El loro que no vuela, una extraña especie de Nueva Zelanda, cría por primera vez en 4 años
Actualmente, solo hay 236 loros de este tipo en libertad y todos ellos viven en Nueva Zelanda. Hace 30 años, apenas quedaban 51
Nueva Zelanda celebra un acontecimiento extraordinario en términos de conservación y biodiversidad: el kākāpō (Strigops habroptilus), también conocido como el loro que no vuela y considerado como uno de los animales más raros del mundo, ha iniciado un nuevo proceso de cría tras cuatro años sin tener descendencia. ¿El motivo? Una fascinante sincronización con la flora local que garantiza la supervivencia de su descendencia en los bosques australes.
La noticia ha sido dada a conocer por el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda y vincula este despertar reproductivo con la floración masiva del rimu (Dacrydium cupressinum), una conífera autóctona que destaca por vivir más de 600 años. Según los expertos, la abundancia de este fruto específico es el único motor capaz de activar el ciclo vital de estas aves nocturnas tan particulares.
Deidre Vercoe, responsable de la recuperación de esta especie dentro del Departamento de Conservación neozelandés, manifestó su alegría y, a la vez, su preocupación: “Siempre es emocionante cuando comienza la temporada de cría, pero este año ha sido especialmente intenso debido a la brecha temporal”. Y es que la última vez que el kākāpō pudo reproducirse fue en 2022.
Una población muy escasa
Actualmente, solo existen 236 kākāpōs en libertad. Una cifra muy reducida, pero que realmente supone un éxito si se tiene en cuenta que, a mediados de la década de 1990, apenas había 51 ejemplares registrados. De los citados 236 individuos, 83 son hembras en edad reproductiva. Todas ellas son monitorizadas permanentemente mediante pequeños transmisores de radio colocados en sus espaldas.
El objetivo principal del programa de recuperación durante este 2026 no se limita únicamente al aumento del censo de polluelos, sino que persigue la autonomía de la especie. Vercoe destaca que buscan ayudar a la creación de poblaciones saludables que prosperen por sí mismas, reduciendo la intervención humana intensiva para permitir que los animales regresen de forma paulatina a un estado más natural.
Para minimizar esta interferencia, los conservacionistas han decidido que la mayor parte de los huevos eclosionen directamente en los nidos del bosque y no en espacios protegidos. Una estrategia que pretende evitar que las crías se identifiquen con los humanos. Prueba de este potencial problema es que, en 2018, un ejemplar llamado Siroccotrató de aparearse con uno de los científicos responsables de su estudio.
La interconexión de los ecosistemas
Otro de los aspectos por los que el kākāpō es conocido es porque, durante la temporada de celo, los machos protagonizan un ritual sonoro fascinante. Para ello, realizan agujeros en el suelo con el objetivo de amplificar su llamada. Estos sonidos, denominados booms, sirven para atraer a las hembras hacia áreas concretas comunales llamadas leks, donde se produce el encuentro. Después, ellas son las responsables de realizar la incubación de los huevos en solitario.
Si todo va bien, los primeros nacimientos de esta tan esperada temporada de cría se producirán a mediados de febrero. Un caso que evidencia la interconexión existente entre todos los actores de un ecosistema y que urge a su cuidado integral. Y es que proteger a una especie requiere de respetar también el entorno en el que vive.
Fuente: National Geographic






