Japón explora el océano a 9.000 metros de profundidad y encuentra una forma de vida desconocida para la ciencia
La expedición duró más de dos meses y documentó a un ser vivo que no puede catalogarse dentro de ningún grupo biológico. También hizo otros grandes descubrimientos
Japón vuelve a situarse en el foco de la exploración del océano profundo tras una investigación científica publicada en Biodiversity Data Journal, que ha documentado nuevas formas de vida a más de 9.000 metros de profundidad, incluyendo organismos que desafían la clasificación actual. El estudio, liderado por el Minderoo-UWA Deep-Sea Research Centre junto a la Tokyo University of Marine Science and Technology, se desarrolló durante dos meses en el Pacífico occidental. Los investigadores utilizaron el buque DSSV Pressure Drop y el sumergible tripulado Limiting Factor para observar directamente ecosistemas extremos.
Las inmersiones se centraron en las fosas Ryukyu y Izu-Ogasawara, donde las profundidades alcanzan hasta los 9.800 metros. Estas regiones forman parte de la zona hadal, caracterizada por condiciones extremas de presión, oscuridad total y escasez de nutrientes.

Un hallazgo que desconcierta a los expertos
Entre los descubrimientos más relevantes destaca un organismo desconocido observado a más de 9.100 metros. Los científicos lo han clasificado provisionalmente como Animalia incerta sedis, lo que indica que no puede encuadrarse en ningún grupo biológico conocido. El equipo explicó: «Esta combinación nos permitió construir la base visual más completa hasta la fecha de la megafauna abisal y hadal en el Pacífico noroeste». El organismo presenta características similares a babosas marinas o pepinos de mar, aunque su morfología resulta única.
Récords y biodiversidad en condiciones extremas
La expedición también logró registrar el pez más profundo jamás observado en su hábitat natural, un ejemplar del género Pseudoliparis captado a 8.336 metros. Este hallazgo supone un nuevo hito en el estudio de la fauna marina extrema. Además, se documentaron esponjas carnívoras de la familia Cladorhizidae a profundidades cercanas a los 9.700 metros, junto a extensos campos de crinoideos y la presencia del anfípodo gigante Alicella gigantea, lo que evidencia una biodiversidad más compleja de lo esperado.
Los investigadores subrayaron: «Históricamente, nuestra comprensión dependía de redes y muestras físicas, que pueden dañar organismos frágiles», defendiendo el uso de técnicas visuales no invasivas. Este enfoque no solo mejora la observación, sino que preserva ecosistemas aún poco comprendidos.
Fuente: El Confidencial






