“Es fundamental porque la observación meteorológica es donde empieza el pronóstico” Jorge Ceballos Observador Meteorológico
En esta edición N° 178 de Entrevistados, Despertar Entrerriano conversó con Jesús Jorge Alberto Ceballos, observador meteorológico de superficie de la Estación Meteorológica Aeronáutica del Aeropuerto Comodoro Juan José Pierrestegui. En el marco del Día del Meteorólogo, compartió cómo comenzó su camino hace más de tres décadas, la evolución de la tecnología en el área y la importancia que sigue teniendo el trabajo humano detrás de cada pronóstico.
¿Hace cuánto tiempo sos observador meteorológico y cómo llegaste a esta profesión?
“Hace 34 años que me desempeño como observador. Comencé mientras cursaba el sexto año en la escuela técnica, donde estudiaba la especialidad de Técnico Mecánico Electricista. En ese momento empecé a trabajar en la aeroplanta de combustibles, que pertenecía a YPF, y fue ahí donde nació mi interés por la meteorología”.

¿Qué fue lo que más te atrapó de este mundo?
“Siempre me llamó la atención cómo se forman los fenómenos meteorológicos: una tormenta, la niebla, las nubes. El clima está íntimamente relacionado con nuestra naturaleza como seres humanos. Un día lindo estamos de buen humor, un día muy caluroso quizás estamos más molestos. Vivimos conectados con el clima permanentemente. La curiosidad fue uno de los motores más importantes para seguir este camino”.
¿Cómo es un día de trabajo para un observador meteorológico?
“Hoy trabajamos desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche. Antes la estación funcionaba las 24 horas, los 365 días del año, pero hubo una reducción de personal. Cuando llegamos abrimos la oficina, buscamos los datos del abrigo meteorológico, donde tenemos un par psicrométrico y distintos instrumentos que todavía funcionan de manera mecánica para algunas observaciones”.
Agregó: “Calculamos presión atmosférica, humedad, visibilidad, nubosidad y todos esos datos los transmitimos al Servicio Meteorológico Nacional. Desde allí la información se distribuye a centros meteorológicos internacionales y luego es utilizada por distintos organismos y aplicaciones según sus necesidades. Incluso muchas de las aplicaciones del celular toman información proveniente de estaciones meteorológicas como esta”.
¿Cómo evolucionó la profesión en estos 34 años?
“Cambió muchísimo. Antes prácticamente todo era mecánico y hoy gran parte de la información proviene de sensores automáticos. Por ejemplo, tenemos sensores ultrasónicos para medir dirección e intensidad del viento. Antes utilizábamos una veleta conectada mediante un sistema mecánico; hoy todo es digital. Sin embargo, esos equipos requieren una calibración permanente y mucho mantenimiento. Además, para mí la estación automática debe ser un complemento del observador y no un reemplazo”.
Mencionó además: “Antes también transmitíamos la información mediante radio HF. Cuando había mucha estática o tormentas eléctricas la comunicación se complicaba muchísimo. Hoy todo se hace a través de internet, lo que agiliza enormemente el trabajo, aunque también depende de la conectividad”.
¿Cuál fue el mayor desafío de tu carrera?
“En una estación meteorológica aeronáutica uno de los mayores desafíos es determinar correctamente la altura de las nubes. Muchas veces esa estimación la hacemos a partir de la experiencia. Existen equipos que pueden medirla automáticamente, pero nosotros todavía no contamos con ellos. Es una gran responsabilidad porque esa información resulta fundamental para los pilotos. Si un piloto no logra visualizar correctamente la pista durante una aproximación, debe abortar el aterrizaje y dirigirse a otro aeropuerto. Por eso la precisión de ese dato es muy importante”.
¿Qué tan importante es el trabajo del observador meteorológico?
“Es fundamental porque la observación meteorológica es donde empieza el pronóstico. Los datos de superficie que obtenemos son la base sobre la cual trabajan los pronosticadores. La estación automática ayuda muchísimo, pero no reemplaza completamente al observador. Hay información que solamente puede aportar una persona capacitada. La tecnología es una herramienta muy importante, pero detrás siempre tiene que haber alguien que conozca e interprete correctamente esos datos”.

¿Cuál fue la experiencia más gratificante que te dejó esta profesión?
“Sin dudas haber participado de la campaña invernal en la Base Antártica Marambio durante 2000 y 2001. Fue una experiencia única. Ojalá muchas personas pudieran vivir algo así alguna vez. Desde Marambio, que está ubicada sobre una meseta a unos 200 metros sobre el nivel del mar, se pueden observar los fenómenos meteorológicos desde su formación. Ver cómo entra un pequeño banco de niebla, asciende por la meseta y termina transformándose en una nube es algo espectacular. Es una experiencia inolvidable”.

¿Qué consejo le darías a alguien que quiera dedicarse a esta profesión?
“Lo primero es que realmente le guste. Lamentablemente hoy no se vive únicamente con el sueldo de observador, por lo que muchas veces hay que tener otro ingreso. Después, si quiere seguir creciendo, puede estudiar la carrera de pronosticador o una licenciatura en Meteorología, que se dicta en universidades como La Plata o San Luis. Pero, por sobre todas las cosas, tiene que ser una profesión que realmente le apasione”.

Si pudieras volver atrás, ¿volverías a elegir este camino?
“Sí, sin dudas volvería a elegirlo porque me gusta. Creo que uno tiene que intentar vivir haciendo aquello que le apasiona. Es cierto que muchas veces la situación económica condiciona y obliga a tomar otras decisiones, pero si pudiera volver atrás elegiría nuevamente este camino porque realmente disfruto de esta profesión”.
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