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Despejando dudas con la contadora María Goenia Rader: cuándo una tarjeta de crédito puede ayudarte a organizarte y cuándo empieza a convertirse en una deuda difícil de manejar

Despejando dudas con la contadora María Goenia Rader: cuándo una tarjeta de crédito puede ayudarte a organizarte y cuándo empieza a convertirse en una deuda difícil de manejar

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Cada vez más jóvenes acceden a tarjetas de crédito sin educación financiera previa y terminan atrapados en deudas difíciles de sostener. Para entender cuándo una tarjeta puede ser una herramienta útil y cuándo se transforma en un problema, Despertar Entrerriano, dialogó con la contadora María Eugenia Rader, quien explicó los errores más frecuentes, cómo evitar el sobreendeudamiento y por qué el control de los gastos cotidianos termina siendo clave para la salud financiera personal.

¿En qué situaciones una tarjeta de crédito puede ser realmente útil y cuándo empieza el problema?

Las tarjetas de crédito y cualquier línea crediticia, ya sea bancaria o de billeteras virtuales como Mercado Pago o Naranja, son herramientas buenas siempre y cuando la persona tenga conocimiento de cómo funcionan. El problema no es la tarjeta en sí, sino no entender los límites, los intereses, las fechas de vencimiento o qué hacer con ese crédito.

Por ejemplo, si una persona usa la tarjeta para organizar gastos fijos mensuales o financiar una inversión importante, puede ser muy útil. Ahora, si se utiliza para gastos cotidianos de consumo inmediato, como supermercado, delivery, salidas o farmacia, ahí empieza el problema, porque se genera un endeudamiento constante con cosas que ya se consumieron. También puede servir para construir antecedentes crediticios, pensando en futuros préstamos o inversiones grandes, como una vivienda o un negocio. Pero siempre hay que tener un presupuesto claro y saber cuánto realmente se puede pagar en los meses siguientes.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que suelen cometer las personas con las tarjetas?

El error más grande es pensar que el límite disponible de la tarjeta es dinero propio. Y no es así. Todo lo que aparece como disponible es deuda futura. Otro error muy común es no mirar el resumen completo. Muchas personas solamente observan la cuota y no revisan todos los gastos adicionales que aparecen: administrativos, renovaciones, impuestos, percepciones, intereses y distintos recargos bancarios.

También está el error de pagar solamente el mínimo. Eso es gravísimo porque gran parte de ese pago son intereses y no capital. Entonces la deuda se vuelve cada vez más grande y termina siendo prácticamente imposible de afrontar. Y después está algo muy habitual: usar la tarjeta para gastos cotidianos porque “es más cómodo”. Pero justamente ahí es donde muchas personas terminan perdiendo el control.

Muchas personas se preguntan por qué los intereses de las tarjetas son tan altos. ¿Qué hay detrás de eso?

En realidad las entidades financieras consideran a la tarjeta como un préstamo. Y el negocio de las tarjetas justamente son los intereses. Cuando uno acepta una tarjeta, aunque muchas veces no lo lea, está aceptando las condiciones y las tasas que aparecen en la letra chica. Por eso legalmente pueden aplicar esos intereses tan altos.

El problema es que las tarjetas fomentan mucho el pago mínimo porque eso les genera refinanciaciones permanentes. Y ahí empieza una rueda donde la deuda crece más rápido de lo que la persona puede pagar. Muchas veces la gente siente que nunca logra salir de la deuda, y eso sucede justamente porque el interés termina siendo muchísimo más alto que el capital original.

El “pago mínimo” suele aparecer como una salida tentadora. ¿Qué implica realmente elegir esa opción?

Yo siempre recomiendo pagar el total de la tarjeta y evitar el mínimo salvo emergencias muy puntuales. Cuando una persona paga solamente el mínimo, lo que hace es aumentar la deuda porque el resto del saldo empieza a financiarse con intereses muy altos. Y además genera malos antecedentes crediticios, porque demuestra dificultades para cumplir con los pagos completos.

Puede haber situaciones excepcionales, como unas vacaciones o un gasto inesperado, donde una persona decida pagar el mínimo un mes. Pero el problema aparece cuando eso se vuelve costumbre. Ahí ya no es una solución momentánea: es el inicio de un endeudamiento más serio.

También están las famosas promociones en cuotas o “sin interés”. ¿Cómo saber si realmente convienen?

Primero hay que preguntarse si realmente se necesita lo que se está comprando. Porque muchas veces la promoción termina funcionando como una excusa para gastar más. Después hay que analizar sobre qué precio se aplican esas cuotas. Muchas veces el valor “sin interés” ya tiene el interés incluido en el precio de lista. Y también hay que diferenciar “cuotas fijas” de “cuotas sin interés”. No son lo mismo. Las cuotas fijas pueden tener intereses incorporados aunque el monto mensual no cambie. Entonces, para saber si conviene, hay que mirar el valor total final y preguntarse si esas cuotas realmente se van a poder pagar cómodamente durante los meses siguientes.

¿Qué señales indican que la tarjeta ya dejó de ser manejable y empezó a convertirse en un problema?

Cuando la persona ya no puede pagar el total y empieza a pagar mínimos durante varios meses seguidos. O cuando la mayor parte de sus ingresos se va solamente en pagar la tarjeta. Otra señal muy clara es cuando la persona necesita usar la tarjeta para cubrir gastos básicos porque ya no le alcanza el sueldo. Ahí ya hay un problema financiero importante.

En esos casos, lo recomendable es dejar de usar inmediatamente la tarjeta, refinanciar la deuda en cuotas que realmente se puedan afrontar y no volver a utilizarla hasta terminar de pagar todo. Y algo muy importante: nunca sacar un préstamo para pagar otra deuda de tarjeta, porque eso solamente multiplica el problema.

¿Qué debería hacer una persona que siente que perdió completamente el control de sus deudas?

Primero dejar de usar la tarjeta. Literalmente dejarla de lado hasta ordenar la situación. Después, refinanciar las deudas directamente con la entidad financiera y no aceptar automáticamente las opciones que aparecen en la aplicación. Hay que hablar con la tarjeta y buscar una cuota que realmente se pueda pagar.

Para eso es fundamental saber cuánto dinero ingresa y cuánto se gasta realmente por mes. Muchas personas no tienen dimensión de sus gastos diarios hasta que los anotan. Yo siempre recomiendo hacer una planilla con absolutamente todos los gastos: supermercado, salidas, transporte, kiosco, delivery, aplicaciones, todo. Porque ahí aparecen los famosos “gastos hormiga”, que parecen pequeños pero terminan impactando muchísimo a fin de mes. Hoy nadie tiene dinero de sobra. Por eso el orden financiero dejó de ser una opción y pasó a ser una necesidad.

María Eugenia Rader
Contadora Pública – Especialista en Impuestos
Matriculada en Entre Ríos, Corrientes y CABA
Profesora de Impuestos I e Impuestos II en la Facultad de Ciencias de la Administración de la UNER.

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