De una infancia atravesada por la pobreza a recibirse en medio de una enfermedad: la historia de superación de Pamela, la concordiense que eligió no rendirse
Desde crecer en una zona inundable con carencias básicas hasta atravesar una maternidad compleja y un diagnóstico de cáncer, la historia de Pamela Marilina Ferrera recorre más de cuatro décadas de lucha constante. En diálogo con Despertar Entrerriano, la actual licenciada en enfermería reconstruyó su vida en orden cronológico, mostrando cómo cada obstáculo se transformó en un impulso para seguir adelante, sosteniendo un eje claro: la superación personal frente a la adversidad.
Una infancia marcada por la necesidad, pero sostenida por valores
Pamela creció en una familia de seis hermanos, en el barrio Ex Aeroclub, en una zona donde las inundaciones eran frecuentes y devastadoras. Su padre albañil y su madre, primero ama de casa y luego trabajadora, sostenían el hogar con enormes dificultades económicas. Las pérdidas materiales eran habituales. “Vivíamos en una zona inundable, mis hermanos sí vivieron perder todo. Yo recuerdo lo que venía después: la limpieza, el dolor, porque nunca se llegaban a sacar todas las cosas”, relató. En ese contexto, muchas veces dependían de la ayuda de la parroquia y de lo que lograban conseguir día a día.
Aun así, destaca la contención familiar como un pilar. “Nunca nos mandaron a pedir, siempre nos rebuscamos con lo que teníamos”, explicó, recordando incluso cómo su madre cortaba los lápices escolares para que alcanzaran para todos. Con el tiempo, la familia logró mudarse a una vivienda más estable, aunque reducida. Allí, el crecimiento fue literal: juntando ladrillos descartados, construyeron nuevas habitaciones. “Íbamos con una carretilla, juntábamos ladrillos y así fuimos armando una piecita más”, contó.
En medio de esas dificultades, Pamela desarrolló una mirada particular: lejos de quedarse en la carencia, la transformó en motivación. “Siempre fui de pensar que eso me tenía que servir para superarme, para que el día de mañana mis hijos no pasen lo mismo”, sostuvo.
Estudiar, trabajar y maternar: una etapa atravesada por la exigencia
Ya en la adultez, su camino estuvo marcado por intentos de formación que no siempre prosperaron. Sin embargo, la idea de estudiar nunca desapareció. Finalmente, encontró su rumbo en la enfermería, una decisión que cambiaría su vida.
Mientras trabajaba, inició la carrera y poco después quedó embarazada. El proceso avanzaba con normalidad hasta los seis meses de gestación y durante el parto, cuando su hija Martina nació con complicaciones que obligaron a una internación inmediata y tratamientos posteriores. “Fue un momento difícil, no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar”, recordó. La beba presentaba una malformación que requería cuidados constantes y múltiples intervenciones médicas. Durante un largo período, su rutina giró en torno a hospitales, viajes y tratamientos.
La vida cotidiana implicaba un esfuerzo extremo: traslados permanentes, noches sin dormir y la necesidad de reorganizar toda la dinámica familiar junto a su esposo Augusto. “Era turnarnos para dormir porque ella no podía acostarse, tenía que estar sentada”, explicó. A pesar de ese escenario, Pamela decidió continuar con sus estudios. Incluso en momentos críticos, como cuando su hija estaba internada, por iniciativa de una profesora de la carrera, que la alentó, se presentó a rendir exámenes. “Rendí sin haber estudiado, pero sabía que no podía perder todo lo que había hecho”, contó. Con el acompañamiento de su esposo y su entorno, logró avanzar hasta recibirse de enfermera, combinando roles de madre, estudiante y trabajadora. “No es fácil estudiar y trabajar, pero se puede. Es un esfuerzo terrible, pero se puede”, afirmó.
El diagnóstico de cáncer y una nueva forma de enfrentar la vida
Años después, cuando su vida parecía estabilizada, aparecieron síntomas que encendieron una alarma. Tos persistente, cansancio extremo y un nódulo en el cuello fueron las primeras señales. Tras varios estudios y demoras en el sistema, llegó el diagnóstico: cáncer de tiroides. “Yo ya lo venía sospechando, por trabajar en salud. Cuando me confirmaron, lloré cinco minutos y después dije: hay que pelearla”, relató. La enfermedad implicó cirugía y tratamiento con yodo, incluyendo un aislamiento de 12 días que describe como uno de los momentos más duros: “Ahí es donde te encontrás sola y entendés que si no estás bien emocionalmente, te caes”, expresó. Sin embargo, su enfoque fue claro desde el inicio: aceptar la situación y enfrentarla con fortaleza. “La enfermedad ya llegó, ahora hay que luchar con eso”, sostuvo.
El impacto fue fuerte en su entorno, especialmente en su familia. “A los que más les costó fue a ellos. Yo ya lo tenía asumido”, explicó. Incluso debió enfrentar cuestionamientos externos: “Como no se me caía el pelo y me veían bien, hubo gente que dudaba si estaba enferma”. A pesar de todo, logró sostener una actitud firme, apoyada en la fe y en su experiencia previa. “Yo siempre digo que no son castigos, son pruebas”, afirmó.
Lejos de detenerse, en plena lucha contra la enfermedad tomó una decisión que marcaría un nuevo capítulo: comenzar la licenciatura en enfermería. Con secuelas físicas y dificultades derivadas del tratamiento, sostuvo el estudio con disciplina: “Hay días que el cuerpo no responde, que cuesta concentrarse, pero igual se puede”, explicó. El acompañamiento familiar volvió a ser clave, con largas noches de estudio compartidas.
El esfuerzo tuvo su recompensa recientemente, cuando logró recibirse. Un logro que, según remarca, tiene un sentido que va más allá de lo personal. “Todo lo hago para demostrarle a mi hija que se puede, que no son excusas”, señaló. Hoy continúa con controles médicos periódicos y mantiene una mirada enfocada en el futuro. Incluso proyecta seguir formándose académicamente. “La enfermedad no me va a ganar. Capaz me golpea, pero no me va a ganar”, aseguró.
Su historia, atravesada por múltiples desafíos, deja en evidencia un recorrido donde la superación no aparece como un hecho aislado, sino como una construcción constante. “No es fácil, pero se puede”, repite, como síntesis de una vida que, lejos de detenerse en las dificultades, eligió avanzar.
Fuente: Despertar Entrerriano.






