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Tres candidatos obligados a buscar votos en una sociedad que oscila entre el miedo y la esperanza de cambio

Tres candidatos obligados a buscar votos en una sociedad que oscila entre el miedo y la esperanza de cambio

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El viernes que viene, a las 8 de la mañana, empieza la veda. Milei, Massa y Bullrich encaran desde hoy los últimos días de una campaña agotadora, ante un electorado desanimado. De cisnes negros y el inesperado factor Schiaretti.

Quedan siete días de campaña, de los cuales cuatro son feriados o no laborables. Por eso, entre hoy y el próximo viernes -a las 8 de la mañana, cuando comienza la veda electoral- los cinco candidatos presidenciales tendrán que acelerar los tiempos para convocar, persuadir y convencer a un electorado que convive entre el miedo, el desánimo y una tenue esperanza de cambio.

La disputa está dominada por Javier Milei (La Libertad Avanza), Sergio Massa (Unión por la Patria) y Patricia Bullrich (Juntos por el Cambio). Más lejos están el cordobés Juan Schiaretti (Hacemos por Nuestro País) y Myriam Bregman (Frente de Izquierda y de los Trabajadores), que tienen un rol secundario, pero que podrían incidir en quiénes van a la segunda vuelta y quién consigue la victoria.

El factor Schiaretti

El director de Opinaia puso en el tablero un actor inesperado en el tramo final de la campaña, que es Schiaretti, a quien definió como «el ganador del debate» y cuya performance posibilitó que surja un fenómeno nuevo. Estamos registrando que algunos dicen ‘voto a Schiaretti porque no voy a votar a Massa bajo ningún punto de vista, ni voy a votar a Milei por miles de razones, entre ellas sus modos’. El tema de los modos de Milei son cuestionados por gran parte de la población».

En otras consultoras que estuvieron trabajando el debate coincidieron en subrayar que el desempeño del mandatario cordobés. «Hay una idea que quedó que lo más parecido a «lo más normal», entre comillas, es Schiaretti, porque Patricia Bullrich en el debate no convenció, no logró articular ideas, no logró atraer a estos votantes que son votantes más de centro. En ese universo puede haber radicales ahí que votaron a Larreta, que no tiene mucho adonde ir», explicaron a Infobae.

A su turno, Mayol destacó que este «factor Schiaretti» puede exponer un error de cálculo de Juntos por el Cambio, que se negó a armar una gran interna opositora que podría haber sido clave para estar compitiendo ahora mano a mano con Massa y Milei. Es importante recordar que el acuerdo lo habían impulsado Larreta y Gerardo Morales, como presidente de la UCR y que naufragó por el rechazo de Luis Juez y Rodrigo De Loredo, candidatos a gobernador e intendente.

Ambos dirigentes provinciales se opusieron tenazmente a incorporar a Schiaretti como un candidato más, para que compitiera con Larreta y Bullrich. Mauricio Macri y Patricia Bullrich percibieron que esa movida podía fortalecer a Larreta y se sumaron al scrum que desarticuló un acuerdo electoral. De haberse hecho sea gran interna opositora, Larreta, Bullrich y Schiaretti, hubieran sumado, unidos, más de 31%, por encima de Milei, que sacó menos de 30%. Lo cierto es que Juntos por el Cambio perdió la gobernación, luego perdió la intendencia y ahora enfrenta un escenario complicado para las presidenciales.

La euforia de Milei

El acto de Milei en Salta demostró el vigor libertario a una semana de que termine la campaña. Se trata de la provincia donde sacó el porcentaje más alto de todo el país. Cosechó casi el 50% de los votos en las primarias, pese a nunca haber pisado esa tierra. Es uno de los tantos enigmas que presenta el candidato de La Libertad Avanza para el sistema político. El gobernador Gustavo Sáenz había ganado su candidatura por el 47%, pero en las PASO no pudo, no quiso o no supo transferir esa racha a Massa, su amigo y a quien secundó como compañero de fórmula en 2015.

El exotismo de ganar pese a ser un candidato en ausencia es tan misterioso como su capacidad para mantenerse como el preferido para las elecciones generales, pese a que es cuestionado por el Gobierno y por Juntos por el Cambio por sus ideas de dolarización, su rechazo a la casta política, el recorte del gasto público y por decir, esta semana, que el peso «no vale ni como excremento» o sugerir no renovar los plazos fijos.

En todas y cada una de esas encrucijadas, Milei consiguió torcer en su favor los argumentos y acrecentar una intención de voto que el consenso de las encuestas ubica bastante por arriba de los 30 puntos. Varios analistas, incluso, no descartan que todos los cuestionamientos de la política, o de sectores empresarios, eclesiásticos, intelectuales y de la sociedad civil terminen reforzando las chances electorales.

«Nosotros pensamos ganar en primera vuelta», admite una fuente que trabaja bien cerca del líder libertario. En sus laboratorios de campaña hay una certeza: que el electorado de Milei adquirió una consistencia entre los votantes que es irreversible. Para ellos, es difícil que aquellos que lo votaron en primera las PASO reorienten su voluntad y prefieran el albur de otra candidatura. Es que más que una elección el votante selecciona una boleta como una declaración de pertenencia, una identidad.

Milei demostró en toda la campaña que no sólo condensa una propuesta política, sino que tiene eficacia para desordenar el campo rival. Lo hizo con Juntos por el Cambio, primero desgastando a Horacio Rodríguez Larreta hasta reducirlo a la mínima expresión, y luego embistiendo contra Patricia Bullrich, mediante ácidas descalificaciones -la trató de «montonera tirabomba»- y coqueteos con el ex presidente Mauricio Macri.

Massa y la inflación

El ministro enfrenta la última semana de campaña con sospechas en torno al verdadero juego del presidente Alberto Fernández y su grupo, y con preocupación por el impacto de dos variables que perforan el humor social: el dólar y la inflación. La inflación tiene una gravitación decisiva para los argentinos, que no reconoce diferencias por simpatía política. En el último relevamiento que hizo Synopsis, la consultora que dirige Lucas Romero, hay datos que confirman esta intuición. «La preocupación por el aumento de los precios alcanzó el registro más alto de toda nuestra serie histórica en este último mes, con 62,8% de menciones», explicó en su último panorama de opinión pública. Según ese estudio, el porcentaje resultó parejo entre los que votan a Javier Milei (62,4), Sergio Massa (64,8), y Patricia Bullrich (62,4). Es un malestar récord que recoge el sentimiento que produjo en la sociedad el fogonazo inflacionario posterior a la primera devaluación, del 14 de agosto. Con el 12,7% de ayer, se presume que ese pico se va a superar.

Por eso la urgencia de Massa en atender ese malhumor con un generoso jubileo fiscal y de ingresos promovido desde el Estado: hubo bonos, sumas fijas, recortes de impuestos, «pluses» varios, suplementos y otras manutenciones destinadas a meterle rápido dinero en los bolsillos a los votantes de las escalas más bajas. Massa bautizó esos planes como «compensaciones». Pero también aplicó congelamientos y controles de los precios regulados. En ese masivo torniquete electoral, el dólar fungió de válvula de escape, más allá de los «cuatro o cinco vivos», especuladores y «croatas». El viernes 11 de agosto, antes de las PASO, el dólar libre cotizaba a unos $600 y la inflación había sido del 6,3%. Otro país, otros números.

Massa cree que con los operativos policiales, los anuncios de la ampliación del swap chino y los dólares del 5G frenó la corrida. «Van a empezar a ver las peores miserias de los que especularon con el ahorro de los argentinos», dijo en un acto ayer en la Facultad de Medicina de la UBA.

¿Ahora el salto de la inflación y el dólar van a hacer cambiar de preferencia al elector de Unión por la Patria? ¿Es posible que aquel votante que puso la boleta de Massa en el sobre el 13 de agosto no la vuelva a poner el 22 de octubre? Los encuestadores no lo creen y detectan que el de Massa es un voto «duro». En las PASO la coalición oficialista tuvo 27,28% y los gobernadores del norte del país, con Juan Manzur a la cabeza, prometen movilizar el aparato y arrimar unos 750 mil votos más, más algo de la provincia de Buenos Aires y algunos votos de los candidatos que quedaron en el camino -ejemplo Guillermo Moreno o Santiago Cúneo- confían en sumar algo más de un millón a los 6.720.000 de las primarias.

Patricia Bullrich

Si lo que domina entre los libertarios es la euforia y entre los peronistas el optimismo moderado, en Juntos por el Cambio lo que prima es la sensación de estar con vida y de haber recuperado el apetito de poder. «Hasta hace 15 días estábamos muertos. Después de los debates sentimos que estamos de pie y el equipo está más alineado», aseguraron en el PRO.

Es una sensación que miran con incredulidad sus dos rivales, que se sienten disputando más lejos la pelea de fondo. «Hay un error. Creemos que Patricia va a contener lo que tuvo en las PASO. No creemos, de ninguna manera, que Schiaretti nos esté sacando votos a nosotros, que tome votos de Larreta. Es una discusión de peronistas: a quien puede sacarle votos es a los que eligieron a Massa sin convicción en las primarias. Con la inflación mensual en 12,7% y el dólar a mil pesos, es imposible que el gobierno de Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa esté sumando votos», explicó la misma fuente.

En JxC perciben que la candidata a presidente recuperó la vitalidad y la frescura que había quedado sofocada después de que las PASO mostró una foto inesperada, en segundo lugar como coalición, y tercera, en términos individuales, lejos de Massa y Milei.

Esa actitud combativa la mostró en el acto que tuvo en Tucumán: en un discurso Patricia Bullrich preguntó a los que habían ido a escucharla frente a la Casa Histórica «cuánto costaba un día en el barco de Insaurralde». Y respondió: «Son siete años del pago de un jubilado en nuestro país. ¡Siete años… hijo de puta!».

Ahora, ¿se arrepienten de haber despreciado a Schiaretti en Juntos por el Cambio? ¿Fue un error? Para la coalición opositora es historia contrafáctica. Celebran que todos los gobernadores y los candidatos están alineados con la candidatura y que Mauricio Macri se involucró de manera más comprometida con la suerte de JxC y dejó atrás los coqueteos políticos con el libertario Milei.

Macri enfrenta una coyuntura compleja. En Juntos por el Cambio algunos lo valoran como un «activo» y un instrumento eficaz para sumar votos y, al mismo tiempo, fortalecer la candidatura de Bullrich. Es un reconocimiento que, sin embargo, sólo le dispensa una fracción del PRO: el radicalismo ya tomó distancia, al igual que la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Sus coqueteos con Milei quedaron atragantados. El influyente Emiliano Yacobitti expuso esa precariedad esta semana cuando dijo en televisión que JxC, al menos en la ciudad de Buenos Aires, seguía con vida «por ahora».

Fuente: Infobae

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