Tiene 22 años, mide dos metros y muestra el lado menos conocido de ser alto: “No me van a envidiar”
Tanto en la escuela como en las reuniones familiares, Eliseo Zanini destacaba por su altura. En diálogo con TN, contó qué dificultades le trae para viajar, dormir y hasta para comprarse ropa.
Crecer es parte de la vida. Durante la infancia y la adolescencia, el cuerpo cambia de manera constante hasta alcanzar una estatura definitiva. Sin embargo, cuando ese crecimiento supera ampliamente el promedio, lo que para muchos representa una ventaja, también puede convertirse en un desafío cotidiano.
Esa es la realidad que atraviesa Eliseo Zanini, un joven platense de 22 años que mide dos metros. Aunque asegura que no cambiaría su altura por nada, convive a diario con obstáculos que la mayoría ni siquiera se imagina. Dormir con los pies afuera de la cama, viajar agachado en el transporte público o recorrer varios locales antes de encontrar un pantalón que le quede son algunas de las situaciones con las que aprendió a convivir.
En una entrevista con TN, Eliseo contó cómo fue crecer siendo mucho más alto que el promedio y de qué manera, con el paso del tiempo, normalizó muchas de las dificultades.
Cuando todo queda chico
Para Eliseo, varias situaciones comunes dentro de su vida cotidiana —que son normales para los demás— requieren adaptación. Camas, colectivos, autos, aviones, ropa e incluso factores de la vía pública que se vuelven obstáculos, como las ramas o los carteles.
Dormir es uno de los ejemplos más claros. Como una cama hecha a medida cuesta mucho más que una convencional, aprendió a convivir con una que le queda corta. “Hacer una cama a medida es un tema económico importante. Una convencional sale entre 300 y 400 mil pesos, pero una para mi tamaño ronda el millón”, explicó.
Con el tiempo terminó naturalizando la situación: “Estoy tan acostumbrado a que me sobresalgan los pies de la cama que ya no tengo ningún inconveniente”, contó.
Viajar en transporte público tampoco resulta sencillo. Para subir al colectivo, tiene que agachar la cabeza y muchas veces roza el techo. Si viaja sentado, las rodillas chocan con el asiento de adelante y, si va parado, tiene que esquivar los pasamanos. En autos, trenes y aviones, su historia se repite: “Siempre que viajo en avión tengo que pedir el asiento de emergencia, porque si voy en uno convencional viajo muy incómodo”, destacó Eliseo.
La ropa es una dificultad que lo acompañó por años, especialmente los pantalones: “Lo que más me costaba conseguir eran pantalones largos. Ahora, como se puso de moda la ropa ancha, me favorece bastante”, comentó.
A pesar de que las incomodidades tomen lugar en gran parte de su rutina, Eliseo reconoce las ventajas que presenta su altura. Desde llegar a lugares altos sin esfuerzo hasta disfrutar de recitales o partidos. “En los conciertos veo diez puntos, es una lástima para la gente de atrás, ellos no tanto”, bromeó.

“Les sacaba una cabeza a mis tíos”
Eliseo siempre fue el más alto de su grupo, en todos los cursos. A diferencia de lo que muchos creen, no creció de golpe. “Siempre fui más alto que la media. No pegué ‘el estirón’; mi crecimiento fue progresivo”, recordó.
En la escuela siempre ocupaba el último lugar de la fila cuando los alumnos se ordenaban por altura y desde chico llamaba la atención por su tamaño. “Siempre fui bastante más alto que la media en consideración a mi edad. Siempre sobresalía en ese aspecto”, destacó Eliseo.
La pregunta sobre la genética también se volvió un clásico. “Me preguntan mucho si tengo familiares altos y la respuesta es que sí, somos todos altos”, explicó. Sin embargo, él les sigue ganando en estatura: “Mi papá, mis tíos y mi hermano son altos, pero no tanto como yo. Siempre les sacaba una cabeza a mis tíos”.
“¿Jugás al básquet?”
Un aspecto con el que relacionan mucho la altura es hacer deporte, lo que lleva a pensar que toda la gente alta hace actividad física, pero para Eliseo no es así: “Escandalosamente, me preguntan mucho si juego al básquet”, confirmó.
Entre otras preguntas que sabe de memoria, está sobre si juega al vóley, de dónde heredó la altura, qué comía cuando era chico o si le entran los pies en la cama: “Nunca las contesto mal porque entiendo que vienen desde la curiosidad”, aseguró Eliseo.
Con el tiempo, las preguntas pasaron a formar parte de su rutina. Incluso sus amigos ya saben lo que podría pasar cuando una persona se le acerca por primera vez: “Cuando viene una persona y me pregunta si juego al básquet, mis amigos se ríen porque saben que me lo preguntan todo el tiempo”.
Aun así, Eliseo asegura que la curiosidad de la gente jamás fue desde la discriminación: “La gente no me mira raro, sí se sorprenden. A veces paso al lado de un grupo y se dan vuelta para ver qué tan alto soy”.
No solo lo miran, sino que algunos van más allá: “Me han llegado a pedir fotos por ser alto; gente que no conozco se saca fotos conmigo para compararse en altura”, afirmó.
No cambiaría la altura por nada
A pesar de las incomodidades que enfrenta a diario, a Eliseo no le gustaría medir menos: “Si pudiese elegir, volvería a medir lo mismo un millón de veces, no lo cambiaría por nada”, destacó.
A pesar de que en sus videos haga foco sobre las dificultades, sostiene que las ventajas son muchísimo mayores: “Si me pongo a contar ventajas, estoy hasta el cansancio, bajo ningún concepto cambiaría lo que mido”.
Para él, en realidad, el error es creer que ser alto significa tener una vida perfecta y si bien reconoce que muchos desearían tener su estatura, él mantiene que existen obstáculos que la mayoría de la gente es consciente: “Nada más lejos de la realidad que ser alto te dé la vida perfecta. Muchas cosas del mundo no están hechas a nuestra medida y nos la tenemos que rebuscar”, explicó.
El mensaje de Eliseo para otras personas altas como él es claro y conciso: “Que no se sientan raros por ser más altos que la media, que aprovechen su altura. Ser alto es lo mejor que me pasó en la vida”.
Fuente: TN






