Fue al Obelisco a festejar el Mundial, sufrió un brutal accidente y su vida cambió para siempre
En diciembre de 2022, Den Borg tenía 24 años, una agencia de marketing que funcionaba y la sensación de estar viviendo la vida que había planeado. Salió desde Lanús en moto con una bandera atada al cuello. Después del accidente, una certeza incómoda: si salía de esa, algo tenía que cambiar.
Hay recuerdos que quedan ordenados alrededor de una alegría colectiva y otros que, aunque empiezan igual que los de todos, terminan ocupando un lugar distinto. Para Den Borg, el Mundial de Qatar no empieza con el penal de Montiel ni termina con la Copa levantada en Lusail. Empieza unas horas después, arriba de una moto, con una bandera argentina atada al cuello y una sensación extraña —casi un pensamiento que apareció demasiado pronto— de que entre tanta euforia podía pasar cualquier cosa.
Ese domingo tenía 24 años y estaba convencida de que las cosas le estaban saliendo bien. Hacía años que había construido una agencia de marketing, tenía clientes, equipo y ese tipo de reconocimiento silencioso que muchas veces llega antes de que uno tenga tiempo de preguntarse si realmente era eso lo que quería. Mirado desde afuera, era una historia de crecimiento; mirado desde adentro, aunque todavía no lo supiera, empezaba a sentirse cada vez más como una carrera que estaba ganando sin disfrutar demasiado.
Denisse vio la final con su familia. Comieron algo, gritaron los goles, sufrieron los penales. También había algo nuevo: hacía apenas dos meses que estaba empezando una relación con el chico que hoy sigue siendo su novio y que ese día iba a conocer a su familia casi sin querer.
Cuando terminó el partido, ella hizo lo que hicieron millones: quiso ir a festejar la tercera Copa del Mundo argentina al Obelisco. Su novio la iba a pasar a buscar con la moto y allá se encontrarían con sus amigos.
Antes de salir, su mamá le hizo una pregunta que en ese momento sonó exagerada y después quedó instalada para siempre: “¿Te parece subirte a una moto con una bandera atada al cuello?»
Den ni lo dudó. Era el Mundial. Era una fiesta irrepetible. Agarró la bandera argentina, se la ató con doble nudo y salió desde Zona Sur rumbo al centro de CABA.
Durante el viaje, todo parecía una extensión del festejo: personas tocando bocina, gente saludándose entre desconocidos, botellas que pasaban de una ventanilla a otra de los autos, familias enteras en la calle. Hasta que, ya cerca de la autopista y con el tránsito mucho más lento, la bandera dejó de acompañar el viento y se enganchó en la cadena de la moto.

Lo que siguió fueron segundos. La tela tiró hacia atrás, el vehículo perdió la estabilidad y ella cayó sobre el asfalto con la moto encima y la bandera argentina apretando fuertemente su cuello.
Den nunca perdió el conocimiento. Eso es algo que todavía cuenta con sorpresa porque recuerda absolutamente todo: el calor del piso, el ruido alrededor, el intento de mover la tela para que entrara aire y, sobre todo, escuchar gente gritando que se estaba ahorcando mientras trataban de levantar la moto.
No está claro cuánto tiempo pasó, pero un desconocido apareció con un cuchillo que llevaba consigo para preparar la botella del fernet y cortó la bandera. Cuando lograron sacarla de abajo, ella miró a su novio y le dijo que no la tocara porque sentía que tenía la cadera fuera de lugar.
En medio del caos, cuando ya habían cortado la bandera y seguían llegando personas alrededor, su novio decidió levantarla rápido del piso porque la escena seguía siendo peligrosa y los autos seguían intentando avanzar. Lo hizo tomándola en brazos, tratando de moverla lo menos posible. En ese movimiento pasó algo que los médicos después le explicarían: el fémur volvió a acomodarse dentro de la cadera y eso evitó una lesión mucho más grave. “Fue de las mejores cosas que me pudieron haber pasado”, recuerda hoy.
La odisea no terminó ahí. Como la ciudad estaba completamente colapsada por los festejos, no consiguieron asistencia inmediata. La moto quedó atada donde pudieron dejarla y ella pasó horas esperando poder salir de esa zona.
Finalmente, llegó el padre de su novio desde Villa Devoto, logró alcanzarlos entre el tránsito detenido y la llevó al Hospital Británico. Ahí aparecieron las radiografías, el diagnóstico, el dolor y una frase que le quedó grabada cuando una enfermera le explicó que, por cómo había sido el golpe y el latigazo cervical, tenía que entender algo: podría haber sido mucho peor.

Den cuenta a TN que la recuperación duró semanas y cambiaron muchas cosas. Volvió a vivir con sus padres porque no podía hacer sola las tareas básicas y en ese tiempo, entre la quietud obligada y el miedo que aparece cuando uno descubre que no es tan invencible como creía, empezó a preguntarse algo que nunca se había preguntado en serio: si todo eso que había construido realmente la hacía feliz.
La respuesta no llegó de golpe. Llegó de a poco. Primero entendió que el negocio le daba estabilidad, pero no entusiasmo. Con el tiempo empezó a reconstruir su vida profesional. Cerró la agencia que había levantado durante años y decidió hacer algo que hasta ese momento le había dado vergüenza: ponerse ella al frente. Empezó a aplicar en su propia historia todo lo que durante años había construido para otros.
En abril de 2023 empezó a subir contenido a las redes sociales y recuperó la adrenalina. Dos meses después dio su primera charla. Al tiempo llegaron los alumnos, los escenarios, los eventos y una carrera que terminó creciendo más rápido de lo que alguna vez imaginó.
Hoy Den Borg trabaja como estratega para marcas personales, da capacitaciones y conferencias sobre negocios digitales, liderazgo y posicionamiento, construyó una academia online por la que ya pasaron miles de alumnos y se convirtió en una de las voces que más rápido crecieron dentro del mundo del contenido y el desarrollo de negocios.
Un año después se animó a contar públicamente el accidente y el video se volvió viral. Pero no porque hubiera una tragedia espectacular detrás, sino porque mucha gente reconoció algo más simple y más difícil al mismo tiempo: “Esa sensación de que a veces hace falta que algo te frene de golpe para darte cuenta de que estabas corriendo hacia un lugar que ya no querías”, explica Denisse.
Hay algo que le preguntan seguido desde que empezó este año atravesado otra vez por el clima mundialista: si le quedó miedo, si vuelve a pensar en ese día cuando escucha hablar de festejos o si siente que aquella escena le arruinó para siempre una fecha que para tantos argentinos está asociada a la felicidad.
La respuesta sorprende: dice que no. Que no siente miedo, sino gratitud. Que si pudiera hablar con esa chica de 24 años que salió apurada de su casa con una bandera al cuello, no le diría que no vaya. Le diría que todavía no tiene idea de todo lo que le espera después. Porque aunque todavía le causa gracia pensar que se perdió el festejo completo y que no tiene una foto en el Obelisco como sus amigos, también siente que ese día ganó la posibilidad de empezar de nuevo.
Este domingo volverá a subirse a un escenario en una jornada internacional sobre liderazgo y negocios que reunirá en Buenos Aires a emprendedores, referentes y especialistas del mundo digital. La anfitriona es la dominicana Vilma Núñez, una de las figuras más reconocidas de habla hispana en marketing y educación para negocios, alguien a quien Den seguía desde hacía años cuando todavía miraba ese mundo desde lejos.
Ahora le toca compartir escenario. Y aunque reconoce que todavía hay una parte de ella que recuerda aquel 18 de diciembre como el día que terminó en una cama mientras el país seguía festejando, dice que esta vez quiere vivir el Mundial distinto. Sin motos, sin banderas al cuello y sin corridas. Quiere estar, celebrar y, si se da, disfrutar una cuarta estrella desde otro lugar.
Fuente: TN






