Hugo “Toto” Lorenzo: Sospecha, plan, ataque y suicidio
Si bien la noticia no trascendió lo que debía, por su resonancia, es indudable que causó en quienes se enteraron un hondo pesar por la muerte de Hugo “Toto” Lorenzo. Este, primero que todo, fue un excelente jugador de fútbol, delantero derecho de Libertad durante muchos años y brilló al lado de otros estupendos jugadores como los hermanos Buruchaga, Urrutia, Morilla, Díaz Ramos, jugadores que también fueron emblemáticos de Libertad, por citar algunos nombres. Siempre callado, sereno, buen tipo, supo usar el don de la velocidad para ganarse su lugar en el fútbol, pero a ello le adosaba el pensar y saber cómo y en qué momento tirar un centro, que iba a la cabeza de sus compañeros. Y una de sus jugadas más recordadas fue justamente aquel centro a medida que le tiró a Urrutia quien casi sin saltar convirtió de cabeza, y así consagrarse en uno de los partidos más recordados de nuestra historia futbolera, aquel Libertad-Nebel, que también significó que en la cancha haya una cantidad de gente jamás igualada y hasta podríamos decir que se superó la capacidad que tenía el estadio contiguo al Parque Mitre.
El “Toto”, luego de retirarse del fútbol, tuvo una vida normal, se casó, tuvo hijos y obviamente que vivió de su trabajo. Tuvo vaivenes en lo económico y laboral, como seguramente mucha gente y que no ameritaron que sobresalgan para ser noticia, al menos de las rimbombantes, porque transitaban los carriles medianamente normales de una vida común. Ni siquiera su separación, luego de muchos años, de su esposa, Mónica Vecchio, con la que convivió 23 años, tuvo resonancia, porque también forma parte de los avatares de la vida diaria.
La vida laboral lo llevó a irse a trabajar un tiempo a Mendoza, y tras haber cumplido allí con esa labor decidió regresar. En ese regreso, quienes lo conocen lo habrían notado cambiado, como con tendencia a deprimirse y también a ser violento en determinadas situaciones, aunque no físicamente con nadie, que quede claro. Tenía reacciones, más que nada.
Ya en nuestra ciudad formó una nueva pareja, cuyo apellido sería Rougier, y también tuvo su propia empresa. Todo normal, aunque con el tiempo ese emprendimiento no fue lo que él hubiera querido y se había convertido casi en un fracaso. Pero igual todo transitaba carriles que podrían llamarse normales. Tan normal que fue lógico que en lo sentimental anduvieran muy bien con su pareja, como así también tener un período de separación, luego de reencuentro y hasta se supo que hubo vacaciones entre ellos también, como para afianzar nuevamente la relación.
El tiempo parecía afianzar la misma, pero a su vez también sirvió, se supo ahora, para desgastarla un poco y que el “Toto” comenzara a alimentar ciertas sospechas que lo volvieron tanto más posesivo, como más desconfiado de hechos y actitudes, siempre respecto a su pareja, claro.
Sin embargo, obvio, no daba síntomas de nada de cara a sus amigos y en las posturas que tenía con quienes no conocía, y trataba normalmente. Como se suele decir, “cada pareja es un mundo”, y él vivía su “mundo” con su actual compañera. Pero algo alteró notoriamente los planes y aceleró su desconfianza, como así también activó en él un instinto desconocido: la frialdad para el armado y ejecución con la que llevó a cabo el hecho del que trata esta historia.
El hecho de que su novia cometía infidelidades para con él le daba vueltas en la cabeza, pero pareció estudiar la noche y el momento para interceder, como para pescar a su novia infraganti o bien terciar con ese amante para crear un escarmiento. Pero, lamentablemente, “Toto” fue más allá. Esa noche, hace pocos días, consiguió un arma de fuego, que todavía no se precisó cómo y es motivo de investigación, se tomó un remís, fue hasta la casa de su novia, en inmediaciones de Padres Capuchinos y Tavella, a las 2 de la mañana, con la seguridad de que la encontraría en “otra historia”. Según se supo, su novia lo atendió esa noche. También cuentan versiones que el mismo “Toto”, ya desconfiando al máximo de sus actitudes, la habría hecho desnudar a ella no se sabe con qué fin (aunque otras versiones indican que ella lo habría atendido ya desnuda), pero lo cierto es que la discusión no tardó en suceder. Las voces fueron cambiando de tono y, siempre según con los trascendidos, forcejearon, “Toto” le habría quebrado algunos dedos a ella en esa refriega, incluso se habla de que le habría tirado con el arma de fuego y el tiro no llegó al cuerpo de la chica. Acto seguido al disparo, la mujer sale corriendo a la calle, aún desnuda, claro, y pide auxilio a los gritos, lo que fue claramente advertido por los vecinos y de ello se desprende que habrían llamado a la policía. El “Toto” también sale a la calle y se cuenta que habría sido atacado por el perro de su novia, que obviamente él conocía, pero en actitud de defensa el can se le habría abalanzado. Al mismo tiempo se produjo la llegada de la policía y en un acto de estar ido de sí mismo, Lorenzo se llevó el arma a la pera y se descerrajó un disparo que lo dejó tendido en el piso. En forma desesperada, la policía lo trasladó al Hospital Masvernat, donde por las heridas recibidas terminó falleciendo. Con el correr de las horas, se supo que tanto fue premeditado todo por el “Toto” que habría dejado una carta para familiares y amigos, contando su decisión. Por ende, al menos el desenlace para con él mismo estaba decidido.
Así culminó esta historia policial, sangrienta, que terminó con la vida de Lorenzo, lo que causó estupor, sorpresa, y mucha pesadumbre entre quienes lo conocían, tanto de la vida cotidiana como quienes compartieron con él una cancha de fútbol, porque insistimos que su principal recuerdo lo dejará por haber sido un gran jugador de fútbol, campeón de casi todo con Libertad y los equipos que integró. También, obvio, como buen tipo, querido por quienes lo han conocido y que en un lapsus realmente increíble decidió dejar abruptamente este mundo, dejando a su paso solo la tristeza de sus hijos, parientes, amigos. La tristeza de todos.






