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El refugio municipal busca ser mucho más que un techo: acompañamiento, contención y una salida posible para personas en situación de calle

El refugio municipal busca ser mucho más que un techo: acompañamiento, contención y una salida posible para personas en situación de calle

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Mientras las temperaturas comienzan a descender en nuestra ciudad, el refugio municipal para personas en situación de calle vuelve a convertirse en un espacio clave para quienes no tienen dónde dormir. Detrás de cada puerta que se abre en la Ex-Bagley, hay historias atravesadas por la exclusión, la soledad, las adicciones, las rupturas familiares o la pérdida total de derechos. En ese escenario, el equipo que trabaja allí intenta construir algo más profundo que una asistencia inmediata: un acompañamiento integral para que la calle deje de ser el único destino posible.

En diálogo con Despertar Entrerriano, Eloisa Gómez Castro, licenciada en Trabajo Social y actual coordinadora del espacio, explicó cómo funciona el refugio, cuáles son los principales desafíos y por qué considera fundamental que la sociedad deje de mirar con indiferencia a quienes atraviesan esta realidad.

“La situación de calle hay que entenderla en toda su complejidad”

Desde marzo de este año, Eloisa se encuentra a cargo de la coordinación del refugio municipal, aunque ya venía trabajando dentro del dispositivo desde abril de 2025. Según detalló, el espacio depende de la Coordinación de Situación de Calle, dentro de la Dirección de Asistencia Social y de la Subsecretaría de Desarrollo Social.

Actualmente, el refugio brinda asistencia básica diaria, pero también trabaja sobre un acompañamiento mucho más profundo y sostenido en el tiempo. “Nosotros ofrecemos asistencia alimentaria con tres comidas diarias —merienda, cena y desayuno—, un baño con agua caliente y un lugar donde dormir. Pero además trabajamos desde un acompañamiento profesional e integral, entendiendo la problemática en su multicausalidad y complejidad”, explicó.

La trabajadora social remarcó que el objetivo del refugio no es transformarse en una residencia permanente, sino en un espacio transitorio que permita comenzar procesos de restitución de derechos. “La permanencia en el dispositivo tiene que ser transitoria, como lo indica el nombre. Pero para eso también necesitamos la voluntad y el compromiso de la persona, además del trabajo articulado con otros actores sociales”, señaló.

En ese sentido, explicó que al momento de ingresar al refugio cada persona firma un acuerdo de convivencia donde se establecen normas y responsabilidades compartidas. “No trabajamos poniendo plazos estrictos porque entendemos que llegar a la situación de calle es el resultado de procesos muy complejos y largos. Y salir también lleva tiempo”, sostuvo.

Para Eloisa, el refugio funciona como una respuesta inmediata ante el frío y la urgencia, aunque aclaró que ninguna institución puede abordar sola una problemática tan compleja. “Sin las redes de trabajo es muy difícil sostener estas situaciones. Por eso son fundamentales las articulaciones con organizaciones y espacios comunitarios”, afirmó, destacando especialmente el trabajo territorial que realiza el grupo Nuestros Cinco Panes, quienes muchas veces logran acercar personas al dispositivo.

“La empatía es lo que nos sostiene como trabajadores y como humanos”

A lo largo de su experiencia en el refugio, Eloisa reconoció que muchas historias la marcaron profundamente, sobre todo aquellas vinculadas a adultos mayores que terminaron viviendo en la calle. “Hay casos muy paradigmáticos en Concordia. Situaciones donde, con tiempo, compromiso y un abordaje integral, se pudieron restituir derechos y lograr que las personas salgan de la situación de calle”, expresó.

También destacó el trabajo cotidiano que realiza el equipo del refugio para reconstruir hábitos de convivencia y acompañar procesos personales muchas veces atravesados por años de vulnerabilidad. “Intentamos transmitir tareas cotidianas, normas de convivencia, evitar que los códigos de la calle ingresen a la institución. Es un trabajo que lleva muchísimo tiempo y energía”, explicó.

Lejos de una mirada idealizada, Eloisa remarcó que el equipo intenta trabajar desde objetivos reales y concretos. “No somos utópicos al momento de plantear abordajes. Pero sí respondemos de forma efectiva ante las emergencias y urgencias que se presentan”, sostuvo.

Actualmente, el refugio funciona todos los días en la Ex-Bagley, ubicada en la intersección de Rivadavia y 9 de Julio. El horario de ingreso es de 16 a 21 horas, y las personas pueden permanecer allí hasta las 9 de la mañana del día siguiente. Además, desde el área recordaron que cualquier vecino que detecte personas durmiendo en la calle puede comunicarse al número 3454048387 para dar aviso y activar la intervención correspondiente.

Antes de finalizar, Eloisa dejó un mensaje que resume gran parte del espíritu con el que trabajan diariamente dentro del refugio. “Deseo que la gente no sea indiferente. Que podamos empatizar más con las personas que están durmiendo en la calle. La empatía es lo que nos sostiene como trabajadores y como humanos”, concluyó.

Fuente: Despertar Entrerriano.

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