando según las condiciones de cada ciudad. “Trajimos las máquinas más prácticas, las que se pueden armar rápido. Tenemos otras más grandes, pero requieren más tiempo y logística”, señaló.
En paralelo, los traslados también presentan desafíos propios del camino, desde cuestiones técnicas hasta imprevistos en ruta. “Cuando estamos viajando no dormimos, estamos pendientes de cada camión, de cada detalle. Es la parte más dura de este trabajo”, explicó, evidenciando el nivel de exigencia que implica sostener este ritmo.
Un recorrido por el país y una propuesta para toda la familia
A lo largo de su historia, el parque ha recorrido prácticamente toda la Argentina, enfrentándose a realidades muy diversas en cada ciudad. No en todos los lugares la respuesta es inmediata, lo que obliga a adaptarse y a construir el vínculo con el público desde cero. “Hay lugares donde la gente no es de parque, no está acostumbrada. Nos pasó de armar todo y que la gente se quedara mirando desde afuera, tomando mate, sin entrar”, recordó.
Sin embargo, con el paso de los días, esa distancia inicial suele transformarse en cercanía. “Después terminan entrando, se enganchan, vuelven, y hasta te piden que te quedes más tiempo. Es cuestión de mostrar que esto es para la familia, para disfrutar”, agregó, destacando el rol del parque como espacio de encuentro.
La propuesta es amplia y pensada para todas las edades. “Hay juegos fuertes como el kamikaze doble, el samba o el barco, pero también opciones familiares como la rueda panorámica, las sillas voladoras y todos los juegos infantiles”, comentó. La idea, según explicó, es que cada integrante de la familia encuentre su espacio dentro del parque. En esa misma línea, destacó que la experiencia no se limita únicamente a subir a los juegos. “El que no quiere subir puede quedarse tomando mate, mirando, compartiendo. Es una experiencia completa para la familia”, afirmó.
Actualmente, el parque funciona de jueves a domingo, con una propuesta accesible en cuanto a precios. “El boleto infantil está en 4.000 pesos, el de adultos en 5.000, y hay promociones como cinco juegos por 20.000 pesos”, detalló.
Finalmente, valoró el paso por la ciudad y el vínculo generado con el público local. “Concordia es hermosa, la gente nos recibió muy bien. En poco tiempo ya hicimos muchos amigos, eso también es parte de lo lindo de este trabajo”, expresó. Así, entre rutas, historias y encuentros, el parque continúa su recorrido, combinando tradición, esfuerzo y adaptación constante, en una forma de vida que sigue girando, literalmente, generación tras generación.
Fuente: Despertar Entrerriano.









