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El desafío diario de los emprendedores de Plaza 25: ¿Es rentable hacer ferias en invierno?

El desafío diario de los emprendedores de Plaza 25: ¿Es rentable hacer ferias en invierno?

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Mientras las bajas temperaturas invitan a quedarse en casa, los emprendedores de la Plaza 25 de Mayo siguen apostando cada fin de semana a mostrar sus productos. Sin embargo, coinciden en que el invierno cambia por completo la dinámica de las ventas: hay menos circulación de personas, el consumo disminuye y muchos deben reinventarse para sostener sus emprendimientos. En diálogo con Despertar Entrerriano, feriantes contaron cómo viven esta temporada, qué estrategias implementan para adaptarse y por qué, pese a las dificultades, siguen eligiendo la feria como espacio de trabajo y encuentro.

El invierno llegó con jornadas más frías, lloviznas y tardes que se terminan mucho antes. Ese escenario también se refleja en la feria. Aunque cada rubro tiene una realidad diferente, todos coinciden en algo: el clima influye directamente en el movimiento de la feria y obliga a buscar nuevas formas de sostener la actividad.

Cuando el frío llega, también baja el movimiento

Para Rosana, creadora del emprendimiento Como Abejorro, el invierno presenta una contradicción. Sus tejidos son justamente los productos más buscados en esta época, pero eso no garantiza las ventas: «Afecta bastante porque, a pesar de que tengo el rubro ideal para esta fecha, no anda mucha gente. Y a eso le sumamos que cuando anda tampoco compra demasiado porque la situación está muy complicada», explicó.

Por esa razón, adapta permanentemente su stand según la estación del año. Durante el invierno apuesta casi exclusivamente por los tejidos, mientras que cuando las temperaturas aumentan vuelve a ofrecer sus trabajos de reciclado realizados con latas y frascos. «Cuando no hace tanto frío traigo también todo lo que es reciclado. Voy cambiando según la época y el espacio que tenga disponible», comentó.

La misma percepción comparte Lisandro Enríquez, de Diverso Estudio de Arte, quien observa que el clima modifica incluso la actitud del público. «Con el frío y la lluvia hay menos circulación de gente. A veces igual salen, pero vienen más a pasear que a comprar. Llegan con el mate, recorren la plaza, miran los puestos, te dicen que está lindo lo que hacés, pero después siguen caminando», relató.

Aunque el frío suele asociarse con una temporada difícil para las ferias, algunos emprendedores aseguran que no siempre ocurre así.

Josefina, creadora de El Club del Arte, donde vende mates pintados y accesorios materos, explicó que en su caso el invierno incluso resultó más favorable que el verano. «Influye muchísimo el clima. Si está lindo el día, la gente sale mucho más. Es verdad que después de las siete baja muchísimo el movimiento, pero el mejor horario suele ser entre las tres y las siete de la tarde», contó.

Incluso sorprendió al señalar que sus mejores resultados llegaron precisamente durante los meses más fríos. «A mí personalmente me fue mejor ahora en invierno. En verano la gente recién salía cuando bajaba el sol y nos quedaba apenas una hora para vender. Ahora tenemos mucho más tiempo durante la tarde», explicó.

Sin embargo, otros rubros atraviesan una realidad completamente distinta. Otra comerciante aseguró que, contra lo que muchos imaginan, para la mayoría de los artesanos la temporada fuerte termina antes del verano. «Acá la temporada baja va de noviembre a marzo. Parece raro porque en otros lugares el verano es el mejor momento, pero en Concordia pasa al revés. La gente viene, toca los productos, te dice que son lindos, pero no compra. No porque no le gusten, sino porque hoy cuesta mucho económicamente», sostuvo.

Reinventarse para seguir vendiendo

Frente a un contexto económico complejo y con menos circulación de personas, muchos emprendedores encontraron en la adaptación una herramienta indispensable para continuar. Rosana reorganiza completamente su oferta según la época del año, mientras que Josefina complementa las ventas presenciales con las redes sociales.

Sin embargo, reconoce que el contacto directo sigue siendo irremplazable. «Vendo bastante por Instagram, pero acá la gente ve el producto, pasa todos los días camino al trabajo y muchas veces termina comprándolo porque lo tuvo enfrente. Esa diferencia todavía existe», explicó. Para otros emprendedores, la estrategia pasa por combinar distintos canales de venta y sostener la feria como una vidriera permanente, aun cuando las ventas no sean las esperadas.

¿Sigue siendo rentable venir a la feria?

La respuesta no es sencilla y depende tanto del rubro como de los costos que implica participar cada fin de semana. Rosana reconoce que la realidad cambió mucho respecto de años anteriores. «Últimamente la verdad que no. En la feria ya no se vende como antes. Antes, sobre todo en los fines de semana largos, con el turismo se trabajaba muchísimo más. Ahora eso bajó bastante», señaló.

En el caso del grupo independiente de emprendedores y feriantes, además de las ventas deben afrontar gastos adicionales para poder participar. «Nosotros pagamos un flete para traer toda la mercadería. Armamos los gazebos, dejamos todo instalado y hasta contratamos un sereno. Si tuviéramos que desarmar todos los días y volver a armar, directamente no sería rentable», explicó.

Aun así, todos coinciden en que abandonar la feria no es una opción. Más allá de la rentabilidad, los emprendedores destacan que la feria terminó convirtiéndose en una verdadera comunidad.

Rosana resume ese sentimiento con sencillez. «Es un trabajo complicado porque hay que traer todo, armar, desarmar, pero también me gusta compartir e interactuar con la gente. Todo tiene su lado bueno y su lado negativo», afirmó.

Pero quizá quien mejor describió el espíritu de la feria fue Lisandro, al hablar del vínculo que existe entre quienes comparten cada jornada. «Nos gusta esto. Somos un grupo muy unido y venir acá también es relajante. Tenemos días buenos y malos, pero compartimos mates, nos damos consejos y siempre hay alguien que te da una mano», expresó.

En medio del frío, las ventas más lentas y un consumo que todavía no termina de recuperarse, los feriantes siguen llegando cada fin de semana a la Plaza 25 de Mayo. Lo hacen sabiendo que quizás no siempre será una gran jornada comercial, pero convencidos de que detrás de cada puesto hay mucho más que un emprendimiento: hay historias, esfuerzo compartido y una comunidad que, incluso en invierno, se niega a bajar los brazos.

Fuente: Despertar Entrerriano.

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