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“Las organizaciones delictivas actúan rápido, captando a los chicos que no tienen respaldo familiar o que viven en hogares donde la pobreza es extrema” – Padre Petelín

“Las organizaciones delictivas actúan rápido, captando a los chicos que no tienen respaldo familiar o que viven en hogares donde la pobreza es extrema” – Padre Petelín

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En el corazón de los barrios del sur de Concordia, donde la pobreza, la exclusión y el narcotráfico han erosionado las posibilidades de un futuro digno, el Padre Daniel Petelín, párroco de la Gruta de Lourdes y referente de Cáritas, se enfrenta cada día a una realidad que desgarra a la comunidad. Niños que deberían estar en las escuelas o jugando en las calles son captados desde los 7 años para distribuir droga en la zona, al mismo tiempo que el consumo de sustancias crece a edades alarmantemente tempranas. En una conversación con Despertar Entrerriano, el sacerdote hace un llamado a la comunidad y a las autoridades para atender esta emergencia.

Diariamente, la parroquia Gruta de Lourdes distribuye más de cuatrocientas raciones de alimentos a familias que dependen de esta ayuda para sobrevivir. Sin embargo, la asistencia alimentaria es apenas una parte de lo que las familias buscan en este espacio. Detrás de cada rostro en la fila, padres y madres cargan con el miedo de que sus hijos sean seducidos por el narcotráfico o atrapados en el ciclo de la adicción. Según el Padre Petelín, este fenómeno se ha vuelto una realidad angustiante: “Es desgarrador ver cómo chicos que deberían estar jugando o estudiando se ven atrapados en el consumo y la distribución de drogas”, dijo el párroco.

Petelín relata cómo las bandas criminales aprovechan la vulnerabilidad de estos jóvenes. “Las organizaciones delictivas actúan rápido, captando a los chicos que no tienen respaldo familiar o que viven en hogares donde la pobreza extrema es una constante. Desde los 7 años empiezan a manipularlos, ofreciéndoles dinero fácil y un falso sentido de pertenencia. Y no es solo en zona sur, es en todos lados”, explicó. A esa edad, los niños son vistos como herramientas eficaces y discretas para la distribución de drogas, y es así como comienza una espiral sin retorno.

La desesperanza que alimenta la adicción

Petelín no sólo ve el daño económico en estas familias, sino una fractura en el tejido social y en los sueños de los más jóvenes. En Concordia, las oportunidades laborales son pocas, y los chicos, ante la falta de perspectivas, se convierten en presa fácil para los narcotraficantes. A esto se le suma la presión de sus pares: “Es muy difícil para un chico rechazar la invitación de sus amigos cuando todos están probando algo, cuando todos se sienten parte de un grupo. Este tipo de consumo empieza en una fiesta, en una reunión de amigos, y termina convirtiéndose en un hábito que destruye”, señaló.

Los niños crecen en un ambiente donde ver a adultos involucrados en la producción y consumo de drogas es común. “En algunos hogares, los niños ayudan a envolver y empaquetar la droga. Lo hacen casi como si fuera parte de la rutina familiar, como si estuvieran cocinando o ayudando con otra tarea más”, contó Petelín. En sus palabras, la gravedad del problema es tal que la propia estructura social se ha debilitado, lo que permite que las redes delictivas avancen cada día más.

Para hacer frente a esta realidad, el equipo de la parroquia ha lanzado varios programas de apoyo, desde acompañamiento psicológico hasta talleres de formación laboral. El objetivo es brindar a estos jóvenes un espacio de contención y una alternativa viable. Pero el sacerdote admite que estos esfuerzos, aunque necesarios, no son suficientes ante el avance del narcotráfico. “Sin un apoyo fuerte del Estado y de la sociedad civil, no podemos hacer frente a la magnitud del problema. Es necesario un compromiso real y profundo para construir una red social sólida que sostenga a estos chicos y a sus familias”, enfatizó.

Desde la parroquia, Petelín ha impulsado también la creación de un centro barrial para jóvenes en recuperación, un espacio al que los chicos pueden acudir en busca de ayuda para salir del consumo. El centro está abierto todos los días, y en él trabajan voluntarios y especialistas que brindan acompañamiento y apoyo a quienes buscan cambiar su situación. Aún así, Petelín reconoce que las fuerzas policiales y las políticas de asistencia social no alcanzan para contener la violencia y el narcotráfico. Para él, la comunidad en su conjunto debe involucrarse, desde las organizaciones sociales hasta las instituciones educativas y empresariales.

La esperanza en medio de la desolación

Pese al escenario desalentador, el Padre Petelín asegura que es posible salir adelante, y que, con el esfuerzo conjunto de toda la sociedad, Concordia puede ofrecer una salida a los jóvenes atrapados en el consumo y la criminalidad. “La esperanza es lo último que podemos perder. Y aunque parezca poco, cada niño, cada joven que logramos sacar de ese ciclo de pobreza y adicción es una vida recuperada, un futuro recuperado. Tenemos que ser muchos más los que estemos dispuestos a apoyar”, concluye.

El párroco de la Gruta de Lourdes no se rinde ante la adversidad y continúa su labor, convencido de que el esfuerzo, el compromiso y la unión pueden construir un futuro distinto para los chicos. En sus palabras resuena un mensaje de fe y resistencia, un recordatorio de que, a pesar de todo, aún queda esperanza para transformar la realidad de los barrios más golpeados.

Fuente: Despertar Entrerriano

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