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Despejando dudas con la Psicopedagoga Florencia Rodriguez; Pantallas vs libros impacto en la concentración, el aprendizaje y el desarrollo infantil

Despejando dudas con la Psicopedagoga Florencia Rodriguez; Pantallas vs libros impacto en la concentración, el aprendizaje y el desarrollo infantil

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En una vida cada vez más atravesada por la tecnología, crecen las dudas sobre cómo influyen las pantallas en el desarrollo de los chicos. ¿Afectan la atención, la comprensión o el lenguaje? ¿Qué rol siguen teniendo los libros? Para responder estas preguntas, Despertar Entrerriano dialogó con la licenciada en psicopedagogía Florencia Rodríguez, quien analizó el impacto de cada herramienta y la importancia de encontrar un equilibrio.

Hoy las pantallas forman parte de la vida cotidiana desde edades muy tempranas. ¿Cómo influye este contexto en la forma en que los niños desarrollan la concentración en comparación con el vínculo más tradicional con los libros?

Las pantallas suelen ofrecer estímulos rápidos, cambiantes y muy atractivos, lo que puede influir en una atención más segmentada. Si observamos los dibujos infantiles, por lo general no permanecen más de tres segundos en una misma imagen antes de cambiar. En niños pequeños, este tipo de estímulo favorece justamente una atención más fragmentada. En cambio, los libros, cuentos o juegos concretos promueven una concentración más sostenida, ya que requieren un ritmo más pausado y una participación activa del niño.

¿Qué diferencias aparecen en la atención sostenida entre chicos que leen en formato papel y aquellos más expuestos a lo digital?

Los niños con mayor contacto con la lectura en papel suelen desarrollar mejor la atención sostenida, es decir, pueden mantenerse en una tarea durante más tiempo. Por el contrario, la exposición frecuente a pantallas puede generar dificultades para sostener el foco sin interrupciones o cambios constantes. 

En el ámbito escolar, donde cada vez se incorporan más pantallas, ¿cambia la forma en que los chicos comprenden la información?

Sí, la lectura en papel favorece más la comprensión porque permite organizar la información y reflexionar. En cambio, en pantallas suele darse una lectura más rápida y superficial. De todas formas, no significa que lo digital no sirva: hay recursos como videos o explicaciones visuales que pueden complementar y enriquecer el aprendizaje. Lo ideal es combinar ambos.

Entonces, ¿es positivo que en el aula se combinen libros con recursos audiovisuales?

Sí, es complementario. No hay que quedarse solo con lo digital ni solo con lo tradicional. Desde la enseñanza siempre se busca que las clases sean dinámicas, combinando material escrito con recursos visuales que ayuden a comprender mejor.

En casa también se ve una tendencia a fomentar tareas más “manuales”, como recortar revistas en lugar de imprimir imágenes. ¿Qué aporta eso en el aprendizaje?

Implica una postura activa del niño. Buscar imágenes, elegirlas, pensar qué usar, favorece la reflexión y el razonamiento. Además, se pueden trabajar otras habilidades como la construcción de oraciones o la interpretación. También es clave el tiempo de calidad que los adultos comparten con los chicos en estas actividades. La lectura compartida es fundamental. Fortalece el vínculo afectivo, enriquece el vocabulario y mejora la comprensión. Además, estimula la imaginación, porque el niño crea imágenes mentales a partir de lo que lee, algo que no ocurre de la misma manera cuando ve contenido en pantalla.

Las pantallas muchas veces están demonizadas, pero forman parte de la vida actual. ¿Tienen algún aspecto positivo en la educación?

No se pueden eliminar completamente, porque están en todos los hogares. Lo importante es darles un uso consciente y acorde a la edad. Está comprobado que el exceso sin supervisión puede ser perjudicial, especialmente en edades tempranas. Lo ideal, según estudios, es introducirlas a partir de los cinco años, aunque sabemos que en la práctica esto es difícil. Por eso es clave priorizar espacios de juego, lectura, conversación e interacción.

Para cerrar, ¿cómo puede una familia encontrar un equilibrio saludable entre pantallas y libros?

Lo principal es organizar rutinas. Por ejemplo, establecer tiempos específicos para el uso de pantallas, como media hora diaria con contenido supervisado. También se pueden usar de forma educativa, como canciones para aprender el abecedario o juegos interactivos que desarrollen habilidades. Pero siempre controlando qué consumen. El equilibrio está en no caer en extremos y en acompañar activamente a los chicos en sus actividades.

Muchos diagnósticos pueden confundirse cuando hay un uso excesivo de pantallas desde edades muy tempranas. Por eso es fundamental el equilibrio y el sinceramiento de las familias al momento de consultar. Cuando no hay un ejercicio real de lectura y reflexión, aparecen dificultades para pensar por sí mismos. Los chicos necesitan también juego, aire libre, interacción y tiempo de calidad. El desarrollo saludable no está en los extremos, sino en el equilibrio.

Datos de la profesional:
Florencia Rodríguez
Profesora de Psicología y Licenciada en Psicopedagogía
Especializada en niños y adolescentes (2 a 16 años)
Formación en evaluación del espectro autista (TEA) desde los 12 meses en adelante

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