Instalarán una estructura bioenergética con impacto ambiental, innovación industrial y abastecimiento para unidades públicas. Esta iniciativa de biocombustibles de segunda generación unirá Estado y capital privado en Villa María, Córdoba.
El desarrollo de las bioenergías avanza en Villa María, Córdoba, como escenario para un proyecto que combina innovación industrial, gestión ambiental y política energética.
Allí se instalará la primera planta de producción de biocombustibles de segunda generación del país, una iniciativa que utilizará aceite vegetal usado (AVU) como insumo principal para producir biodiesel, sin generación de residuos y con el objetivo de reducir emisiones de gases de efecto invernadero.
El anuncio formalizó una alianza entre el ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de Córdoba, la Municipalidad de Villa María, el Parque Industrial, Logístico y Tecnológico local y la empresa PowerBio.
La carta de intención firmada entre las partes abre una etapa de negociaciones técnicas, económicas y operativas para desarrollar un Polo Bioenergético en un predio de 5600 metros cuadrados dentro del parque industrial villamariense.
Un modelo que busca convertir desechos en desarrollo
El esquema contempla una planta con capacidad de procesar 5000 litros diarios de aceite usado, una mezcladora B20, un punto de expendio para abastecer flotas públicas y un sistema de recolección de residuos aceitosos provenientes de restaurantes y establecimientos industriales.
La inversión inicial también refleja el carácter mixto del proyecto: mientras el sector público aportará unos US$430.000 en infraestructura, PowerBio destinará US$505.000 para equipamiento y operación.
La apuesta no es menor. Según las proyecciones oficiales, el polo podrá recolectar entre 3000 y 5000 litros mensuales de aceite vegetal usado y producir alrededor de 80.000 litros de biodiesel por mes. Esa escala equivaldría, en términos ambientales, a retirar de circulación unos 366 vehículos mensualmente por reducción de emisiones.

Más allá de los números, la clave política está en el concepto de economía circular: transformar un residuo contaminante en energía aprovechable para el sistema público. El biodiesel generado abastecerá inicialmente a vehículos municipales y provinciales del departamento General San Martín, incluyendo unidades de EPEC, Policía y Vialidad, que podrán operar con mezclas B20 y B50 a costos preferenciales.
La visión, sin embargo, es más ambiciosa. El proyecto también contempla incorporar expendio de E17 —nafta con mayor proporción de bioetanol— para ampliar el alcance a otras flotas estatales. De concretarse, Villa María no solo produciría biodiesel de segunda generación, sino que además funcionaría como nodo multimodal de carga con biodiesel, bioetanol y movilidad eléctrica.
El ministro Fabián López presentó la iniciativa como un punto de inflexión para la provincia. La decisión de impulsar infraestructura vinculada a energías limpias se apoya en la Ley Provincial 10.721, marco normativo que promueve producción y consumo de biocombustibles, y se potencia con la reciente habilitación nacional para comercializar mezclas de hasta 20% de biodiesel en gasoil y 15% de bioetanol en nafta.
Ese cambio regulatorio fue leído en Córdoba como una oportunidad estratégica. La provincia, históricamente posicionada en bioetanol a partir del maíz, busca ahora ampliar su liderazgo hacia nuevos segmentos, incorporando el biodiesel producido desde residuos.
En ese esquema, Villa María aparece como territorio ideal por su entramado industrial, su cercanía con plantas aceiteras regionales y su capacidad logística.
Para el intendente Eduardo Accastello, el proyecto también tiene una dimensión urbana y ambiental: avanzar hacia una huella de carbono cero. La instalación de un punto verde para recolectar aceite usado no solo evitará contaminación en redes cloacales o cursos de agua, sino que introduce un componente ciudadano en la política energética.
Desde el sector privado, PowerBio busca posicionarse como pionera en una categoría aún incipiente en Argentina. La producción de segunda generación se diferencia de los biocombustibles tradicionales porque no compite con cultivos alimentarios, sino que reutiliza residuos ya existentes, un aspecto central en debates sobre sustentabilidad.
El desafío será sostener el abastecimiento de materia prima, consolidar la logística de recolección y garantizar competitividad económica frente a combustibles convencionales. Pero en un contexto donde la transición energética gana espacio en agendas provinciales y municipales, Córdoba apuesta a combinar industria, ambiente y gestión pública.
Villa María, una ciudad tradicionalmente ligada a cadenas agroindustriales, busca así redefinir parte de su perfil productivo. Si el plan avanza según lo previsto, no solo alojará una planta industrial: podría convertirse en laboratorio concreto de cómo el interior puede transformar residuos urbanos e industriales en energía, desarrollo y señal política.
Fuente: TN






