Geólogos resolvieron el misterio de los 5.200 agujeros excavados en Perú hace 500 años
Las primeras imágenes de Monte Sierpe fueron tomadas en 1933 por un geólogo estadounidense ante el asombro del mundo entero. Desde entonces, los miles de pozos dieron lugar a varias teorías sobre su origen.
Los arqueólogos de Estados Unidos y Europa siguen con atención un nuevo hallazgo que podría ofrecer explicaciones acerca de uno de los sitios más enigmáticos de Suramérica. El Monte Sierpe, en Perú, es un lugar remoto, ubicado en las estribaciones de los Andes, a unos 32 kilómetros al este de Pisco y a unos 250 km al sur de Lima.
Allí, una franja de un kilómetro y medio, hay unos 5.200 agujeros alineados con bastante precisión, que habrían sido realizados durante el Período Intermedio Tardío (1000-1400 d. C.) y que habrían sido utilizados por los incas (1400-1532 d. C.).
La rigurosidad de las excavaciones ha dado lugar a todo tipo de especulaciones por parte de los arqueólogos a nivel mundial. ¿Sitio ritual? ¿Estructura defensiva? Su propósito no estaba claro.
El fotógrafo estadounidense que mostró la maravilla andina al mundo hace casi un siglo
La comunidad científica se maravilló por primera vez con el Monte Sierpe en 1933 con la publicación en la revista National Geographic de las fotos tomadas por el geólogo y piloto Robert Shippee. Desde entonces, esta zona desértica despierta la curiosidad de los arqueólogos. Con los años, surgieron varias teorías, como que había sido un mecanismo de defensa hasta servir para captar agua, niebla o sitio para la jardinería.
Ahora, gracias a las nuevas investigaciones, dirigidas por Jacob Bongers, arqueólogo digital de la Universidad de Sydney y publicadas por Cambridge University Press, afirman que el diseño corresponde a algo más funcional. En concreto, el estudio Contabilidad e intercambio indígena en Monte Sierpe en el Valle de Pisco podría resolver el misterio para siempre.
El equipo de Bongers realizó análisis de imágenes de drones y muestras de sedimentos, y descubrió patrones numéricos en su disposición, posibles paralelismos con los registros incas de cuerdas anudadas y hasta la presencia de cultivos y plantas silvestres. Esto sugiere que el lugar tenía como finalidad la contabilidad y el intercambio.
Tecnología punta para investigar el pasado
Bongers cree que habría sido «un mercado preincaico». «Sabemos que la población prehispánica en esta región era de alrededor de 100.000 personas. Comerciantes ambulantes, agricultores, pescadores y otros especialistas pudieron haberse reunido allí para intercambiar productos locales como maíz y algodón», agregó.
El mapeo de la zona realizado con drones equipados con equipos de alta resolución permitió una documentación muy detallada. Los investigadores identificaron patrones numéricos claros en la disposición de los agujeros. Algunas secciones contienen largas secuencias de filas idénticas, mientras que otras alternan entre recuentos específicos en una secuencia repetida.
También analizaron los sedimentos del interior de los agujeros. Allí hallaron restos de polen y plantas antiguas, como maíz, un cultivo básico en los Andes, y juncos, tradicionalmente utilizados en la cestería.
Además, había rastros de calabaza, amaranto, algodón, chiles y otros cultivos antiguos. La conclusión es que los pozos habrían contenido alimentos y fibras.
En tanto, la datación por radiocarbono sitúa el uso activo del yacimiento en el siglo XIV, durante el Período Intermedio Tardío, cuando el Reino de Chincha dominaba la región. Los Chincha eran hábiles comerciantes que administraban redes comerciales a lo largo de la costa y hacia el interior del actual Perú mucho antes del surgimiento del Imperio Inca.
Otro hallazgo sorprendente es el parecido entre la disposición de Monte Sierpe y al menos un khipu inca (un dispositivo de cuerda usado para llevar un registro de censos y pago de tributos) que estaba en el valle. Esta similitud plantea una pregunta: ¿podría haber sido Monte Sierpe un sistema de contabilidad a gran escala?
Cuando los incas incorporaron el Reino de Chincha en el siglo XV, dependieron en gran medida de sistemas contables para administrar el trabajo y los tributos.
El impuesto laboral inca exigía que las comunidades aportaran trabajo o bienes al Estado. Es posible que una infraestructura como Monte Sierpe haya sido reutilizada para el seguimiento de dichas obligaciones.
Fuente: Clarín






