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Daniel Stella: «La Antártida es un ejemplo para el mundo de convivencia, de paz y de apoyo científico, la Antártida es el futuro»

Daniel Stella: «La Antártida es un ejemplo para el mundo de convivencia, de paz y de apoyo científico, la Antártida es el futuro»

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Como días pasados se conmemoró el Día de la Antártida Argentina, desde Despertar Entrerriano nos comunicamos con Daniel Stella, veterano de la guerra de Malvinas, y quien además estuvo sirviendo en la Base Esperanza de la Antártida en 1983, con su familia.

El Día de la Antártida Argentina conmemora la inauguración, el 22 de febrero de 1904, del Observatorio Meteorológico en la Isla Laurie, Orcadas del Sur, que luego sería la Base Orcadas, un hito histórico que marcó el inicio de la permanencia ininterrumpida de la Argentina en la Antártida.
Durante su estancia en la Antártida, Stella era segundo jefe de la base y como tal debía controlar y participar en las diferentes actividades. Se trasladó con su esposa y sus hijos de 9 y 7 años, y estuvieron allí un año.

-¿Cómo o porqué fue a la Antártida con toda su familia?

«Yo estaba destinado en Uspallata en una unidad de montaña, ya que soy especialista en montaña, y me entusiasmó la idea de poder ir a la Antártida como una experiencia, como un desafío, como una aventura; afortunadamente mi familia estaba de acuerdo, entonces nos anotamos y fuimos aceptados y esto fue en el año 81. Uno para ir a la Antártida tiene que hacer un curso que dura un año, ese curso tiene actividades para todos los que van; a mí me tocaba ir a la base que iba con familia, por lo tanto las esposas también hacían un curso, porque allá tienen que trabajar, tienen que hacer una actividad. Lamentablemente cuando empezó el curso, que era 1º de abril del 82, el dos se suspendió porque empezó el tema de Malvinas, así que todos los que estábamos haciendo el curso nos tocó que nos mandaran a distintos lugares y a mí me tocó el Regimiento 5 que posteriormente a fines de abril se trasladó a Malvinas y permaneció allá durante toda la guerra. Cuando volvimos retomamos el curso y es así como en diciembre del 82 nos fuimos para la Base Antártica Esperanza, que es una base donde va la familia, cosa que no pasa en el resto de las bases donde siempre van hombres solos».

-¿Cómo fueron los inicios allí? ¿Qué es lo que más les costó al trasladarse hasta allí?

«Nosotros somos de la montaña así que con mi familia, habíamos estado destinados en lugares bastantes fríos e inhóspitos, como Las Lajas en Neuquén, en Uspallata en Mendoza; y todos estábamos preparados para un clima riguroso, todos sabemos esquiar, ya habíamos tenido experiencia con la nieve, así que no fue difícil aclimatarnos o acostumbrarnos a la base, no nos costó, nos costó acostumbrarnos por ahí que en el verano todo el día es día, y en invierno hay épocas en que prácticamente todo el día es noche, no es de noche todo el día como en otras bases que están en el sur, porque la Base Esperanza es una de las que está más al norte, entonces todavía tiene algunas ventajas en comparación a otras bases que están más al sur».

«Ahí, en la base, empezó la aclimatación, adaptarnos a las características de las casas por ejemplo, las casas en esa época; ahora se ha modernizado muchísimo, ya han pasado 40 años, con lo cual la tecnología ha evolucionado; pero en esa época, cada uno tiene su casa donde vive la familia, y vos tenías un tanque de 800 litros de agua para toda la semana, esa agua se utiliza para bañarse, para lavar los platos, para lavar las verduras y todo eso va a un tanque que se llama recirculado, donde se vuelve a utilizar esa agua para el inodoro; así que una cuestión era acostumbrarse a no desperdiciar el agua, es una de las cosas que más nos costó, que no se podía tener la canilla abierta para lavarse las manos, sino que había que abrirla un poquito, mojarse las manos, enjabonarse, y abrir de vuelta para enjuagarse, y lo mismo para bañarse, entonces eso fue una de las cosas que nos costó».

«El clima en verano era bastante fresco, pero benigno y lo que nos costó con los chicos fue que eran las nueve de la noche y había que cenar y era todo de día y ellos querían tomar la leche a esa hora, así que había que dormir con la luz del día, eso fue lo que nos costó al principio para aclimatarnos».

«Después había que acostumbrarse al clima, a caminar con la nieve, a tener cuidado con el hielo, que era resbaladizo y uno se podía golpear; muchas medidas de seguridad, sobre todo cuando había temporales; y los chicos acostumbrándose a ir a la escuela bajo toda condición meteorológica, ese es el orgullo, no se suspendió un solo día de clases en todo el año; algunos me trataban de asustar de que había 35° bajo cero, que había vientos de 100km, bueno igual iban al colegio los chicos, así que cuando yo veo que se suspenden las clases por alguna pavada a mí me da bronca, porque contra todo pronóstico allá se iba igual, porque si se suspendían las clases porque llovía, porque había viento, iban a ser más los días que no iban al colegio que los días que iban.»

-¿Cuáles son los cambios que nota en las actividades que se realizaban allá en comparación con las que se realizan hoy en día?

«Por ejemplo una actividad que teníamos, que era muy desgastante, era el agua, había que ir con un vehículo, carrito aguatero; ir hasta una laguna que estaba a dos kilómetros, perforar el hielo, meter una bomba, llenar el carrito y era un carrito para cada una de las casas, y había 18 casas, así que había que hacer 18 viajes, para llenar el agua a cada lugar, eso ahora se solucionó porque se hicieron unas cañerías que poseen una cinta calefaccionada que viene desde la laguna y que llega hasta un lugar arriba de la usina donde mantiene el agua para que no se congele, y de ahí va a cada una de las casas, entonces por ejemplo ya no tienen ese problema del agua, ahora lo tienen solucionado».

-En sus palabras, ¿cuál es la importancia del trabajo que se realiza en la Antártida?

«La Antártida es un lugar diferente al resto del mundo, es un lugar de paz y de ciencia, de una interrelación y un intercambio con los extranjeros que sería envidioso, de un trabajo en equipo y una apoyo mutuo que es impresionante; es un lugar con condiciones meteorológicas extremas y es un lugar de un aislamiento total y absoluto del resto del mundo, la Antártida es un ejemplo para el mundo de convivencia, de paz y de apoyo científico, la Antártida es el futuro, la Antártida tiene las riquezas, los minerales, todo lo que uno pueda pensar para explotar, y afortunadamente a través del Tratado Antártico y el Protocolo de Madrid se mantiene absolutamente todo y todo el mundo se dedica a investigar, y hay millones de cosas para investigar, para estudiar de todo punto de vista: de astronomía, física, atmósfera, astrología, oceanografía, meteorología, lo que uno quiera, lo que uno busque hay en la Antártida, en la Antártida hay petróleo, hay minerales de todo tipo, realmente es el futuro».

-¿Cómo fue su vida antes de pasar por la Antártida y cómo es su vida después?

«Para mí fue un lugar espectacular, porque yo volvía de Malvinas y venía con todos mis rayes y todo lo que puede tener una persona que vuelve de la guerra, dentro de todo bastante íntegra y bastante normal, pero igual venía con todo eso, y para mí fue un bálsamo, fue un lugar espectacular porque nos pudimos aislar de todo lo que estaba pasando en la Argentina y en el mundo. No tuvimos que sufrir todo lo que sufrió mucha gente que volvió de Malvinas, que fue mal cuidada, directamente dejada a su suerte, a su mera manera de subsistir, sobre todo para el caso de los soldados. A mí me permitió aislarme de todo eso, y vivir y disfrutar de un lugar espectacular, me permitió disfrutar con mi familia de manera total y absoluta, de disfrutar con mis hijos, haber pasado un montón de aventuras, andar en trineos de perros, andar en moto nieves, andar sobre mar congelado, viajar en barco, en avión, en fin, yo disfrute muchísimo. Había un cambio de paradigma de cómo debía manejarse las cosas, era más por el convencimiento y por el ejemplo personal que por la exigencia o el miedo a la sanción o alguna cosa de ese tipo; así que para mí fue una experiencia inolvidable, fue una de las mejores experiencias de mi vida profesionalmente, y desde el punto de vista familiarmente, porque disfrute a full a mi familia».

-¿Qué consejo le daría a alguien que tenga que irse a vivir a la Antártida? ¿Qué le hubiese gustado saber antes de irse a vivir a la Antártida?

«Mi consejo es que se preparen para manejar grupos de gente en situaciones sumamente difíciles, dónde muchas veces está lo que nosotros llamamos la soledad del mando, donde uno está solo y es jefe, rey, sacerdote, médico, un poco de todo, entonces es difícil manejar grupos de gente en esas condiciones, más teniendo mujeres que son civiles, y teniendo chicos, así que lo más importante es eso, y ser camarada, que es tan importante, porque uno es la familia, es el amigo, es el consejero, de todos los que tiene ahí, así que eso es lo que creo lo más importante».

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