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Pablo Fernández, Tanatopractor: “No se trata solo de embalsamar o preparar el cuerpo, sino de permitir que la familia se despida de manera serena y digna”

Pablo Fernández, Tanatopractor: “No se trata solo de embalsamar o preparar el cuerpo, sino de permitir que la familia se despida de manera serena y digna”

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En esta edición N°94 de “Entrevistados” de Despertar Entrerriano, tuvimos la oportunidad de hablar con Pablo Fernández, un tanatopractor con ocho años de experiencia en el sector funerario y seis de ellos dedicados a la tanatopraxia. Pablo nos cuenta sobre su trabajo, los retos que enfrenta, cómo se prepara para el futuro y, sobre todo, cómo su vocación va más allá de la técnica, convirtiéndose en una forma de brindar consuelo y respeto a las familias en su momento de despedida.

Entrevista:

¿Cuánto tiempo llevás trabajando como tanatopractor y qué te llevó a elegir esta profesión?

“Llevo ocho años en el sector funerario, y seis de ellos dedicados específicamente a la tanatopraxia. Desde muy joven, sentí una gran curiosidad por el concepto de la muerte y el proceso de despedida, y ese interés me fue acercando al ámbito funerario. Tuve la suerte de ingresar a una cochería que, además de darme la oportunidad de aprender, me ofreció la capacitación necesaria para especializarme. Fue en ese entorno donde realmente pude comprender la profundidad de esta profesión, y desde entonces he seguido creciendo en este campo.”

Para quienes no conocen, ¿qué actividades realizás como tanatopractor?

“Mi trabajo comienza una vez que la familia contrata el servicio funerario. Mi primer paso es retirar el cuerpo desde donde se encuentre: puede ser en un hospital, sanatorio, residencia o cualquier otro lugar. Después, el cuerpo es trasladado a la sala de tanatopraxia, donde comienza el proceso de preparación, que se compone de tres etapas principales.

La primera es la desinfección parcial, en la cual realizo una limpieza inicial del cuerpo utilizando productos desinfectantes específicos. Esta etapa es muy importante porque, además de prepararlo para el resto del proceso, permite evaluar las condiciones del cuerpo y determinar si es necesario hacer alguna reconstrucción o tratamiento adicional. Dependiendo del estado del cuerpo, se seleccionan los químicos adecuados para el proceso; todos son a base de formol, pero cada situación requiere una preparación específica.

Luego realizo el proceso de intercambio de fluidos, que consiste en reemplazar la sangre por químicos que ayudan a conservar el cuerpo y darle una apariencia serena. Esta etapa es fundamental, ya que ayuda a garantizar que el cuerpo esté en condiciones óptimas para el velatorio, independientemente de las circunstancias de la muerte. Finalmente, llegamos a la parte estética, donde hago un último baño, arreglo al fallecido según las preferencias de la familia y cuido cada detalle estético. Pregunto si desean algo especial, como mantener un bigote o aplicar maquillaje. La intención es presentar al ser querido de manera digna, en paz, como si estuviera descansando.”

¿Cuáles han sido algunos de los desafíos más grandes que has enfrentado en esta profesión?

“A lo largo de los años, he tenido varios desafíos. Recuerdo en especial un caso trágico y mediático de un accidente. Cuando ocurre una muerte en esas circunstancias, el cuerpo pasa por una autopsia y eso hace que el trabajo sea más complejo. Ese caso en particular fue un gran reto, no solo por las condiciones del cuerpo, sino también por la repercusión que tuvo y el impacto emocional para la familia. Fue un proceso muy intenso, pero saber que logré presentar al fallecido de manera digna, permitiendo a su familia despedirse con paz, fue algo que me marcó profundamente. Creo que esos momentos son los que me hacen crecer como profesional.”

¿Cómo te adaptás a los avances y cambios dentro de tu profesión?

“El campo de la tanatopraxia ha evolucionado muchísimo en los últimos años. La empresa para la que trabajo, Cochería del Paraná, invierte en capacitaciones periódicas, y nos ofrecen al menos dos o tres cursos al año. Esto nos ayuda a mantenernos al día con las nuevas técnicas, productos y protocolos de seguridad. Antes, el proceso de tratamiento de un cuerpo era más limitado y sencillo, pero hoy tenemos productos específicos y avanzados que permiten realizar un trabajo más detallado y profesional. Incluso los químicos han cambiado: aunque la base es el formol, ahora hay opciones adaptadas para cada caso, lo que nos permite hacer un trabajo más preciso y adecuado.”

¿Cómo manejás el contacto con los familiares en un momento tan delicado?

“El contacto con los familiares es una de las partes más sensibles de mi trabajo. Cuando te encontrás con una familia que acaba de perder a un ser querido, es crucial ser empático y respetuoso. Cada persona reacciona de forma distinta al dolor: algunos familiares están tranquilos, mientras que otros no saben cómo reaccionar o están en estado de shock. Nosotros seguimos un protocolo de actuación para estos casos y, sobre todo, tratamos de ser lo más empáticos y comprensivos posibles. En un momento de tanto dolor, nuestro objetivo es que se sientan acompañados y tranquilos, sabiendo que su ser querido está en manos de profesionales que lo tratarán con respeto y dignidad.”

A pesar de los retos, ¿qué es lo que más te gusta de ser tanatopractor?

“Lo que más disfruto de mi trabajo es el efecto positivo que puedo tener en las familias. Cuando los familiares ven al ser querido y me dicen cosas como ‘parece que está descansando’ o ‘qué bien lo dejaste’, siento que mi trabajo realmente ha servido de algo. No se trata solo de embalsamar o preparar el cuerpo, sino de permitir que la familia se despida de manera serena y digna. En estos momentos difíciles, si logro aportar un poco de paz a los seres queridos, siento que todo el esfuerzo vale la pena.”

¿Qué consejo le darías a alguien que esté interesado en esta profesión?

“Mi consejo es que, primero, busquen una empresa seria y profesional donde puedan tener una formación práctica intensiva. La tanatopraxia no es sólo teoría; la práctica es fundamental, y es importante que aprendan en un ambiente donde se respeten los protocolos de bioseguridad. Este es un trabajo que exige no solo conocimiento técnico, sino también una gran tolerancia y respeto hacia la vida y la muerte. Si alguien tiene el deseo de ayudar a las personas en este momento tan delicado y está dispuesto a aprender, creo que puede encontrar en esta profesión una experiencia muy enriquecedora.”

¿Creés que la sociedad está cambiando su percepción sobre la tanatopraxia?

“Sí, creo que hoy en día se entiende mucho mejor la importancia de esta profesión. Con el avance de las redes sociales y la tecnología, el público tiene más información sobre lo que implica la tanatopraxia y el valor que tiene para las familias. Antes, muchos no sabían qué era o pensaban que el proceso era muy sencillo, pero ahora se reconoce el trabajo que hay detrás. Esto ayuda a que nuestra labor sea más respetada y valorada por la comunidad.”

Si pudieras volver a elegir, ¿elegirías esta profesión de nuevo? ¿La recomendarías?

“Sin duda, volvería a elegir ser tanatopractor. Es una profesión que me llena, que me permite ayudar a las personas en uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Si bien es un trabajo que requiere fortaleza emocional y una sensibilidad especial, creo que aquellos que tengan una verdadera vocación encontrarán en esta carrera una oportunidad única para contribuir a la sociedad. Yo la recomendaría, aunque con la advertencia de que no es un trabajo para todos: hace falta tolerancia, empatía y una disposición sincera de ayudar. Pero para quienes realmente sientan esa vocación, es una profesión muy gratificante.”

Te invitamos a ver la entrevista completa en “Entrevitsados” disponible en nuestro canal de YouTube: Despertar Entrerriano.

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